Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

La paradoja del mercado laboral

Aunque la economía argentina comenzó a mostrar señales de estabilización en el primer trimestre de 2025, el mercado laboral no refleja una mejora acorde al nuevo escenario. De hecho, según el análisis de Daniel Schteingart, director de Planificación Productiva de Fundar, los últimos datos del INDEC revelan que la desocupación no solo no bajó, sino que aumentó, desafiando la creencia que asocia crecimiento económico con mayor empleo.

Según el análisis del especialista, entre el cuarto trimestre de 2024 y el primero de 2025, la tasa de desocupación subió del 6,4% al 7,9%. Esta variación implica aproximadamente 250.000 personas más sin trabajo en comparación con el mismo período del año anterior, cuando la tasa era del 6,9%. Al mismo tiempo, la tasa de empleo cayó de 45,7% a 44,4%, mientras que la tasa de actividad —es decir, la proporción de personas que trabajan o buscan trabajo— se mantuvo estable en torno al 48,2%, sin cambios estadísticamente significativos.

Este fenómeno puede parecer contradictorio a primera vista: ¿cómo es posible que se recupere la economía y al mismo tiempo aumente la desocupación? La explicación que ofrece Schteingart es clave para entender la dinámica del mercado laboral argentino actual. Una economía en recuperación puede incentivar a más personas a salir a buscar empleo, confiadas en que habrá oportunidades. Sin embargo, si estas personas no consiguen trabajo, pasan a engrosar la cifra de desocupados, aunque efectivamente haya más gente trabajando que antes. Así, es perfectamente posible —como ocurre ahora— que aumenten simultáneamente tanto la tasa de empleo como la de desocupación.

De hecho, si se compara el primer trimestre de 2025 con el mismo período de 2024, la tasa de empleo subió levemente, lo que indica que se crearon nuevos puestos de trabajo. Sin embargo, el nivel de empleo continúa por debajo del pico histórico registrado en 2023, con una brecha de 0,6 puntos porcentuales. Lo más preocupante no es solo cuántos empleos se crean, sino qué tipo de empleos proliferan.

El dato más alarmante del informe de Schteingart es que solo el 46% de las personas ocupadas tuvo un empleo asalariado registrado en el primer trimestre de 2025. Este es el nivel más bajo desde 2007, lo que evidencia un proceso de precarización laboral sostenido en el tiempo. Lejos de revertirse, la tendencia a la informalidad se consolida. Crecen los cuentapropistas, los trabajadores no asalariados y aquellos sin ningún tipo de protección social, lo cual debilita la calidad del empleo y expone a un amplio sector de la población a la inestabilidad económica.

Para Schteingart, esta situación no es del todo nueva. Argentina, aunque tiene niveles de informalidad laboral menores al promedio de América Latina, ha mostrado un desempeño relativamente débil en comparación con otros países de la región desde los años noventa. Además, históricamente el país mantuvo tasas de desocupación superiores al promedio mundial. Si bien hubo mejoras entre 2003 y 2015, y una fuerte recuperación del empleo tras la pandemia en 2021-2023, los avances se dieron en un contexto de deterioro de la calidad del trabajo y caída sostenida del ingreso laboral medio.

La informalidad laboral, aclara el experto, abarca a quienes carecen de contrato formal o acceso a la seguridad social. También incluye, desde una perspectiva productiva, a trabajadores de baja calificación o empleados en microempresas. Observa, además, que el empleo informal es más precario, menos productivo y con menores ingresos. Por lo tanto, su crecimiento no solo afecta al trabajador individual, sino que debilita el sistema previsional, disminuye la recaudación fiscal y contribuye a la desigualdad estructural.

Un aspecto clave del fenómeno es su distribución territorial y demográfica. La informalidad es marcadamente más alta en el norte del país —Chaco, Santiago del Estero, Salta— y significativamente más baja en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y las provincias patagónicas. Además, afecta desproporcionadamente a jóvenes y mujeres. Entre los jóvenes, la falta de experiencia, el bajo nivel educativo y la búsqueda de trabajos flexibles explican su mayor vulnerabilidad. En las mujeres, inciden la segregación ocupacional, las dobles jornadas y la escasa oferta de servicios de cuidado infantil y familiar.

Las cifras de desempleo y la persistente informalidad ponen en evidencia los límites estructurales del modelo y las debilidades institucionales del sistema laboral. Para revertir esta tendencia, será necesario no solo mantener la recuperación económica, sino también implementar políticas activas de empleo, mejorar la protección social y fortalecer la formalización del trabajo en todos los sectores.

Te puede interesar