Antonio Gasalla, un memorable creador de personajes
Brilló en el teatro, el cine y la tv con sus personajes costumbristas, ácidos y delirantes que pintaron la sociedad de los `80 y los `90 y divirtieron a generaciones.

Con su carrera iniciada en el under de los años `60 –junto a Carlos Perciavalle y Edda Díaz entre otros- supo ser protagonista del teatro de la calle Corrientes, del cine más memorable y de las mejores épocas de la televisión abierta, donde triunfó en todos los canales de aire. Su talento actoral, su capacidad para el monólogo y su inigualable manejo del humor hicieron de Gasalla una figura imprescindible en la escena argentina, con un estilo único que oscilaba entre la ironía mordaz y la ternura entrañable.
Mamá Cora surgió cuando "Yo quería hablar de la vejez y salió un sketch con dos viejitas. Lo estrené con Jovita Luna y luego lo hice con Adriana Aizemberg", contó sobre la viuda de 78 años que llegó a la fama y al corazón de todos los argentinos con "Esperando la carroza" (Alejandro Doria, 1985). Este personaje, que trascendió generaciones, se convirtió en un ícono del cine nacional, con frases memorables y una caracterización tan creíble que muchas personas creían que realmente era interpretado por una anciana.
A Mamá Cora la sucedió La Abuela, que habitó el "living" de Susana Giménez por casi dos décadas haciendo un gran dúo con la diva. "La de "Esperando la carroza" era más gagá, La Abuela está más conectada con la realidad porque no quiero hacer una vieja que suscite pena, medio patética", explicó Gasalla sobre uno de sus personajes más entrañables. Con su humor filoso, La Abuela ponía en aprietos a sus entrevistados, lanzando preguntas incómodas o comentarios ácidos que descolocaban a políticos, artistas y deportistas por igual.
Yolanda, en tanto, era una señora mayor que le hacía creer a toda su familia que no podía caminar, por lo que nunca se levantaba de su silla de ruedas y exigía a su hija Marta (Norma Pons) y a sus hermanas que estuvieran a su completa disposición. "Sos yegua, Marta", era el leit motiv del reproche culpabilizador a su hija, adoptado como latiguillo en el lenguaje popular. Este personaje, que combinaba la comedia con una aguda crítica social, reflejaba con maestría las relaciones familiares tóxicas y los mecanismos de manipulación emocional.
Otra parodia, esta plena de histrionismo impiadoso al generalizar la actitud laboral de algunos trabajadores de oficinas estatales, fue La Empleada Pública, al frente de la mesa de entradas de algún ministerio o de la Casa Rosada. Mandona, malhumorada, maltratadora, chicanera, siempre comiendo bizcochos y tomando mate, recibía a celebridades junto a La González (Norma Pons). Este personaje, con su icónica frase "¿Quién te firmó el papel?", se convirtió en un retrato feroz de la burocracia argentina y su absurda rigidez administrativa.
La acomplejada, dubitativa y autofóbica Soledad Dolores Solari, siempre de negro y con guantes blancos, era hilarante y conmovedora a la vez. Soportaba la relación tóxica con su madre apoyada en su única amiga La Chabona, que trataba de rescatarla de su casa y mostrarle algo de la realidad. Eterna paciente de psicólogos, uno de ellos la dejó hablando sola para ir a comer, pero otro terminó ahorcándose. Este personaje, quizás uno de los más complejos de Gasalla, reflejaba la angustia existencial y las contradicciones de una sociedad obsesionada con la imagen y la aprobación ajena.
Otra ácida caricatura del genio creador de Gasalla fue Bárbara Dontworry, presentadora de un programa de cable, con sus rasgos deformados por incontables cirugías estéticas, que parodió las tendencias de moda, salud y entretenimiento que en los `90 contribuían a anestesiar aún más a una clase media ya embobada con el "uno a uno" y el "primer mundo" menemista, enamorada de Miami y el "deme dos" de los nuevos ricos que creían ser tales. Esta sátira punzante exponía con crudeza el culto a la frivolidad y la superficialidad de la época.
Además de estos personajes icónicos, Gasalla creó muchos otros que con su humor filoso e inteligente y su extraordinaria capacidad de observación supieron captar las preocupaciones, neurosis y contradicciones de la sociedad argentina. Su legado en el humor y en la tv sigue vigente, con frases y situaciones que aún se recuerdan y se utilizan en el lenguaje cotidiano.
Su talento lo llevó a compartir escenario con grandes figuras del espectáculo y a recibir numerosos premios a lo largo de su carrera, incluyendo el Martín Fierro de Oro y el Premio Konex. Sin embargo, más allá de los galardones, su mayor reconocimiento proviene del público que lo sigue recordando con enorme cariño y admiración.
El humor de Antonio Gasalla, que oscilaba entre lo absurdo y lo realista, lo convirtió en uno de los grandes referentes del teatro de revista, la tv y el cine argentino. Su capacidad para interpretar múltiples personajes, su aguda crítica social y su entrega a la actuación lo consolidaron como un artista irrepetible. Hoy, su legado continúa vivo en el imaginario colectivo, y sus personajes siguen sacando sonrisas y reflexiones a quienes disfrutan de su arte.










