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Algoritmos y opinión pública

A través de plataformas como redes sociales, motores de búsqueda y aplicaciones, los algoritmos (serie de pasos o reglas prediseñados para resolver un problema) tienen el poder de personalizar y moldear el contenido que se muestra a los usuarios, lo que puede afectar sus opiniones, creencias y comportamientos.

Estas nuevas tecnologías crean espacios donde las ideas no solo se difunden, sino que se moldean con el fin de reforzar creencias existentes y generar reacciones emocionales. Este fenómeno ha alcanzado un nuevo nivel de complejidad, tal como lo describe Giuliano da Empoli en su ensayo Los Ingenieros del Caos, donde analiza cómo los algoritmos y la manipulación emocional son herramientas claves dentro del movimiento populista global.

Cuando en febrero pasado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, culpó a Ucrania de haber iniciado la guerra en Europa del Este; su par Volodimir Zelenski respondió que el magnate estadounidense vive en una "burbuja de desinformación". Se refería a que Trump, según el mandatario ucraniano, estaría influenciado por información falsa o engañosa generada por Rusia. Hay que recordar que no son pocos los que creen que, de hecho, el acceso del propio Trump a la Casa Blanca fue en gran medida gracias a una campaña electoral basada en el poder de los algoritmos.

Es que, a través de algoritmos diseñados para mostrar contenido alineado con las opiniones previas del usuario, las personas se ven atrapadas en entornos digitales donde la diversidad de ideas y opiniones es reemplazada por una visión unidimensional que refuerza sus creencias. Este fenómeno, lejos de ser inofensivo, tiene implicaciones profundas en la polarización social. Al generar espacios de confort intelectual, los algoritmos evitan el enfrentamiento de ideas disonantes y contribuyen al endurecimiento de posturas extremas.

Eso mismo plantea el sociólogo italiano Giuliano da Empoli, en su ensayo "Los Ingenieros del Caos", donde explora las estrategias detrás del ascenso de los movimientos de extrema derecha en distintos países, ofreciendo una visión crítica sobre cómo la tecnología y la manipulación emocional están cambiando el panorama político global.

Lo que da Empoli denomina los "ingenieros del caos", son individuos que, desde las sombras del marketing digital, diseñan estrategias para canalizar las emociones de la sociedad, especialmente la ira, a través de los medios digitales. La fórmula que proponen estos estrategas –ira más algoritmo– es un modelo que se adapta perfectamente al populismo moderno. De hecho, en eventos como el Brexit, la elección de Donald Trump y el ascenso de Matteo Salvini, los algoritmos –señala da Empoli– jugaron un rol clave al amplificar mensajes diseñados para provocar una reacción emocional inmediata, movilizando a las personas con promesas de cambio. La clave de este fenómeno reside en su capacidad para crear y amplificar narrativas emocionales. Al utilizar grandes volúmenes de datos sobre comportamientos y preferencias de los usuarios, los algoritmos permiten a los estrategas políticos personalizar sus mensajes de manera que resuenen con las emociones de cada individuo, haciéndolos más vulnerables a la manipulación. Es aquí donde la política populista encuentra un terreno fértil para prosperar: el miedo, la ira y la frustración se convierten en vehículos poderosos para cambiar la dirección de la opinión pública. Claro que este proceso de movilización emocional no se limita a las campañas electorales. Las redes sociales son, en la actualidad, el campo de batalla donde los mensajes, muchas veces sensacionalistas o falsos, ganan tracción rápidamente, debido a la predisposición de los usuarios a compartir contenido que los afecta emocionalmente. La desinformación, al igual que las noticias falsas, se propaga con una rapidez que supera cualquier intento de desmentirlas. Y, en muchos casos, los algoritmos no solo facilitan esta propagación, sino que la amplifican.

Como advierte da Empoli, el trabajo de los "ingenieros del caos" muestra la capacidad de la tecnología para alterar la forma en que las sociedades se informan, piensan y actúan. ¿El mundo está ante un nuevo tipo de política, una política de emociones, donde las decisiones no se toman a partir de un debate racional, sino por la fuerza de la ira o el miedo provocados por las narrativas configuradas por los algoritmos? Todo parece indicar que sí. Frente a este panorama, es necesario exigir más responsabilidad a las plataformas digitales y avanzar con una regulación más estricta sobre los algoritmos.

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