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Memorias de Resistencia

La garita del vigilante

"El vigilante de la esquina" significó –en su momento– la presencia de la autoridad en la calle. Y, por lo tanto, una sensación de seguridad para el vecindario.

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Muchos vecinos de Resistencia tienen un emocionado recuerdo hacia la noble figura del "vigilante de la esquina", aquel policía que además de permanecer en su parada para garantizar el orden, estaba allí también desde su garita de madera, dirigiendo el tránsito de vehículos en el centro de la calzada. 

Por muchos años se lo vio en el comienzo de las calles Rawson y Güemes, frente al Banco de la Nación, siempre firme en su puesto, desafiando las inclemencias del clima tórrido del verano, así como los crudos fríos del invierno. Las nuevas modalidades del servicio policial han hecho desaparecer esa valiosa costumbre, pero "el vigilante de la esquina" significó –en su momento– la presencia de la autoridad en la calle. Y, por lo tanto, una sensación de seguridad para el vecindario.

Parado en la tarima, con sus mangas blancas para ser mejor divisadas sus señales de tránsito, un pito agudo en su boca y el traje policial de color caqui. La garita, generalmente, redonda a rayas o a cuadros amarillas y negras o con una publicidad de algún negocio de la ciudad, culminaba en su altura con una sombrilla, también a rayas de color amarillas y negras.

Los recuerdo en las calles céntricas Tucumán y Antártida Argentina (hoy Illia y Perón) o en los alrededores de la Plaza 25 de Mayo cuando su circulación era en ambas manos y con un parterre en el medio. También en las avenidas 9 de Julio y 25 de Mayo.

No sé cuándo precisar, pero creo tener idea de que dejaron de existir a fines de los años 60, cuando fueron reemplazados por los inspectores de tránsito, llamados vulgarmente en ese tiempo como "zorros grises".  

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