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Crisis económica y oficio

La lucha diaria de un zapatero para sostener su taller: "Estamos viviendo al día"

Juan Acevedo es el dueño de "Digno Calzado". La crisis redujo la clientela, aumentó los cotos y volvió impensable proyectar ganancias. "Tratamos de cubrir los costos", dijo.

El rubro de reparación de calzado suele ser un termómetro de las crisis económicas: cuando la plata no alcanza para un par nuevo, los remiendos hablan del ajuste que atraviesan los hogares. "Estamos viviendo prácticamente al día", dijo Juan Acevedo, encargado del taller de zapatería "Digno Calzado", un negocio familiar establecido en 1979 en Resistencia.

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"Esta crisis es de las más duras que pasé porque no hay movimiento de dinero", resumió Juan Acevedo en diálogo con NORTE.

Acevedo conoce el pulso de su clientela y sabe leer las señales de la economía desde su mostrador. "Esta crisis es de las más duras que pasé porque no hay movimiento de dinero", resumió en diálogo con Norte.

DEL TALLER FAMILIAR AL CONTEXTO ACTUAL

Fundada en 1979 por Digno Acevedo y María Martínez, la zapatería funcionó en distintos puntos del centro hasta instalarse, hace 20 años, en la esquina de Rivadavia y Remedios de Escalada. Desde allí, Juan Acevedo sostiene el taller con tres empleados, pagando alquiler, servicios y lidiando con aumentos mensuales.

"La gente humilde era la que más traía trabajo. Hoy, ese mismo dinero lo usan para comprar comida o pagar un servicio", relató. Los arreglos se redujeron, los materiales suben constantemente y la ganancia se achica: "Nosotros seguimos con precios de casi el año pasado, pero los proveedores aumentan todo".

Los costos fijos, especialmente impuestos y servicios, también hacen su parte: "Los impuestos subieron casi un 150%, y los insumos también".

CLIENTES DISTINTOS, NECESIDADES DISTINTAS

Según Acevedo, la crisis modificó también el perfil de la clientela: "Ahora vienen más personas de clase media y media alta. Ellos arreglan calzado de cuero, mientras que la gente humilde ya casi no trae sus zapatillas para arreglar".

Las mujeres representan el 60% de los clientes. "Ellas invierten más en cambiar suelas, teñir botas, arreglar carteras o camperas. Los hombres hacen arreglos más básicos de suelas de zapatillas, zapatos, calzado industrial y botines".

Los precios varían según el tipo de calzado, el material utilizado y la mano de obra. Pero el cliente promedio busca rapidez, bajo costo y resultados funcionales: "La mayoría viene por arreglos simples que no insuman mucho tiempo".

SIN PROYECCIONES

Juan es consciente de que el oficio del zapatero se mantuvo contra viento y marea. Pero en la actualidad el desafío es no hundirse. "No puedo proyectar ganancias. Mi plan es que el negocio al menos cubra los costos", afirmó. La competencia con calzados traídos desde el exterior es otro golpe. "Muchos traen zapatos muy baratos de afuera. A veces les conviene eso antes que arreglar", señaló.

Aun así, Acevedo apuesta a seguir resistiendo. "El zapatero es uno de los oficios que sobrevivió a todas las crisis".

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