Julio Broner, argentino por opción
Fue un ícono de la industria argentina en los años 70, y se esforzó para promover la industria nacional con desarrollo tecnológico.
El libro"Julio Broner, argentino por opción", de Tamara Taraciuk Broner, cuenta la historia de un inmigrante polaco que llegó a la provincia del Chaco escapando de los nazis junto con sus padres y hermanos, sin hablar una palabra de castellano, y dedicó su vida a implementar lo que él veía como un mejor futuro para el país que adoptó como propio.
Julio Broner creó Wobron, una empresa autopartista que se transformó en un ícono de la industria argentina en los años 70, y se esforzó para promover la industria nacional con desarrollo tecnológico, no solo en su empresa, sino en el ámbito de la política económica del país.
A través de su rol como dirigente gremial empresario en la Confederación General Económica antes y durante el tercer gobierno del general Juan Domingo Perón, Broner contribuyó al diseño e implementación de una política económica que buscó, a través del diálogo social, promover la industria nacional, impulsar el mercado interno, mejorar la calidad de vida de los trabajadores y posicionar a la Argentina en el mundo.
Debido a su exposición pública durante estos años, la Junta Militar que asumió el poder en 1976 le quitó su ciudadanía argentina, intentó asesinarlo y fabricó un expediente judicial para solicitar su extradición de Venezuela, donde se había exiliado después del golpe militar.
Julio Broner permaneció cinco meses detenido —hasta que la Corte Suprema venezolana rechazó la extradición— y varios años exiliado en Caracas.
Como empresario exitoso, demostró que era posible poner en práctica lo que decía que debía hacerse. Predicaba con el ejemplo. Wobron era su empresa, su trabajo, su vida. Pero él creía que no era suficiente limitarse que sus "muchachos" —como llamaba a los trabajadores de la empresa— tuvieran un comedor o asistencia social, y por eso se involucró en la CGE.
Decir que los contactos y ser un empresario exitoso lo ayudó es una obviedad. Tenía la capacidad no solo de pensar un proyecto de país, sino de ejecutarlo.

Su participación en el Pacto Social de 1973 tuvo más que ver con lo que creía que era mejor para el país y para los trabajadores en general, que para él o su empresa, donde las cosas marchaban bien.
Muchas de las medidas de aquel Pacto Social volvieron a aplicarse, como el control de divisas, la restricción a las importaciones, los precios cuidados y la reinstalación de paritaria (por supuesto que no es lo que sucede hoy).
Broner tenía una genuina conciencia social, se preocupaba por los obreros de su fábrica y sus hijos, y por la totalidad de sus empleados.
No buscaba que la Argentina fuera el mejor país del mundo, sino que —entendiendo cómo funcionaba todo— buscaba que la Argentina sea exitosa en ese mundo.
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