La única verdad es andá a saber qué
La elección provincial del domingo pasado es el extraño caso de unos comicios en los que los únicos ganadores absolutos de la jornada salieron terceros. Hablamos de Primero Chaco, el frente creado por Magda Ayala, que se convirtió en la gran sorpresa de la jornada al meter nada menos que dos diputados para la renovación de la mitad de la Legislatura. Los dos contendientes principales, en cambio, no vivieron la misma euforia que la fuerza debutante: ni Leandro Zdero tuvo la victoria aplastante que buscaba ni Jorge Capitanich la derrota vivificadora que pretendía.
En el caso del gobernador, el oficialismo se entusiasmaba a finales de 2024 con un triunfo amplio, que mostrara un crecimiento en el caudal electoral con respecto a 2023 y un reparto 10-6 de las dieciséis bancas que iban a estar en juego este 2025. Luego, las expectativas se moderaron y se apostó a un 9-7. El domingo la cosecha de Chaco Puede acabó siendo de 8 diputaciones. La división peronista entre el Frente Chaco Merece Más de Capitanich y el armado de Ayala le permitió festejar de todos modos. El frente liderado por el radicalismo obtuvo menos votos que en 2023 (un punto porcentual de retracción con respecto a la puja por la gobernación) pero esta vez en lugar de sacarle tres puntos de ventaja a Capitanich impuso una brecha de doce.

La mala noticia para Zdero es que la segunda opción de origen justicialista, la lista de Ayala encabezada por Atlanto Honcheruk, obtuvo el 11% de los votos. Es decir, si los sufragios a boletas peronistas se suman matemáticamente lo que hubo siete días atrás fue un virtual empate, que puede considerarse retratado en el reparto 8-6-2 de los espacios parlamentarios que estaban en disputa. Es más, algunos dirigentes del coquismo se entusiasman y suman a otras cuatro boletas de raigambre o lazos pejotistas para llegar a la conclusión de que, en realidad, el peronismo obtuvo más de un 48%.
Por supuesto que las cuentas, en política, no se hacen así. Como bien señala Rafael González en un artículo que se publica en esta misma edición de NORTE, estamos hablando de un territorio en el que dos más dos casi nunca da cuatro.
EL ADN DE MAGDA
Además, el batacazo de la intendente de Barranqueras también afecta a Capitanich. Si tomamos los votos a Primero Chaco como sufragios "peronistas", significa que uno de cada cuatro electores del PJ no lo quería a él de candidato.
La cara del exgobernador lo decía todo el domingo, cuando apareció temprano para hablar con los medios y despachar a periodistas y militantes, que rápidamente se retiraron de la casona de Mitre y Rivadavia. En los días que siguieron, Capitanich evidentemente recalculó y decidió modificar el libreto que venía desplegando para así poder aprovechar los votos de Ayala a fin de plantear un pronóstico optimista hacia octubre, cuando en el Chaco y el resto del país se elegirán legisladores nacionales. JMC, que había acusado al frente de Magda y a otros desprendimientos peronistas de ser "colectoras del oficialismo", declarándose a sí mismo "la única oposición", pasó a hablar en su nuevo discurso de "dos vertientes peronistas".
Lo que sí interesa es qué puede salir de todo esto. Lo primero será ver qué se perfila para la elección nacional. ¿Capitanich se impondrá como candidato a senador a pesar del resultado de la elección provincial o dará un paso al costado para favorecer una renovación que el PJ viene teniendo obstruida desde hace mucho? Su teoría remixada parece indicar que no piensa moverse de la intención de llegar al Congreso. Además, los números de este mayo, si se repitieran en el ocaso invernal, le permitirían asegurar el aterrizaje en el Senado.
En atención a eso, el jefe del partido da la impresión de dejar la apertura para después. Habla, por ejemplo, del congreso justicialista de noviembre, como una primera estación en la que podría aceptar que Ayala es peronista y tiene peso propio. Tras esa certificación político-bioquímica, sí cedería a una discusión del poder interno mirando a 2027. Sugestivamente, menciona el antecedente de Cristina Kichner en 2017, que al perder la elección legislativa bonaerense ante el macrista Esteban Bullrich y ser consciente de un techo electoral bajo, eligió a Alberto Fernández como candidato a presidente en 2019, jugada que le salió fantástica a CFK y no tanto al resto del país. ¿Habrá dentro de dos años un Alberto o Alberta de Capitanich? ¿Podrá replicar "Coqui" el rol de gran electora interna de Cristina en el ’19?
Entre paréntesis, este párrafo del artículo de "Rafa": "Las candidaturas testimoniales atrasan. La realidad, es un engaño al elector. Digámoslo con todas las letras. Si queremos jerarquizar la política a los ojos de la ciudadanía, desterremos el engaño. Si alguien fue halagado con el acompañamiento del voto, adquirió una obligación moral con sus electores que debe honrar".
MIRANDO AL VASO
En el gobierno, las lecturas sobre lo ocurrido en las urnas también oscilan entre la preocupación y la actitud contemplativa ante la mitad del vaso que tiene agua. En el bando de Zdero, cuando se habla en off, admiten que 8 resultó un talle de zapato más pequeño que el conveniente, pero agregan que mantener casi el mismo caudal del ’23 después de un ajuste general de la economía, durísimo en 2024 y de escasísimo alivio en lo que va de este almanaque, no es algo que carezca de mérito. Pero cuando uno escarba en las conversaciones, se reconoce que la batalla del ’27 quedó abierta. Falta incorporar al análisis, advierten, los resultados de octubre, que calmarán los nervios o los acentuarán, según qué arroje la balanza.
Además, objetan la idea de que el voto a la lista de Ayala deba interpretarse como íntegramente peronista. Podrían estar en ese casillero, argumentan, electores independientes que querían tomar distancia tanto del gobierno de Zdero como de la oposición de Capitanich. El costado optimista del análisis oficialista se redondea con la suposición de que en materia económica y social (y, finalmente, electoral) lo peor ya pasó. Creen que si las políticas nacionales funcionan y el humor social mejora, este 45% de 2023 habrá sido un piso y no un techo.
En estos asuntos, los cálculos a futuro son tan complicados como practicar caligrafía con el cuaderno apoyado en un chancho. Pero la política, mal que nos pese, es tan apasionante que cualquier proceso electoral empuja a desmenuzar datos y trazar pronósticos. Después la realidad (que hace muchísimo dejó de ser la única verdad) hará lo que se le cante la reverenda gana, pero los dirigentes y los periodistas diremos, sin que se nos mueva un pelo, que todo sucedió tal como lo preveíamos.
AUSENTES ¿CON AVISO?
Cada elección, también, mide -hasta con crueldad- los poderíos territoriales. Ayala en Barranqueras logró una victoria ajustada pero importante sobre Chaco Puede y Honcheruk en Villa Berthet fue votado hasta por los coatíes, y eso que en Villa Berthet no hay coatíes. En las tierras de Atlanto la cosecha de Capitanich fue un magro 6%.
El coquismo tiene por seguro que el radicalismo ayudó generosamente a los disidentes del PJ. Pero aunque eso es muy probable, el voto a Primero Chaco mostró que en el peronismo pasan cosas. Como la sorprendente paliza del oficialismo provincial a los Leiva en General San Martín, donde la lista de Zdero rozó el 50% y la del coquismo obtuvo el 37. Muchos intendentes se apuraron a aclarar que el domingo no se votaban cargos municipales. "El candidato era Coqui", se atajan, mientras pasan la lupa sobre las actas de escrutinio. En Resistencia el gobierno tuvo un respaldo fuerte, con 26 puntos de ventaja sobre el FCHMM, y en Sáenz Peña la brecha no fue tanta pero ayudó a sumar (trece puntos porcentuales de distancia).
De lo que no se habló mucho es de uno de los datos centrales del 11-M: la mitad de los habilitados a votar desistió de hacerlo. Y quién sabe cuántos más hubieran faltado si hubieran sabido que la inasistencia se paga con una multa de apenas 500 pesos. Se registró el presentismo electoral más bajo desde el ’83 hasta aquí. ¿Qué mensaje guarda esa botella que llegó a la costa desde el mar de palabras de la campaña?










