Enrique Winter, ofidiólogo
Augusto Schulz lo describió como una persona que desarrolló "una actividad beneficiosa con la dedicación propia del que desea, por sobre todo, el bien público."
Nació en 1907 en el seno de una familia que le dio a la educación chaqueña un número considerable de docentes. Quizás por vocación, por decisión familiar o porque era la única manera de continuar estudios secundarios, él también fue un maestro egresado de la Escuela Normal Sarmiento.
Hasta 1936 se desempeñó en tareas de administración de un obraje en el interior del Chaco, circunstancia que lo puso en contacto de las duras condiciones de vida de los hacheros. Desde entonces, ocupó cargos docentes en escuelas rurales de Machagai, Margarita Belén y Colonia Benítez. En estas dos últimas localidades trabajó bajo la dirección de don Augusto Schulz, con quien estrechó una sólida y larga amistad, la que sin dudas habrá incentivado la vocación que afloraría luego.

La realidad que percibía en el campo chaqueño le advirtió del peligro que significaba para niños y adultos la existencia en la zona de serpientes venenosas que se cobraban vidas o ponían en peligro la de los vecinos. Entabló entonces, en la década del cuarenta, relaciones con el Instituto Malbrán de la Capital Federal llegando al acuerdo de que, a cambio del envío de ejemplares de serpientes, el Instituto le remitiría suero antiofídico.
La casa que compartía con su familia en Colonia Benítez tuvo desde ese momento una gran jaula en donde depositaba los ejemplares que le eran entregados por vecinos de la zona, hábilmente concientizados acerca de la necesidad de contar con el antídoto específico, que no se conseguía en las farmacias ni en centros de salud.
Las víboras eran colocadas en envases especiales provistos por el Instituto y remitidas a la Capital, y era Winter quien se hacía cargo de los gastos de envío. El suero que llegaba a cambio era distribuido en escuelas rurales y centros de salud.
Hasta 1948 permaneció en la Colonia y por razones familiares debió trasladarse a Resistencia. En su despedida de la docencia, en el último asiento de su cuaderno de actuación profesional, el doctor Schulz dejó escrita esta frase que sintetiza su labor en la comunidad, para la cual organizó y trabajó en una Sociedad de Beneficencia cuyo objeto era el de ayudar a la atención sanitaria de los vecinos pobres:"Desarrolló una amplia y progresista actividad en todas las manifestaciones que pudieran beneficiar a la Colonia con la dedicación propia del que desea por sobre todo el bien público, pues conoce bien al pueblo... y sacrificó hasta sus horas libres y de descanso por el bien al prójimo."
En la ciudad de Resistencia pasó a desempeñarse en la Delegación Sanitaria Federal dependiente del Ministerio de Acción Social y Salud Pública de la Nación (más conocida en el medio como Asistencia Pública) que funcionaba en el local de Hipólito Yrigoyen 86. En una habitación de ese local instaló el depósito de serpientes y continuó con la labor iniciada trabajando voluntariamente, ya que sus funciones específicas eran administrativas.
A los 57 años falleció por una secuela que le dejó la mordedura de una yarará... como un capricho del destino.
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