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Cálculos entre maullidos

Dos semanas después de las elecciones legislativas provinciales los principales actores de esa jornada repasan números y posibilidades, ahora sin la adrenalina de las horas definitorias. Ya pasó lo peor (y lo mejor, en los casos que corresponda), y es tiempo para el cálculo, las teorías y el tanteo.

Por sus resquebrajamientos internos, el peronismo es donde todo eso sucede con mayor volumen e intensidad. El PJ tiene a su líder herido por un resultado incómodo y fastidiado porque se considera calificado para jugar en las grandes ligas; pero, en vez de eso, el destino lo condena a exhibirse doblegado en un barroso torneo local.

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No es además una situación fácil de digerir para alguien que tuvo una infinidad de derrotas en el primer tramo de su carrera política, cuando Ángel Rozas lo vapuleaba a repetición, pero que a partir de 2007 construyó un poder político contundente que tumbó muñecos durante dieciséis años. Para un noqueador no es sencillo de procesar el ser noqueado. Es lo que le sucedió a Capitanich en 2023, y la derrota de este mes le confirma la imposibilidad de ser el de los años de oro.

SUPERMANES

Esa vulnerabilidad nueva que baña a alguien que parecía invencible tiene doble impacto. Por un lado, afecta al propio protagonista de la historia, que pasa a ser -como en las ficciones de los cómics- un héroe legendario que de repente se ve desprovisto de los superpoderes que le permitían ser quien era. Por otro, hay un efecto inmediato en el entorno: los adversarios se empoderan, los admiradores ya no admiran tanto, los aliados circunstanciales encienden el GPS. El líder queda despojado de su aura de deidad y regresa a la Tierra convertido en un ser humano. En palabras más mundanas, al líder derrotado cualquiera se le anima. 

Para alguien en una situación semejante, la prioridad es atenuar todo lo posible ese proceso, ralentizarlo, lograr que las relaciones de fuerzas den la impresión de continuar siendo las de siempre, relativizar las caídas. En síntesis, frenar la hemorragia, minimizar el drenaje de poder, reagrupar la tropa. Recurriendo una vez más a la analogía del box: lo primero es levantarse de la lona y mostrarse entero. Luego, aguantar el trance y apostar a dar vuelta la pelea.

Capitanich está en ese punto. La derrota de 2023 fue demoledora y dos semanas atrás volvió a perder. El coquismo se veía venir ese desenlace, pero creía en una definición mucho más apretada. "Lo que teníamos proyectado era un 7-7-2", contaba ayer una figura próxima a JMC. El consuelo, dice, es que el 11-M nadie obtuvo lo que soñaba: "El gobierno pensaba en un 9-6-1 y Magda (Ayala) creía que ellos metían tres diputados. A nadie le salió lo que quería".

DILEMA

Como se sabe, la sorpresa de la jornada fue Primero Chaco, el frente de Ayala y Atlanto Honcheruk. Lograron el tercer lugar con más de 11% de los votos y cosecharon dos bancas. El reparto de las 16 diputaciones en juego se completó con las 8 obtenidas por el frente de Leandro Zdero, Chaco Puede + LLA, y las 6 del Frente Chaco Merece Más, de Capitanich.

Esa distribución dio para lecturas diversas, ya comentadas aquí. En la intimidad, el gobierno admite que quería introducir nueve legisladores en la nueva Cámara de Diputados. Pero celebró que, con casi el mismo porcentaje de 2023, obtuvo sobre Capitanich una ventaja mucho mayor (doce puntos porcentuales). El Frente Chaco Merece Más sabe que consiguió un mal resultado, pero públicamente dice festejar que sus seis bancas más las dos de Ayala-Honcheruk ponen al PJ en un empate con el oficialismo. 

¿Qué se dice en Primero Chaco? Están exultantes, aunque sostienen que se veían venir las dos diputaciones. "En realidad, pensábamos que hasta podíamos llegar a tres", dice en confidencia uno de los principales operadores del espacio. La estelaridad electoral les abrió de inmediato un dilema potente: ¿Y ahora qué?

No es algo que puedan mantener mucho tiempo en la indefinición, porque las elecciones nacionales de octubre obligarán a tomar decisiones mucho antes. En materia de opciones hay, centralmente, dos: mantener la individualidad o arreglar con Capitanich. Ambas tienen ventajas y costos potenciales. En cuanto a la primera, pone a salvo la idea de presentar al nuevo grupo como una ola renovadora para un partido estancado dieciocho años bajo el mismo liderazgo, pero abre el riesgo de que las condiciones cambien y octubre se convierta en una demostración de debilidad más que de fortaleza. En relación con la segunda, diluye la identidad renovadora pero aseguraría cargos (seguramente en la lista para diputados nacionales, ya que Capitanich -pese al resultado de dos domingos atrás- no está dispuesto a resignar el primer lugar en la lista para senadores).

LESIONES Y FACTURAS

Mientras tanto, no hay canales abiertos entre los dos frentes. "Hay cosas, pero por abajo", dicen en el entorno de Capitanich. Es decir, conversaciones poselecciones entre segundas y terceras líneas. Pero todavía no un contacto directo entre los dueños de los espacios.

Además, hay asuntos de la conformación de listas y de la campaña que dejaron lesiones en la relación bilateral, como era lógico que sucediera. "Ellos se dedicaron más a tratar de destruirnos que a buscar la unidad", reprocha un dirigente de Ayala. Se refiere a una maniobra que le atribuyen a Capitanich para derribar un acuerdo que el sector de Magda había cerrado con Sergio Massa para el apoyo del bonaerense al proyecto renovador. "Coqui la tocó a Cristina para que Massa cambiara de posición", dicen. Afirman que eso hizo que Katia Blanc, que en principio iba a ir en la boleta de PCH, se mudara a la de Chaco Merece Más. También anotan en ese cuadernito rojo la salida de la cancha de "Juanchi" García, el intendente de Machagai, que había acompañado a Ayala en los inicios de la nueva corriente peronista y luego se quedó saludando desde la banquina.

Pero a la vez se envanecen con los resultados de esas operaciones. "Nosotros, casi sin nada, metimos 11% y dos diputaciones. Coqui eligió arreglar con Gustavo (Martínez) que, en 2023, teniendo intendentes trabajando para él, teniendo la caja de la Municipalidad de Resistencia y la de la Legislatura, no sacó nada", facturan. 

GENERALMENTE

Capitanich, en su carta abierta de algunos días después de las elecciones, intentó marcar la cancha y achicar la dimensión del desempeño de Primero Chaco. Dijo que, si se toman los votos a su lista y a la lista de Ayala como sufragios justicialistas, la relación es 3 a 1 a su favor. "Ellos, viéndolo así, sacaron 24% de los votos peronistas ese día. El que sacó eso no le puede imponer sus criterios al que sacó más de 75", argumentaba este fin de semana un legislador ultraleal a Capitanich.

También da una versión diferente de la falta de acuerdo en el partido. "Lo que ellos pedían era imposible de cumplir, hablaban de que estaban en condiciones de meter cuatro diputados", dice. Desde la otra vereda, lo niegan: "No pedíamos nada, pero ellos no tenían interés en arreglar porque pensaban que, con todo lo que habían hecho para debilitarnos, yendo nosotros solos nos extinguíamos. Les salió todo al revés".

A la vez, el lío interno provincial se potencia con el reparto territorial de victorias y derrotas, que dejó a varios intendentes mal parados, como Mauro Leiva en General San Martín y Javier Martínez en Margarita Belén. A otros, validados; como Pío Sanders en Castelli o la propia Ayala en Barranqueras. Y, por si faltara algo, está todo el aquelarre nacional, con el fracaso reciente en CABA y en provincia de Buenos Aires la guerra entre Axel Kicillof y Cristina. 

"Los peronistas somos como los gatos: cuando parece que nos peleamos, en realidad nos estamos reproduciendo", reza una de las máximas de Juan Domingo Perón. Ahora que los maullidos aturden, la definición del general volverá a estar a prueba.

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