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Dolor país

Dos millonarios argentinos perdieron sus yates de lujo casi al mismo tiempo

José Luis Manzano y Mauricio Filiberti, dos "amigos" del poder, debieron desprenderse de algunos de sus lujos en estos días.

   José Luis Manzano y Mauricio Filiberti, dos magnates argentinos con conexiones políticas y una marcada preferencia por el estilo de vida ostentoso, vivieron un insólito episodio en cuestión de días: ambos perdieron sus lujosos yates en accidentes separados en Europa, un recordatorio de los riesgos que acechan al patrimonio más visible de quienes operan en los círculos del poder económico.  

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Manzano: el incendio del Sea Lady II 

   Manzano, exministro del Interior durante el gobierno de Carlos Menem y hoy dueño de un imperio en medios y energía, sufrió un grave percance en la Riviera francesa. Su yate Sea Lady II, valorado en más de u$S 35 millones, quedó completamente destruido tras un incendio que también dañó parte del muelle donde estaba atracado. La embarcación, construida en 2003 por el astillero Ocea, era un referente de lujo: contaba con cuatro cubiertas, capacidad para doce pasajeros, interiores de diseño exclusivo y tecnología avanzada de navegación.  

   El siniestro activó un operativo de emergencia para contener posibles derrames de combustible, con barreras anticontaminación desplegadas para proteger el entorno marino. El Sea Lady II no solo era un símbolo personal de Manzano, sino también una inversión: solía ser alquilado por celebridades del espectáculo, el deporte y el empresariado, generando ingresos adicionales. Mientras se recupera de la pérdida, el empresario también avanza en su ambición por expandir su influencia mediática con la posible compra del canal Telefe, aunque la operación aún no está cerrada.  

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Filiberti: el encallamiento del Attila 

   A miles de kilómetros, en las Islas Baleares, Mauricio Filiberti, dueño de Transclor y accionista de Edenor, enfrentó otro revés. Su megayate Attila, de 64 metros de largo y construido en 2019 por el prestigioso astillero italiano Sanlorenzo, encalló el 3 de julio en aguas españolas. Este imponente "palacio flotante" contaba con cinco cubiertas, helipuerto, gimnasio, sauna, piscina con fondo transparente (que servía como techo de un exclusivo club de playa interior), cine privado y terrazas. Según la revista Boat International, el diseño incluía detalles personalizados, como bodegas especializadas para vinos y carnes, y espacios íntimos adaptados a las preferencias de Filiberti y su esposa.  

   Si bien el yate ya no aparece registrado a su nombre, su nueva propiedad permanece en el anonimato. El incidente pone en evidencia la fragilidad de activos tan costosos, incluso para quienes manejan fortunas.  

Vínculos de poder y lujo en tiempos de crisis    

   Más allá de la coincidencia temporal, Manzano y Filiberti comparten una historia de negocios entrelazados. Ambos son socios en empresas clave del sector energético, como Edenor y Metrogas, que abastecen a casi 9 millones de usuarios en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Sus vínculos políticos también son notorios: mantienen relaciones cercanas con figuras como Sergio Massa y se beneficiaron del reciente aumento de tarifas impulsado por el gobierno de Javier Milei, lo que reforzó sus ganancias en servicios públicos.  

   La pérdida simultánea de sus yates ha generado comentarios irónicos en un país sumido en una profunda crisis económica, donde el contraste entre la opulencia de unos pocos y la precariedad generalizada resulta cada vez más evidente. Mientras Manzano y Filiberti lidian con los daños materiales, el episodio desnuda el nivel de despliegue al que acceden ciertos sectores del empresariado argentino, cuyos destinos, al igual que sus embarcaciones, parecen navegar en aguas turbulentas.

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