La inflación sumerge a millones de argentinos en la pobreza e indigencia
Para no ser pobre, una familia de cinco integrantes y dos mayores requirió en diciembre de 2024 contar con $ 2.022.347 de bolsillo.
A modo introductorio se comparte el concepto que publica el Indec respecto de la canasta básica alimentaria, la que se determina tomando en cuenta los requerimientos normativos kilocalóricos y proteicos imprescindibles para que un varón adulto de entre 30 y 60 años, de actividad moderada, cubra durante un mes esas necesidades. Para esta medición se seleccionaron los alimentos y las cantidades en función de los hábitos de consumo de la población, a partir de la información provista por la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 1996/97.
En virtud de que los requerimientos nutricionales son diferentes según la edad, el sexo y la actividad de las personas, es necesario hacer una adecuación que refleje las características de cada miembro de un hogar en relación con sus necesidades nutricionales.
La variación mensual de la canasta básica alimentaria y total en diciembre de 2024 fue del 2,3 %; la variación interanual del 86,7% % y 106,60 %, respectivamente, incrementando la cantidad de personas que cayeron en la pobreza e indigencia.
Para ello, se toma como unidad de referencia el requerimiento energético (2.750 kcal) del varón adulto y se establecen relaciones en función del sexo y la edad de las personas. A su vez para determinar la canasta básica total (CBT) se amplía la CBA, considerando los bienes y servicios no alimentarios.
El incremento acumulado del valor de la canasta básica total (CBT) ascendió al 106,6% durante el año 2024, situación que proyecta un incremento de familias y personas que caerán bajos los umbrales de pobreza, la misma suerte caerán con respecto al parámetro de indigencia, dado que el acumulado arriba al 86,70%.
Evaluación según la composición familiar
A modo de aporte para una evaluación de los diferentes hogares en las provincias argentinas, se realiza una ponderación de diferentes hogares teniendo en consideración la propia composición de cada uno de ellos, y tomando como base el valor asignado al adulto equivalente en cuanto a su requerimiento para superar la pobreza e indigencia.
Nivel de indigencia
En la medición del umbral de indigencia se emplean diferentes composiciones de hogares para así, realizar una visión de otros tipos diferentes a los determinados por el Indec. En el primer caso analizado conformado por un matrimonio y dos hijos menores se necesitaron $ 449.313,69 solamente para alimentarse, y en el otro extremo con un matrimonio, cinco hijos pequeños y dos abuelos, para poder alimentarse y no caer en la indigencia se requirieron $ 886.994,66 para contar con alimentos que les permitieran alimentarse con niveles proteicos adecuados.
Estos valores consideran solamente lo requerido para alimentarse, que considerando las cantidades y tipos de alimentos que se emplean para la medición, estimo que distan de lo que realmente es necesario para estar en buen estado alimenticio.

Nivel de pobreza
En cuanto al nivel de pobreza, se tomaron los mismos grupos familiares, para así determinar cuánto fue necesario para no caer bajo el umbral de pobreza. Entonces vemos que cuando se trata del primer caso, los ingresos necesarios fueron de $ 1.024.435,21 en el caso de un matrimonio con tres niños asciende a $ 1.077.480,40. Y de un matrimonio con cinco hijos lo requerido fue de $ 1.525.049,18 y finalmente si fuera un matrimonio con cinco hijos que incorporan a dos abuelos, como lo hacen la mayoría de las familias del Nordeste, lo necesario para no ser pobre se elevó a los $ 2.022.347,82.
Como puede concluirse, son pocos los trabajadores que cuentan con un sueldo que arribe a estos valores, a los que debemos adicionar otros gastos que se movilizan por otro carril, como lo son los alquileres, transporte, cable, telefonía, seguridad, medicina prepaga, etc.

Nadie mide el efecto de la incertidumbre
Ya cerrado el año 2024, se observa con elevada preocupación que los ingresos para superar el umbral de pobreza e indigencia tienden a elevarse en una forma más rápida que los sueldos e ingresos de los trabajadores.
Se debe tener presente que aún resta por impactar en los niveles de precios los correspondientes a los servicios públicos, y otros valores de bienes estacionales que aún se encuentran en plena contención.
A esto se le debe agregar el efecto de la incertidumbre, que aunque no se lo mida, posee también un alto impacto sobre el precio en góndola de bienes de consumo masivo, sobre todo, en aquellos de consumo habitual del consumidor.
No menor es el impacto de los precios del sector salud, que en este caso, golpean fuertemente a nuestros mayores, que con bajos sueldos, deben afrontar precios elevados de los medicamentos muchos de los cuales recibían en forma gratuita.
Es un tiempo diferente que requiere medidas proconsumidores y trabajadores, tanto para el sector activo como fundamentalmente para nuestros mayores jubilados y pensionados.
Es necesaria una mirada de misericordia para los afectados por los vaivenes de la economía, fundamentalmente en aquellos bienes y servicios indispensables donde duelen más los ajustes. Es mi visión.
(El autor es magister Universidad de Barcelona, docente universitario en Finanzas Públicas, investigador de Fundación IEFER).
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