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La necesidad de no bajar la guardia frente al dengue

En un reciente informe del Ministerio de Salud, la provincia da cuenta de un incremento de casos probables de dengue, a pesar de no haber aún casos positivos confirmados. Cuatro nuevos casos que se suman a la preocupación generalizada por la posibilidad de que la enfermedad que transmite el mosquito Aedes Aegypti haga su aparición en plena temporada estival. No es un escenario lejano ni improbable: el dengue se ha instalado en nuestra región como una enfermedad endémica, y la amenaza de brotes continúa latente.

El dengue no es una enfermedad que se limite a los meses más cálidos del año. La adaptación del mosquito a temperaturas más bajas y los efectos del cambio climático han transformado este virus en una preocupación de salud pública que trasciende las estaciones. Lo que antes se consideraba una amenaza estacional ha mutado en un problema permanente. En 2024, América del Sur registró cifras alarmantes, superando los 9,3 millones de casos hasta la semana 23, un número que duplica los casos reportados en 2023. Este incremento exponencial deja claro que la lucha contra el dengue debe ser constante, sin pausas.

En este contexto, las autoridades sanitarias han subrayado la importancia de la vacunación, especialmente para los grupos etarios más vulnerables. Si bien la vacuna gratuita está disponible, la baja concurrencia a los centros de salud muestra la falta de conciencia sobre el riesgo latente del dengue, incluso cuando no se registran casos positivos. La percepción del riesgo, un fenómeno psicológico que determina nuestra actitud frente a una amenaza, parece jugar en contra, y no podemos permitir que el desinterés sea un obstáculo para la prevención.

Las autoridades también destacan el descenso de casos en regiones cercanas como Misiones, que, debido a su cercanía con Brasil, ha estado en constante alerta por el aumento de casos en el país vecino. Sin embargo, este descenso no debe llevarnos a la complacencia. La situación en la región es aún incierta y puede cambiar rápidamente si no seguimos tomando medidas adecuadas.

El dengue no solo exige una acción preventiva individual, sino colectiva. La eliminación de criaderos de mosquitos en nuestros hogares y entornos inmediatos debe ser una prioridad. Todos somos responsables de mantener nuestros patios, jardines y alrededores libres de objetos que acumulen agua, y de tapar y cubrir adecuadamente los recipientes que usamos para almacenar agua. Solo con la colaboración de la comunidad podremos reducir el riesgo de propagación del virus.

Además, las medidas de protección personal, como el uso de repelentes y ropa protectora, son fundamentales. El dengue no discrimina, y su transmisión se puede volver imparable si no se adoptan las precauciones adecuadas. Asimismo, es esencial que cualquier persona que presente síntomas sospechosos, como fiebre, dolor muscular o sarpullido, consulte rápidamente a un profesional de la salud.

El dengue ya no es solo un problema estacional, es un problema de salud pública que requiere una vigilancia constante. No se debe bajar la guardia. La experiencia enseña que, cuando se trata de enfermedades como el dengue, la prevención siempre es más efectiva que la cura. La lucha contra el  Aedes aegypti es una responsabilidad de toda la comunidad que no se puede ni debe eludir. Un aspecto a tener en cuenta es que aunque las alertas por el dengue parecen lejanas, muchas personas tienden a subestimar el riesgo de esta enfermedad. La situación puede cambiar si se permite que el brote de esta enfermedad viral alcance mayor magnitud, con sus consecuencias no solo para quienes la padecen, sino también para el sistema de salud y la economía de la región.

En la provincia, la vacunación contra el dengue se ofrece de manera gratuita a jóvenes entre 15 y 30 años, y, con el paso de las semanas, se amplía en intervalos de cinco años más el grupo habilitado para recibirla. Sin embargo, la participación en la campaña de vacunación es, como se dijo, baja, lo que refleja una cuestión clave en salud pública: la percepción del riesgo. Es decir, la falta de conciencia sobre la amenaza que implica el dengue cuando no hay casos evidentes en las comunidades. Esta percepción distorsionada lleva a que solo unos pocos se acerquen a los centros de salud a vacunarse.

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