Fue removido el tricentenario quebracho de Villa Allende
El domingo 13 de julio, después de diez meses de resistencia popular y tras una fuerte represión, fue removido el quebracho blanco de 284 años ubicado en Villa Allende, Córdoba.

Aunque las autoridades municipales y la empresa Caminos de las Sierras lo presentaron como un trasplante, para vecinos y ambientalistas fue un ecocidio: el árbol, con sus raíces severamente dañadas, tiene apenas un 20% de chances de sobrevivir.

La lucha comenzó cuando se decidió que el árbol debía ser trasladado para ampliar la avenida Padre Luchesse, una obra de Caminos de las Sierras por donde pasan más de 25 mil vehículos diarios. Los vecinos autoconvocados y asambleas ambientales propusieron una leve desviación del trazado que permitiría preservar el quebracho, sin afectar la seguridad vial. Pero el intendente Pablo Cornet y la empresa se negaron a cualquier cambio.
Durante meses, los defensores del árbol llevaron adelante protestas pacíficas, acampos, cartas públicas y presentaciones judiciales. Incluso algunas empresas de grúas se solidarizaron y rechazaron participar del trasplante. Artistas como León Gieco y Ricardo Mollo se sumaron a la causa, convirtiendo la defensa del quebracho en un símbolo nacional.
El trasplante, a unos 30 metros de su emplazamiento original, se realizó con un despliegue policial que desalojó a quienes aún resistían. "No fue una reubicación: fue un ecocidio", denunció el fotógrafo César Masachessi, presente en el lugar. "Le cortaron las raíces. Un quebracho de 284 años no se trasplanta. Se respeta."
La Fundación para la Defensa del Ambiente (Funam) y el Campus Córdoba del Colegio de los Premiados con el Nobel Alternativo presentaron un recurso legal buscando frenar la remoción y proponiendo un leve desvío de unos 30 metros en la traza de la ruta, señalando que la vida del árbol está protegida por la Constitución. Sin embargo, la Justicia no se pronunció antes del trasplante.
El acampe, que se mantuvo bajo el frío y la presión constante, fue una muestra de la tenacidad del movimiento. "Hay personas que no vuelven a sus casas, que pasan el frío al lado del árbol. Y eso no debería estar ocurriendo", denunció Juan Smith, uno de los abogados del caso.
La remoción del quebracho deja en evidencia la intransigencia del poder político y empresarial frente a una comunidad que decidió defender su memoria natural. Para muchos, ese árbol no era solo un árbol: era historia, identidad y un símbolo de resistencia frente al avance sin diálogo del llamado progreso.
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