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Si no aprendemos de esta crisis, ¿Cuándo?

Hay dos Chacos. Uno, el productivo primario y el otro, el que vive en la mesa de café, que puede aún cobrar sus haberes cada fin de mes sin sobresaltos. A uno le agobia lo que está pasando con la ola de calor, al otro le interesa el tránsito medido.

Amigos queridos: no hay reacción ante es el estado de desastre que vive la producción primaria chaqueña. No quedan maíces, no queda soja en pie, el algodón, que es el cultivo más fuerte, se niega a tirar la toalla y se sigue cosechando por adelantado, debido al calor, pero con rindes bajos y aún está por verse la calidad de fibra.

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Los horticultores han perdido gran parte de su producción, y los productores ganaderos dividen las expectativas de acuerdo a la zona donde tengan sus vacas, que tengan comida y agua.

Hay zonas como las de San Bernardo, Villa Berthet y parte de Samuhú, por ejemplo, que ya no hay pasturas naturales, y las represas se van agotando. 

"Llueve en todos lados menos en el Chaco", decía un productor ganadero de Villa Angela a este periodista mientras recorríamos un predio donde el ruido que hace al pisar el pasto, es el mismo que cuando la helada lo quema. Ahora, no fueron las temperaturas bajo cero, sino el calor intenso.

EL DRAMA QUE NO VEMOS

El testimonio de los productores y de los técnicos que nos acompañaron en las recorridas a los predios de diferentes zonas del Chaco que visitamos, es abrumador.

"El jueves desde mi zona del Lote 10 La Tigra, nos fuimos a Napenay, pasando por La Montegrina, La Mascota, y vimos lotes innumerables sin sembrar, otros y muy pocos sembrados de los cuales, bastante fea la siembra, soja muy quemada, algodones sin carga y así parece que va a quedar lamentablemente", comentó Sebastián Maztaler.

"Lo más triste de todo esto, es que no todos los productores van a poder volver a trabajar sus chacras, muchos van a quedar en la lona, sólo con el cuento que eran productores", alertó el joven chacarero de La Tigra.

Es que tiene razón, porque son dos y hasta tres campañas consecutivas malas a muy malas, donde el que siembra, viene refinanciando sus deudas, y sería un milagro que se les financie nuevamente. 

Literalmente, amigos, esto significa que habrá productores que van a tirar la toalla, no van a poder seguir y como no se han logrado reconvertir (y me animo a decir con mucha complicidad de la clase política que mira al campo con otros intereses que no son los que tiene el productor y que viene de larga data), y si no llueve, tendrán que vender sus tierras al mejor postor porque sencillamente están quebrados. ¿Se entiende?. Están quebrados.

Y hay interesados que ya sobrevuelan cuales cuervos cuando advierten que ha muerto un animal, frotándose las manos para quedarse por menos de su valor con esos campos. ¿Alguien puede negar esto?

SOBRE SECO, ¿QUEMADO?

Pero es todo eso, ya que se sabe perfectamente que el gobierno de Javier Milei, ha comenzado a eliminar algunos impuestos que son distorsivos, quitando algunas medidas que eran tan burócratas que solo frenaban la posibilidad de trabajo y desarrollo. Eso, implica que habrá algunas provincias que querrán, para sostener sus ingresos fiscales, aplicar otras tasas y por qué no seguir hablando de los ingresos brutos.

Es increíble que el que produce, tanto en el campo como en la actividad industrial, tengan que celebrar, no que se quiten impuestos, sino que no pongan nuevos gravámenes.

APRENDER DE LA CRISIS

Esta crisis que va generar la ola de calor, con un aparato productivo quebrantado, no se resuelve con declaraciones de emergencia y desastre. Hoy hay un apuro en hablar de ello como si fuera algo que devolverá la posibilidad de resurgir al campesino. Al contrario, le quita credibilidad, le genera a quien pretenda financiar -desde el sector privado- una inseguridad jurídica. 

Lo que el gobierno, las instituciones y los productores mismos tienen que generar son espacios de diálogo abierto para poder fijar metas para la próxima campaña agrícola, mirando atentamente lo que dice el clima, elegir las fechas de siembra, persuadir al SENASA con estos temas para el cual el INTA Sáenz Peña viene trabajando fuertemente en el caso del algodón.

Pero tendrá que trabajarse también con la Administración Provincial del Agua -APA-, los consorcios camineros, las asociaciones de productores, juntando a los técnicos y evacuar los mitos en cuanto a que si sirven o no los canales de desagües, o si el problema es la falta de manejo del agua, y analizar por qué se han perdido los espejos de agua, por qué las cañadas ya no están y hasta hay sembradíos en ellas, y aun así, todo está seco.

¿Estamos preparados para debatir y tomar decisiones cruciales?. Si no lo hacemos, no habremos aprendido nada y sería interesante que el nuevo ministro de la Producción Oscar Dudik que conoce de las cuestiones del aparato productivo, pueda anotar en su agenda estos temas, cosa que seguramente lo hará porque ya lo hemos conversado en estos días. 

Lo mismo, merece un capítulo importante la situación de la foresto industria, que está paralizada, porque se ha prorrogado la prohibición de los cambios de uso de suelo, y a la par, la Nación no acredita el OTBN sancionado por la legislatura chaqueña por unanimidad.

Sin embargo, lo que no se frena, es la acción de las topadoras que siguen arrasando con nuestros montes en forma ilegal, dado que las multas son bajísimas comparadas con el daño ambiental que hicieron. Las topadoras se incautan, pero por poco tiempo, luego son devueltas a sus dueños, y vuelven a reincidir en esta acción que no es un delito según el código penal, sino simplemente una falta, una contravensión.(¿?)

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