Seguridad global cada vez más amenazada
El último informe del Instituto Internacional de Estudios para la Paz (Sipri, por sus siglas en inglés), con sede en Estocolmo, advierte que se registra un continuo deterioro de la seguridad mundial. Las repercusiones de las guerras de Ucrania y Gaza, observa el documento, son visibles en casi todos los aspectos de las cuestiones relacionadas con el armamento, el desarme y la seguridad internacional, pero más allá de estas dos guerras hubo conflictos armados en otros cincuenta Estados.
Los enfrentamientos en la República Democrática del Congo y Sudán provocaron el desplazamiento de millones de personas, y el conflicto estalló de nuevo en Myanmar en los últimos meses de 2023. Las bandas criminales armadas constituyeron un importante problema de seguridad en algunos países de América Central y del Sur, lo que provocó el colapso efectivo del Estado en Haití durante 2023 y principios de 2024.
Todo indica que la carrera armamentista está lejos de detenerse y que la situación mundial parece encaminarse por un sendero peligroso, donde el equilibrio de la seguridad global se ve cada vez más comprometido. Mientras se avanza en la fabricación de nuevas armas, la modernización de las existentes y el aumento de los arsenales nucleares, el escenario internacional se torna más incierto. Las tensiones geopolíticas, que se exacerban por las guerras en Ucrania y Gaza, tienen implicaciones directas sobre la política armamentista en todo el planeta.
Las grandes potencias continúan apostando por la disuasión nuclear, como si este enfoque de fuerza fuera la única respuesta a las rivalidades que las dividen. En este contexto, el número de armas nucleares en desarrollo no deja de crecer. La proliferación de misiles con capacidad nuclear y las innovaciones tecnológicas para la mejora de estos sistemas no hacen más que sumar al arsenal global, elevando los riesgos de una escalada descontrolada. Rusia y EEUU, que poseen la mayor parte de las armas nucleares del mundo, siguen con sus políticas de fortalecimiento, sin mostrar signos de retroceder, mientras que otros países como China, India y Pakistán también buscan incrementar sus capacidades nucleares, multiplicando las ojivas desplegadas en misiles balísticos.
Según el Sipri, lo que llama la atención no es solo el crecimiento de los arsenales, sino la creciente opacidad en torno a estos. La transparencia sobre el número exacto de armas y los detalles de su despliegue son cada vez más opacos, especialmente después de la invasión rusa a Ucrania. Este comportamiento solo aumenta la desconfianza entre naciones y fomenta una espiral de incertidumbre. A medida que las potencias mundiales se enfocan en esta competencia por la superioridad armamentística, el riesgo de que se produzca un conflicto de dimensiones imprevisibles se incrementa.
Además, el panorama de inseguridad se expande a otras regiones. En África y América Latina, conflictos como los que asolan la República Democrática del Congo y Haití siguen desplazando a millones de personas, mientras que en el Sudeste asiático las tensiones no cesan. La respuesta a estos conflictos no se limita a esfuerzos diplomáticos; también se refleja en un incremento de la inversión en defensa, como ha ocurrido en Japón, que, tras décadas de pacifismo, ha decidido rediseñar su estrategia de seguridad. El rearme de Japón, en un contexto de creciente amenaza por parte de China y Corea del Norte, es una muestra de cómo el temor a la inestabilidad está motivando a muchos países a fortalecer sus capacidades bélicas.
Esta semana, el Reloj del Juicio Final, que simboliza lo cerca que está la humanidad de la destrucción, se ha adelantado un segundo hasta situarse a 89 segundos de la medianoche. El ajuste de este simbólico reloj lo realizan los integrantes del Boletín de Científicos Atómicos (BAS), luego de analizar las amenazas nucleares, los posibles usos indebidos de los avances en biología e inteligencia artificial y el cambio climático.
Las palabras de Dan Smith, director del Instituto Internacional de Estudios para la Paz (Sipri), deben servir como una advertencia: es necesario dar un paso atrás antes de caer en un conflicto de consecuencias devastadoras. Las grandes potencias, que aún parecen pensar que la superioridad militar es la llave para resolver sus diferencias, deben reconsiderar sus prioridades. La seguridad global no puede depender únicamente del poder destructivo, sino de un esfuerzo coordinado por la paz y la cooperación internacional.










