Cuando la estabilidad fiscal no alcanza para crecer
La economía argentina atraviesa una etapa de contrastes y tensiones. Si bien el programa económico ha dado muestra de avances importantes en el frente fiscal y una rápida desaceleración de la inflación, se observan riesgos estructurales que acechan al modelo que lleva adelante el presidente de la Nación, Javier Milei. Así lo advierte una reciente publicación el periódico británico Financial Times, una de las voces más influyentes en el mercado internacional.
En un análisis que lleva la firma de Michael Stott, editor para América Latina del medio británico, las observaciones se centran en la sobrevaluación del peso, el deterioro de la competitividad y la debilidad de la inversión productiva. Una de las principales advertencias de Stott gira en torno al tipo de cambio. En ese sentido, señala que desde su llegada a la Casa Rosada, Milei apostó por un peso argentino más fuerte. Este "peso sobrevaluado" –como lo denomina Stott– recuerda peligrosamente a la experiencia argentina de los años 90, durante el gobierno de Carlos Menem, cuando la convertibilidad llevó a una estabilidad cambiaria artificial a costa de profundos desequilibrios en la economía real. Para el periodista británico, esta estrategia actúa hoy como un corset que impide la acumulación de reservas, destruye la competitividad de las exportaciones industriales y agrava el déficit externo.
El balance turístico, dice Stott, es un ejemplo de estos efectos. Mientras se dispara el número de argentinos viajando al exterior, la llegada de turistas extranjeros se reduce. El resultado es un deterioro del ingreso de divisas, que socava la capacidad del país para sostener un tipo de cambio fuerte sin respaldo real. A esto se suma una pérdida de competitividad industrial, porque importar resulta cada vez más barato que producir localmente, lo que debilita aún más la actividad productiva.
El periodista británico reconoce que Milei logró un superávit fiscal, es decir algo que no se veía en décadas en el país. Sin embargo, lo considera un logro frágil si no se acompaña de una reactivación económica. La disciplina fiscal extrema, combinada con un tipo de cambio apreciado, está generando una contracción visible en la economía real. Las exportaciones industriales pierden protagonismo, muchas fábricas operan a menor capacidad y el consumo interno permanece deprimido.
Pese al respaldo inicial de algunos sectores del mercado financiero internacional, la nota del Financial Times señala que no hay todavía señales de un regreso de inversiones sostenidas en la economía real. Advierte que, salvo honrosas excepciones como la minería y el petróleo, los inversores extranjeros prefieren observar a la distancia. Esta actitud cautelosa tiene una explicación, y es que Argentina aún no ha logrado regresar a los mercados internacionales de capitales, lo que limita su capacidad de financiamiento y pone un techo al margen de maniobra del gobierno.
Stott traza paralelismos con la década del menemismo y recuerda que, por aquellos años, el afán por derrotar la inflación a cualquier costo terminó en una grave crisis estructural. Hoy, observa el diario británico, existe un enfoque similar, es decir, toda la política económica parece subordinada a la necesidad de reducir rápidamente la inflación, sin atender otras dimensiones igualmente críticas, como la inversión, la producción o el empleo. Dicho de otro modo, esta mirada de corto plazo puede generar un espejismo de estabilidad, pero difícilmente construya una senda de crecimiento sostenible.
Pero a diferencia de aquella etapa menemista, la administración libertaria actual enfrenta restricciones adicionales. En los años 90, Argentina tenía acceso a los mercados internacionales de deuda, lo que permitió financiar desequilibrios por un tiempo. Hoy, el país depende exclusivamente del respaldo del Fondo Monetario Internacional, sin crédito voluntario y con una reputación aún dañada por múltiples defaults.
Según el Financial Times, el experimento económico de Milei está en una fase crítica. Si bien hay méritos en la estabilización inicial, las fisuras en la economía real son cada vez más visibles. La falta de una estrategia integral para fomentar la inversión, generar empleo y recuperar la competitividad productiva amenaza con repetir errores del pasado. Un tipo de cambio fuerte sin respaldo puede sostenerse por un tiempo, pero, tarde o temprano, la realidad impone sus límites.
La sostenibilidad del modelo dependerá de varios factores. De la capacidad del gobierno nacional para generar consensos políticos duraderos, de la respuesta del sector privado y del regreso paulatino de la confianza internacional. Sin estos elementos, el camino actual corre el riesgo de agotarse, como ya ocurrió en otros momentos de la historia económica argentina.










