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¿Una tercera guerra mundial en partes?

El mundo vive un aumento sin precedentes del gasto militar global, impulsado por un contexto internacional marcado por conflictos armados activos, tensiones geopolíticas y el resurgimiento de ambiciones nucleares. Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), las potencias nucleares —desde Estados Unidos y Rusia hasta China, India y Corea del Norte— están modernizando y ampliando sus arsenales. El riesgo de una nueva carrera armamentista va en aumento, mientras que los conflictos regionales se multiplican en Europa del Este, Medio Oriente y Asia. Esta tendencia es alarmante en términos de seguridad global, y confirma la visión del fallecido Papa Francisco sobre una "tercera guerra mundial fragmentada".

El informe del SIPRI revela que el año pasado había más de 12.000 ojivas nucleares en el mundo, de las cuales cerca de 9.600 están listas para su uso. Aunque la cifra total no ha aumentado drásticamente, se ha desacelerado el desmantelamiento de armas y se ha acelerado el despliegue de nuevos sistemas. Según el documento del organismo, Estados como China están incrementando su arsenal a un ritmo sin precedentes, con una producción anual estimada de cien nuevas ojivas. A este crecimiento se suman las modernizaciones en curso en India, Pakistán, Corea del Norte e Israel. Es decir, a los arsenales heredados de la Guerra Fría, se suman los que se desarrollan con tecnologías más sofisticadas, incluyendo inteligencia artificial aplicada a decisiones de defensa. Esta combinación eleva el riesgo de errores de cálculo o conflictos mal gestionados que podrían escalar de forma catastrófica.

Según los expertos, el aumento del gasto militar no responde únicamente a la disuasión nuclear. Está directamente vinculado a la proliferación de conflictos armados; es decir, la invasión rusa a Ucrania, la guerra de Israel, primero en Gaza y ahora con Irán, la creciente rivalidad entre China y Estados Unidos en Asia-Pacífico, y los focos permanentes de violencia en Siria, Yemen o el Sahel africano. Estos conflictos, aunque geográficamente dispersos, no son independientes entre sí. En palabras del Papa Francisco, constituyen "una tercera guerra mundial en pedazos". Cabe recordar que Francisco señaló que el mundo ya no está ante una guerra convencional entre grandes bloques, sino ante una multiplicidad de crisis interconectadas que, en conjunto, tienen un impacto global. En ese sentido, Bergoglio advirtió que esta guerra fragmentada implica la violación sistemática del derecho internacional, el colapso de los marcos multilaterales de resolución de conflictos y una creciente indiferencia ante el sufrimiento humano.

Lo grave es que las guerras actuales no distinguen entre combatientes y civiles. Familias enteras son desplazadas, las ciudades se destruyen, y las escuelas y hospitales se convierten en blancos colaterales. La guerra, como denunció Francisco, "es una herida grave infligida a la familia humana". El año pasado, en una homilía recordó que el gasto militar desvía recursos que podrían destinarse al desarrollo, la educación y la salud. También dijo que la inversión en armas crece, mientras los sistemas de bienestar social se debilitan. "La cultura, la ciencia y la investigación pierden terreno frente a la lógica de confrontación. Esta realidad socava las bases de una paz duradera y reduce las posibilidades de cooperación internacional", sostuvo en esa oportunidad.

Por otra parte, hay que recordar que la expiración del tratado de desarme en 2026, sin señales de renovación, marca el fin de uno de los últimos mecanismos de control de armas entre Rusia y Estados Unidos. El SIPRI advierte que estamos entrando en una era más peligrosa que la Guerra Fría, con múltiples actores y menos canales diplomáticos. La idea de que más armas garantizan más seguridad es cuestionable. Como sostiene Matt Korda, analista del SIPRI, la proliferación nuclear no previene los conflictos; al contrario, eleva los riesgos de una escalada accidental o mal calculada.

Frente a este panorama, cabe recordar el mensaje del Papa Francisco, cuando advirtió, que la guerra es una "masacre" que deshumaniza, fragmenta sociedades y siembra dolor. El aumento del gasto militar global forma parte de una tendencia más amplia hacia la confrontación y el deterioro del orden internacional. Las tensiones en Europa, Asia y Medio Oriente, junto al desarrollo de armas nucleares y nuevas tecnologías militares, confirma la visión del Papa Francisco cuando señaló que la humanidad vive una guerra mundial fragmentada. La comunidad internacional debe optar por la cooperación, la regulación del armamento y el respeto al derecho internacional si desea evitar una tragedia mayor.

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