Aunque no seamos fanáticos del básquet de los Estados Unidos todos oímos hablar y leímos sobre los millones de dólares que ganan las estrellas.
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Contratos que parecen salidos de un sueño son moneda común entre las figuras del baloncesto y las empresas que manejan las franquicias, lo que conocemos como clubes en nuestro país.
Shaquille O’Neal está retirado pero pasará a la historia como aquel jugador de la NBA que ponía en aprietos a los fabricantes pidiéndoles que adapten los autos
a sus medidas (2,16 m de estatura y 147 kg que llegaron a 163 kg en las temporadas 6-12 de su carrera. Su auto mimado es un Lucid Air personalizado: modificado
por West Coast Customs, incluye puertas más grandes y detalles únicos como llantas con el logo de Superman.
Esa lluvia de dólares alcanza para mimar el ego de cualquiera y para muchos, el garaje se ha convertido en una extensión de su identidad: potencia, estilo y exclusividad sobre ruedas.
LeBron James, estrella de
los Lakers, firmó por más
de 48 millones de dólares
este año y lleva acumulados
más de 500 millones
en su carrera y posee
una de las colecciones de
autos más impresionantes
de la NBA, valuada en más
de $5.5 millones. Pero su
favorito por el espacio
que tiene es un regalo de
Shaquille O’Neal, un Rolls
Royce Phantom y aunque
apenas cabe adentro tiene
a su disposición varias
Ferraris, entre ellas una
458 Spider.
No es raro que los jugadores inviertan millones de dólares en vehículos únicos, algunos personalizados para adaptarse a sus necesidades físicas (todos miden más de 2 metros) o gustos particulares.
Temetrius Jamel “Ja” Morant pertenece a la plantilla
de los Memphis Grizzlies. Condicionado por su tamaño
(aunque es de los más bajos de toda la NBA)
su favorito también es un Rolls, en este caso un
modelo Dawn: un convertible de $370,000 conocido
por su silencioso andar y aceleración de 0 a 100
km/h en 4.8 segundos. Pero para todos los días la
estrella utiliza un Jeep Grand Cherokee SRT o un
Dodge Charger 392 Scat Pack de 4 puertas, ideal
para desplazar la familia a toda velocidad.
En un deporte donde los contratos multimillonarios y los acuerdos de patrocinio son comunes, los autos funcionan también como símbolo de estatus y estilo de vida. Algunos optan por súper deportivos europeos; otros, por camionetas clásicas o vehículos eléctricos de última generación.
Stephen Curry es el
base de los Golden
State Warriors y
tiene una elección de
vehículos equilibrada,
donde conviven un
Infiniti Nissan Q50 de
“apenas” US$35,000,
que refleja su asociación
con la marca
y su preferencia por
la discreción. También
es dueño de un
Porsche 911 y una
Range Rover Sport
combinando confort y
discreción.
En esta nota algunos de esos jugadores y sus autos.