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León XIV no será un líder solitario

"El papa no es un condottiero solitario ni un jefe impuesto por encima de los demás", dijo León XIV en su homilía de inicio de pontificado.

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   (Por Enric Juliana*) - Hay que prestar atención a esa frase, una de las más significativas de un texto cuidadosamente escrito que giraba en torno a la unidad. Unidad dentro de la Iglesia católica; el catolicismo (el cristianismo universalista) como factor de unidad y concordia en un mundo en el que todo se fragmenta.

   Unidad. "In Illo uno unum" es el lema del nuevo pontificado. "En aquel Uno, seamos uno" de San Agustín. El lema de Francisco fue "Miserando atque eligendo" (Lo miró con misericordia y lo eligió). Benedicto XVI entusiasmó a las elites con espíritu de misión:"Cooperatores veritatis" (Cooperadores de la verdad). La divisa de Juan Pablo II la recordarán muchos lectores criados durante el Plan de Estabilización, puesto que fue una enmienda a la totalidad a Mayo del 68: "Totus tuus"(Todo tuyo. Entrega total a la Virgen María. La reconquista cristiana de Europa desde Polonia).

   Juan Pablo I escogió "Humilitas" y murió al cabo de un mes, poco después del asesinato de Aldo Moro, al que habría entusiasmado ese enunciado. Pablo VI gobernó durante quince años la Iglesia católica "In nomine Domini" (En nombre del Señor), y podríamos cerrar la serie con Pío XII, atrapado por la II Guerra Mundial: "Optatissima Pax" (La paz anhelada).

   La secuencia nos permite interpretar mejor la divisa de León XIV. Es el primer papa en el último siglo que inicia su pontificado con una apelación expresa a la unidad. León XIV toma distancias del modelo ‘hombre fuerte’ tan frecuente en la política.

   "El Papa no es un condottiero solitario", dijo en la homilía. Condottiero es una palabra italiana de fuerte resonancia en Roma. Durante siglos de fragmentación, los múltiples principados de la península itálica, ducados, serenísimas repúblicas, repúblicas marineras, republicas florentinas, marcas y señorías, soñaban con un buen condottiero.

   El Papa de Roma actuaba de árbitro entre los condottieros locales o decantaba la lucha de facciones. Así fue hasta la unificación italiana de 1861. Líder, jefe, caudillo, cabecilla. Puede traducirse también como hombre fuerte, como el hombre providencial que aparece en un momento de caos. Podríamos decir que el papa Francisco fue en buena medida un condottiero eclesial, elegido en el 2013 con la misión de poner orden en la curia vaticana, que había empujado a Benedicto XVI a la dimisión.

   Francisco vivió acampado frente al Palacio Apostólico –jamás pernoctó en los aposentos pontificios– y tuvieron que desmontar una gasolinera que se hallaba al otro lado de la muralla vaticana para garantizar su seguridad en la hostería de Santa Marta. "¡Francisco actuó demasiadas veces como un monarca absoluto!", dicen en Roma los católicos conservadores que no vivieron con entusiasmo el enérgico pontificado de Jorge Mario Bergoglio.

   Robert Francis Prevost no cesa de recordar a Francisco, y en la ceremonia de inicio de su pontificado volvió a referirse a su antecesor en términos de gran devoción –"Francisco, que nos estará contemplando desde el Cielo"–, pero sus palabras podrían ser interpretadas como una cierta enmienda a los doce años de un papa acampado en solitario frente al Palacio Apostólico. Todo indica que León XIV regresará a los apartamentos pontificios. El tiempo de excepción se da por concluido. Empieza ahora el de la unidad, sin demolición del legado de Francisco. León XIV va a ser muy interpretado. Sus homilías y discursos contienen muchos matices. Pronto habrá leones de derechas y leones de izquierdas.

   Las palabras que el domingo pronunció en la plaza de San Pedro también son una referencia al espíritu del mundo. Las principales potencias están hoy gobernadas por líderes solitarios que tienden a prescindir de los órganos colegiados. Donald Trump, Xi Jinping, Vladímir Putin, Erdogan, Mori... son, en un grado u otro, condottieros solitarios. En la Europa democrática también florece ese perfil. El napoleónico Macron. La condottiera Meloni, que gobierna con el consejo permanente de su hermana. Incluso en España se va dibujando un líder solitario: Pedro Sánchez, con todo en contra, menos la métrica del PIB.

   León XIV nos estaría diciendo que no pretende ser la versión eclesial del liderazgo político contemporáneo. Anuncia un pontificado más colegial. Y una de sus novedades es el significativo y explícito apoyo del Vaticano a un condottiero solitario y en graves apuros, Volodímir Zelenski, personaje que no entusiasmaba a Francisco. Personaje que fue gravemente humillado en la Casa Blanca hace ahora tres meses.

   Hay algo nuevo en la iluminación del escenario. Podemos estar seguros de que Trump no difundiría hoy una imagen suya disfrazado de Papa. Es suficientemente instintivo para saber que el juego ha cambiado. Provocó a Roma y el cónclave le ha respondido con un Papa unitario.

   El Vaticano al lado de Ucrania dibuja otro perímetro europeo. Zelenski ya no está tan acorralado. El Papa ofrece la Santa Sede como escenario para una negociación entre Rusia y Ucrania. El vicepresidente J.D. Vance, devoto lector de san Agustín, saludó ayer a su compatriota Robert Prevost, antiguo prior general de la orden de los agustinos, con gesto obsequioso. Viene ahora un tiempo de tensiones y matices entre la Iglesia de Roma y el conservadurismo católico estadounidense.

El cisma de Steve Bannon no será mañana

   No todo han sido gestos diplomáticos ante la elección del nuevo Papa. También hubo señales de fuerte hostilidad. "Dentro de diez años habrá un cisma en la Iglesia católica", advirtió Steve Bannon, guardián del movimiento MAGA (Make America Great Again), la corriente nacionalista de extrema derecha que se apoderó del Partido Republicano de EEUU.

   Bannon, primer ideólogo del trumpismo, asesor de la Casa Blanca en el 2016, dedicado estos últimos años a la internacionalización del fenómeno MAGA, impulsor en la sombra de la plataforma Patriotas por Europa, a la que pertenece el partido español Vox, reaparece siempre en los momentos críticos.

   Hace unos meses salió en tromba contra el empresario Elon Musk, al que considera un impostor que se arrimó a Trump para ganar dinero, más dinero. En los movimientos rupturistas siempre hay un momento en que los camisas viejas se rebelan contra los arribistas.

   Bannon vuelve ahora a la carga para señalar a León XIV como el más peligroso adversario de Trump. Defensor a ultranza del lenguaje duro, el guardián de las esencias acaba de declarar al Corriere della Sera, primer diario de Italia, que la elección del nuevo Papa puede considerarse "ilegítima".

   "Era muy difícil para un arzobispo norteamericano prácticamente desconocido, que ha pasado buena parte de su vida en Perú y es cardenal desde hace menos de dos años, llegar al cónclave y vencer en la cuarta votación. Eso ha sido obra de la Curia globalista de Bergoglio. Es una elección completamente trucada. Es una elección más trucada que la que hizo perder a Trump en 2020. Creo que estamos yendo a un cisma. La gente que en EEUU quiere regresar a la misa en latín y anular el concilio Vaticano II no aflojará. En nuestro país hay un boom del catolicismo tradicionalista, sobre todo entre los hombres jóvenes. Sabemos que el nuevo Papa se pronunciará contra la expulsión masiva de inmigrantes, lo sabemos. No vamos a ceder. No toleraremos intromisiones. Fui de los primeros en señalar que el cardenal Prevost podía ganar el cónclave. Hice mis averiguaciones y llegué a esa conclusión. Tenemos buenos informantes en el Vaticano", afirma.

   Es una declaración de guerra mientras el vicepresidente J.D. Vance, católico converso desde hace seis años, asistía el domingo en Roma a la misa de inicio de pontificado. ¿Es esa la verdadera respuesta de Trump a la elección de León XIV? No es fácil afirmarlo tajantemente. Antes del cónclave, el presidente de los EEUU intentó burlarse del cónclave con la difusión de una imagen suya vestido de Papa, con gesto de admonición: "Cuidado con lo que votáis". ¿Envía ahora a su principal gladiador a amenazar al Vaticano con un cisma? También podría ser fuego amigo sobre Vance, cuya ambición de competir por la presidencia dentro de tres años y pico no es ningún secreto para nadie. Para satisfacer esa ambición, el actual vicepresidente necesita el voto católico, en cuyo interior hay muchos matices. Podríamos estar ante un ajuste de cuentas dentro del movimiento MAGA, que nunca fue homogéneo.

   Cisma es palabra mayor. "Si el sucesor de Francisco es un liberal, existe el riesgo de una ruptura entre el Vaticano y el catolicismo estadounidense", señalaba recientemente Massimo Faggioli, profesor de historia de la Iglesia en la Universidad de Pensilvania, en un amplio reportaje sobre el catolicismo conservador en EEUU publicado por el diario The Wall Street Journal. En ese mismo diario, el investigador Stephen White auguraba la posibilidad de un "cisma líquido", sin ruptura formal; una separación progresiva del catolicismo de EEUU hasta convertirse en una suerte de Iglesia anglicana, una Iglesia nacional que ignoraría a Roma.

   En la actualidad, 19% de los estadounidenses se identifican como católicos, unos 53 millones de adultos. En 2007 eran 24%. Estudios posteriores a las últimas elecciones presidenciales señalan que 56% de los electores católicos votó Trump, lo cual no quiere decir que todos ellos sean tan tradicionalistas ni que estén esperando al próximo domingo para oír misa en latín. Hay muchos matices.

   Trump quiso burlarse del cónclave, y el cónclave eligió un papa estadounidense que reivindica el legado de Francisco con caligrafía propia. Ahora hay otra figura norteamericana brillando en el firmamento internacional: Robert Francis Prevost. Gesto de autoridad, gesto de autonomía, así leído con claridad en todo el mundo.

   Sin embargo, EEUU es hoy un cuadrante decisivo para la Iglesia de Roma, en tres planos: el doctrinal, el político y el económico. La unidad del catolicismo ha de tener en cuenta lo que pasa en EEUU, no puede ignorarlo. La Iglesia universal ha de tener plena autonomía en las relaciones internacionales. No puede supeditarse al Imperio si quiere mantener su actual capacidad de influencia. León XIV enfatiza en estos días el concepto "paz justa" al referirse a la guerra de Ucrania. No habla de paz a secas. En este punto se aproxima a la Unión Europea. Y en el plano económico, la Iglesia de Roma debe recuperar donantes en EEUU, cuya disminución coloca las cuentas del Vaticano en déficit.

   Hace más de un siglo, León XIII, figura de referencia para Prevost, por su encíclica Rerum novarum (Sobre las cosas nuevas), inicio de la doctrina social católica, advertía a los cardenales y a los creyentes contra el "americanismo", la tendencia a querer adaptar el catolicismo a la modernidad estadounidense. Las tornas se invirtieron. El enroque americano se enfrenta ahora al universalismo católico y podría inclinarse por una Iglesia nacional, siguiendo el modelo inglés iniciado con la ruptura de 1534 (El Parlamento inglés aprobó aquel año el Acta de Supremacía, estableciendo que el rey era el nuevo jefe de la Iglesia de Inglaterra). La inmensa Rusia tiene una Iglesia nacional, dirigida por el Patriarcado Ortodoxo de Moscú, en estrecha alianza con el Kremlin. China acentúa el confucianismo, viejo código moral, y exige tener la última palabra en el nombramiento de los obispos católicos. Enrique VIII se le aparece en sueños a Donald Trump, y Steve Bannon amenaza con un cisma.

*Publicado en La Vanguardia, de Barcelona.

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