Cómo se debilitan las democracias
Las democracias modernas no colapsan debido a golpes militares o revoluciones violentas, sino que sufren un lento proceso de erosión desde adentro impulsado por la acción de líderes electos que subvierten el sistema democrático. Así lo advierten los politólogos de la Universidad de Harvard, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, en el libro "Cómo mueren las democracias".
Los académicos argumentan que una característica común en estos líderes es que utilizan los mecanismos democráticos para desmantelar gradualmente las instituciones, el sistema judicial y la prensa libre, lo que conduce a un deterioro paulatino del sistema. Este proceso –sostienen los autores– se produce por la erosión de las normas políticas tradicionales y el debilitamiento de los controles institucionales, como el sistema de "checks and balances", lo que permite a los líderes autoritarios consolidarse en el poder. También observan que otro rasgo común es la imposición de una agenda política o la acumulación de poder "jugando fuerte" en temas constitucionales, con tácticas como llenar la Corte Suprema de partidarios, y que este desgaste del sistema puede ocurrir en cualquier país, incluso en aquellos con una larga tradición democrática, como Estados Unidos.
Aunque el análisis que realizan Levitsky y Ziblatt no se centra exclusivamente en América Latina, los autores sí mencionan ejemplos generales de cómo las democracias pueden ingresar en una zona de riesgo. En ese sentido, se puede decir que en el contexto de la región algunas naciones han experimentado procesos que podrían considerarse como ejemplos de erosión democrática, aunque no necesariamente estén mencionados directamente en el citado libro. Países como Venezuela, Nicaragua, El Salvador y Brasil (bajo el gobierno de Jair Bolsonaro) han experimentado una preocupante concentración de poder y un desmantelamiento de los controles democráticos. En Venezuela, Nicolás Maduro consolidó un régimen autoritario que se sostiene sobre la manipulación electoral, el control de los medios y la persecución de la oposición. En Nicaragua, Daniel Ortega transformó el país en una dictadura personalista, mientras que en El Salvador, Nayib Bukele adoptó medidas que ponen en entredicho la independencia del Poder Judicial, creando un régimen de creciente control centralizado.
Si bien estos ejemplos pueden parecer distantes, la pregunta sobre la salud democrática es pertinente en cualquier parte del mundo. En la Argentina actual, un episodio reciente ilustra cómo la erosión puede manifestarse en situaciones de confrontación política. El caso de Facundo Manes, diputado nacional, quien fue agredido verbalmente por el asesor presidencial Santiago Caputo, no solo refleja la tensión creciente en la arena política, sino también una preocupante falta de respeto por las normas democráticas. Caputo, quien no ocupa un cargo público formal y no tiene un mandato popular, amenazó con "tirar el Estado encima" de Manes luego de que el radical mostrara la Constitución Nacional en la asamblea legislativa. Este incidente ilustra no solo la intimidación política, sino también el uso del poder estatal de forma arbitraria y fuera de control.
La politóloga María Esperanza Casullo y el académico Matías Bianchi ofrecen una reflexión clave sobre el papel de las instituciones y los actores políticos en la preservación de la democracia. Según su tesis, cuando emergen partidos o candidatos con características autoritarias, la clave del desenlace político no depende únicamente de la voluntad de esos gobiernos. Casullo y Bianchi observan que la responsabilidad recae, en gran medida, en los partidos de oposición y en los actores institucionales que pueden ejercer un contrapeso, como las Cortes supremas, jueces y gobernadores. Este es un llamado de atención sobre el rol activo que deben jugar las instituciones democráticas y los actores políticos, quienes deben ser los primeros en frenar cualquier intento de vulnerar las reglas del juego democrático. Como bien afirman Casullo y Bianchi, "esperar que estos gobiernos con poco apego a las reglas de juego de la democracia se autolimiten es utópico".
La historia reciente de América Latina demuestra que los líderes autoritarios no se limitan por sí mismos. En muchos casos, los golpes al sistema democrático comienzan como pequeñas grietas, aparentemente inofensivas, que se amplían a medida que las instituciones permiten que se deshagan de sus mecanismos de control. Esto sucede cuando se socavan los valores fundamentales de la democracia, como el respeto a la oposición, la libertad de expresión y la separación de poderes.










