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Carta de lectores

A la querida Escuela Industrial

En el Centenario de la Escuela de Educación Técnica 21 (ex ENET 1, EPET 21) de Resistencia.

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Señor director de NORTE:

En este momento tan especial, quiero sumarme al homenaje con unas palabras que nacen desde lo más profundo de mi gratitud y afecto.

Egresé en la promoción de 1996 como maestro mayor de obras, y hoy, al mirar hacia atrás, puedo ver con claridad cuánto marcó mi vida haber transitado tus aulas, tus talleres y esos pasillos llenos de historia y sueños.

Recuerdo con emoción el orgullo de mis padres cuando elegí estudiar en esta escuela. Por aquel entonces, éramos todavía pocas las chicas que optábamos por ese camino "difícil", como decían mis abuelos. 

Para ellos, como para tantos, la Industrial representaba una oportunidad, una esperanza, un lugar donde el esfuerzo se transformaba en futuro. Y no se equivocaban.

Aquí encontré docentes extraordinarios: personas con verdadera vocación, capaces de enseñar no solo con conocimientos, sino también con el ejemplo, el entusiasmo y un compromiso que dejaba huella. Entre los más memorables para mí estuvieron los ingenieros Santos, Kuc, los arquitectos Holzer, Fariña, Molodezky, Olivello, los maestros mayores de obra Mónaco, Segovia, Díaz, Maidana, Pernaza y los profesores Sandoval, Marotte, Pérez, Fleitas, Serra, Chávez, Morínigo, Bellagamba, Cucueff, Aheberard, Induraín, Weschenfeller y Enríquez. También los preceptores Rey, Chaire y Valenzuela. 

Todos ellos —y muchos otros— sabían despertar la curiosidad, nos impulsaban a querer saber más, a entender mejor, a hacer las cosas con dedicación y orgullo. Esa chispa que supieron encender en mí sigue viva hasta hoy. Y estoy segura de que también arde en cada uno de los miles de egresados que pasaron por esta querida institución a lo largo de sus cien años.

También tuve la fortuna de conocer personas increíbles, verdaderos luchadores que con el tiempo se convirtieron en Amigos —con mayúscula— y que aún hoy siguen siendo parte esencial de mi vida. 

Gracias por ellos, por haberme permitido compartir sus historias, por abrirme las puertas de sus familias y por confiarme un lugar en sus corazones. 

Estoy segura de que todos coincidimos en que cada rincón de tus aulas y talleres guarda un recuerdo imborrable. Cómo olvidar, por ejemplo, el famoso tanque: ese lugar tan prohibido como irresistible, al que los más intrépidos trepaban en verano para darse un chapuzón y sentir, por un rato, que todo era posible.

Gracias, querida escuela, por todo lo que nos diste: por enseñarnos un oficio, una manera de ver el mundo, por formarnos con valores que aún hoy son guía en nuestra vida adulta.

¡Feliz centenario, Escuela Industrial! Que sigas formando generaciones con la misma pasión, vocación y grandeza con las que lo venís haciendo desde siempre.

Con orgullo y cariño,

FLAVIA VANINA FRANCESCUTTI 

PROMOCIÓN 1996 – 6TO "C" CONSTRUCCIONES

(INGENIERA AGRÓNOMA)

RESISTENCIA 

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