Una invitada molesta
La realidad suele ser, en política, una señora que se invita sola y genera incomodidad, más aún en época de vacas hartas. El año electoral no es la excepción, aun cuando buena parte de la clase dirigente intenta ignorarla. Cada sector lo hace a su manera y, por supuesto, en función de sus necesidades.
El gobierno nacional muestra como principal resultado de su año y medio de gestión al descenso de la inflación. Es un logro concreto, visible, y por eso innegable, pero más allá de sus méritos y de que entre todas las urgencias de la macroeconomía ésa era la más prioritaria de sofocar, está lejos de ser suficiente. Faltan una recuperación de los ingresos de la población e inversiones que muevan el mercado interno y creen empleo. Pero todo eso, si está en proceso, marcha a un ritmo tan lento que exaspera.

Aun así, la administración de Javier Milei habla de la economía del país con una descripción muy distinta a la que se encuentra en la calle, donde la clase media continúa en el foso en el que la dejó el kirchnerismo y las pymes siguen esperando medidas de rescate que no asoman.
En la oposición, el peronismo habla de volver a los buenos viejos tiempos, como si de verdad hubieran sido buenos. Muestra fotos y esconde la película, porque los mejores momentos que evoca fueron en realidad primaveras de ingresos -como los del boom de la soja dos décadas atrás- que se desaprovecharon y se destinaron a un reparto irracional de recursos en lugar de apuntalar una política integral de desarrollo.
Como cereza de la torta, el kirchnerismo, que siempre tuvo la virtud de encarar sus construcciones políticas prescindiendo de la realidad, se embarca en una cruzada de salvataje de su líder como si se tratara de una heroína y no de la protagonista del hecho de corrupción más escandaloso de la historia nacional, un robo descomunal ponderado hasta ahora en unos 530 millones de dólares. Eso a pesar de que es más fácil creer en la conversión monetaria relatada por el pastor Ledesma que en la inocencia de Cristina.
Giros
En la provincia la realidad también importuna. Es la principal adversaria electoral de Leandro Zdero, tras haber sido aliada determinante en la victoria pírrica de 2023 y enemiga de Jorge Capitanich, a quien la implacable señora le escupió el asado del cuarto mandato.
Zdero había entendido muy bien, ya para entonces, que para ganarle a JMC la llave estaba en ser percibido como alternativa, no como un candidato meramente testimonial frente a un hombre que hasta comienzos del ’23 parecía tener todo allanado hacia una nueva reelección. Fue audaz, se resistió al ofrecimiento del rozismo de bajarse de la precandidatura a la gobernación para ir a una tentadora nominación para intendente de Resistencia, y ganar la interna le dio el ascenso a Primera A y la chapa de figura capaz de hacerle partido al favorito.
Hoy algunas cosas cambiaron. Zdero debe lamentarse de haber cumplido su sueño gubernamental justo cuando llegaba uno de los ajustes más extremos de entre todos los que le tocó vivir a la Argentina.
Éramos tan pobres
En 2024, el "no-hay-plata" de Milei obligó a Zdero -y a casi todos los demás gobernadores- a tejer una relación cordial con el presidente. En ese juego de cortesías interesadas, al chaqueño le fue bien. Los Milei (Javier y Karina), así como los ministros Guillermo Francos y Patricia Bullrich, tienen una buena imagen de LZ. De hecho, casi desde el arranque de la gestión el Chaco tuvo una asistencia generosa de la Casa Rosada, esencialmente en materia de anticipos de coparticipación. La mecánica va dejando un saldo en rojo que Zdero se vio obligado a mezclar, de tanto en tanto, con favores políticos bien azules. Por ejemplo, la vez en que sacó a Víctor Zimmerman del Ministerio de la Producción, al que poco antes había llegado, para devolverlo al Senado y salvar las papas libertarias en una votación ajustada que le permitió a Milei suspender las PASO (elecciones primarias) de este año.
Por eso, el actual deterioro de las relaciones del conjunto de gobernadores con la Rosada pone a Zdero en una posición incómoda. Es como si todos en el barrio se pusieran a pelear con el almacenero y él tuviera que sumarse a la movida a pesar de tener la libreta más cargada de compras impagas.
El asunto, para él y para varios otros, es que se da una de esas situaciones malditas en que las necesidades se superponen y empujan en sentido contrario. Zdero necesita de la ayuda de Milei pero también necesita mejorar la relación entre ingresos y gastos de su propia administración, y eso le genera una simpatía irresistible por los proyectos que ahora motorizan las provincias para agregarse recursos a costa de quedarse con una parte de la torta fiscal que hasta ahora estaba en el plato federal.
Impredecible
La cuestión es hasta qué punto la Rosada va a entender estas cosas como parte de esas "cosas que pasan" o un jocoso vaivén de las relaciones humanas. Esas miradas relajadas no parecen propias del universo mileísta, sino todo lo contrario, ya que hablamos de un presidente que es capaz de carajear con toda naturalidad desde un púlpito frente a más de diez mil fieles reunidos en una iglesia evangélica.
A la vez, es todo muy impredecible, como el temperamento mismo de Milei, que antes consideraba "amiga del alma" a la vicepresidente que hoy desprecia y que llena de reconocimientos y mimos a una ministra a la que dos años atrás tildaba de asesina de niños. Parece locura, pero puede ser pragmatismo a ultranza. Los ejemplos mencionados no son los únicos, hay otros más de fondo y se fueron desgranando en la ruta política y en la económica de este gobierno.
En paralelo, y como si le faltaran colectoras y caminos transversales a esta historia, no está de más recordar que Zdero y los hermanos Milei tienen atado un acuerdo electoral que estrenó en el Chaco la idea de boletas únicas entre el radicalismo y La Libertad Avanza. Un matrimonio que se consumó sin mayores dificultades en mayo, para la elección de diputados provinciales, pero que tendrá una parada más compleja en octubre, con los comicios nacionales.
Prueba de amor
Como ya se contó en esta página, la nave nodriza de LLA le estaría pidiendo a Zdero una prueba de amor bien apasionada: no solo que reparta 50 y 50 las candidaturas a senadurías y diputaciones nacionales, sino que además sean las figuras libertarias locales las que ocupen el primer lugar en cada una de esas categorías. Zdero estaría intentando moderar esas exigencias, con el argumento de que colocando a los candidatos mileístas en los segundos escalones de todos modos la Rosada sumaría un senador y un diputado en octubre. Pero eso será así si la alianza le gana al peronismo que Capitanich y Magda Ayala reunificarían en breve, para sostener la candidatura del primero al Senado.
En esta versión no confirmada de la novela, Zdero incluiría en su alegato que hay más chances de un buen resultado con figuras radicales, por la historia y tradición política del Chaco, que poniendo por delante a postulantes libertarios que, en principio, no tendrían los mismos niveles de conocimiento por parte del electorado.
En LLA el número cantado hasta ahora es Alfredo "Capi" Rodríguez, delegado regional de Anses, el más conocido de los referentes libertarios chaqueños, ahora apuntado con una denuncia por supuestas afiliaciones truchas al momento de lograr la habilitación electoral de La Libertad Avanza en la provincia. Una movida un poco forzada, por la entidad del asunto, pero algo ruidosa en el universito de las redes, que hace dudar en el entorno de Rodríguez de si se trata de una jugada del kirchnerismo para devolver gentilezas o un misil disparado desde la UCR misma para mejorar la posición negociadora con la Casa Rosada. Un relato que podría ser de ficción pero también realidad, como tantas cosas en esta vida nuestra.










