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Opinión

No dejemos de apoyar al INTA

El INTA ha demostrado ser un pilar fundamental en la generación de conocimientos y tecnologías que mejoran la productividad y competitividad del sector agropecuario argentino.

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Su trabajo en investigación, desarrollo y transferencia de tecnología ha sido clave para abordar desafíos como la seguridad alimentaria, la sostenibilidad ambiental y el desarrollo rural. ¿Alguien puede dudarlo?

La virtuosa interacción entre la ciencia y la tecnología y la producción agropecuaria en el INTA ha visto una de sus máximas expresiones.

Su aporte al desarrollo de la ruralidad es ejemplo en el mundo. Esto no es fruto de la casualidad sino, por el contrario, ha respondido al modelo de autonomía y autarquía que le ha dado la ley que rige su funcionamiento.

- Desarrollar tecnologías y prácticas que mejoran la productividad y competitividad del sector agropecuario.

- Fortalecer la capacidad de investigación y desarrollo en el país.

- Contribuir a la formación de recursos humanos capacitados en áreas estratégicas para el desarrollo nacional.

Cómo no reconocer el sistema de gobernanza en la gestión del INTA y su capacidad para articular esfuerzos con otras instituciones y organismos nacionales e internacionales.

La transparencia, la eficiencia y la efectividad en la gestión de recursos han sido fundamentales para el éxito del INTA.

Su autarquía se valida por el ejemplar modelo de gobernanza. Sus objetivos estratégicos, la asignación de recursos presupuestarios es atribución de los órganos colectivos de gobierno compuesto por productores, académicos y representantes de los poderes ejecutivos por jurisdicción.

Junto con las universidades, esto lo ha convertido en probablemente el instrumento de desarrollo más federal de todos los organismos públicos de nuestro país.

Alterar su gobernanza, reducir su presupuesto asumiendo mayor eficiencia es una absoluta falacia. Lo demuestran sus contribuciones a lo largo y ancho del todo el país. Desconocer la virtuosa relación sinérgica con las universidades es desconocer la realidad. 

No dejemos de apoyar al INTA.

No dejemos de lado a las pequeñas y medianas empresas y a la agricultura familiar, pilares de un desarrollo armónico y social de ocupación del territorio. 

No permitamos que un sesgo ideológico solo favorezca exclusivamente a las grandes empresas agropecuarias.

Si pensamos que la rentabilidad solo se mide por el desempeño financiero, desconociendo el impacto en el bienestar de las familias, el desarrollo de las poblaciones rurales, la generación de valor agregado, en fin, en la posibilidad de que cada argentino y argentina pueda desarrollarse donde ha elegido vivir, estamos, a mi humilde entender, en el camino equivocado.

Por eso, hoy más que nunca, no dejemos de apoyar al INTA.

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