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Carta de lectores

La paradoja del antinatalismo

Señor director de NORTE:

Si bien las paradojas se sitúan en el plano lógico, algunas se muestran como contradicciones en la práctica, y una de ellas es la política antinatalista o de control poblacional, que hoy se enfrenta a la enorme preocupación de gran cantidad de países que ve en su futuro la desaparición de la población, y que provoca el desarrollo de políticas natalistas. 

Más de cincuenta años de insistencia en ciertas ideas desde organismos mundiales –y con estrategias claras de imposición– han ganado una batalla cultural, es decir, se han instalado en el pensamiento de una gran cantidad de personas y hoy parece imposible revertirlas. Los esfuerzos por convencer a los jóvenes acerca de la importancia de los hijos, además de las acciones económicas y los beneficios concretos para quienes decidan tenerlos (guarderías gratuitas, largas licencias, premios en dinero y hasta en oro), no logran su cometido. Uno de los ejemplos más mencionados es Corea del Sur, que ve reducir su población a pasos agigantados y alarmantes, pero Corea del Norte, los países europeos y asiáticos en general, y también el nuestro muestra un descenso en la natalidad. China, con su política del hijo único redujo la población a tal punto que hoy tiene dificultades para conseguir cubrir las necesidades laborales a pesar de permitir más hijos.

Los argumentos y las predicciones fueron sencillos, aunque falsos, y a pesar de esto, se siguen manteniendo y difundiendo. Muchos alumnos no saben historia, ni geografía, ni están informados de cuestiones políticas y económicas que los afectan, pero repiten como un mantra estos argumentos. Uno de ellos es que los recursos naturales no alcanzan para todos, y otro es que el aumento de la población es la causa del cambio climático y la extinción de las especies. 

El primero es un argumento elaborado por Malthus en 1798 y que ha derivado en el maltusianismo difundido en economía, en ecología y en diversos ámbitos, que afirma el crecimiento poblacional muy por encima del crecimiento de los recursos, por lo cual, con el tiempo, no alcanza para todos. Si bien Malthus proponía una mayor producción de alimentos, de todos modos no sería suficiente, lo cual conduce a que las guerras, el hambre y las epidemias sean consideradas positivamente, ya que reducen la población. 

Sin embargo, son los ricos del mundo, poseedores de más del 80% de la riqueza mundial, quienes sostienen estas ideas, ya que, salvo excepciones, no aceptan que el mayor problema es la distribución de los recursos y el expolio que ellos mismos realizan sobre la riqueza de los países, sobre todo la minería y el petróleo. Pero además, consideran que hay que realizar acciones efectivas para reducir la población, como anticoncepción, esterilizaciones y sobre todo aborto. 

El segundo argumento se expresa sobre todo en la Carta de la Tierra, elaborada en 1997, que va en esta dirección, remarcando que el aumento de la población humana sobrecarga los sistemas ecológicos y sociales. Además, propone elevar la naturaleza en general y las especies a un lugar "sagrado" y el ser humano a un elemento más. Por otro lado, detrás del concepto de "salud reproductiva y reproducción responsable", aparentemente neutros, se promueve el aborto ya sea químico (pastillas, etc.) o mecánico o quirúrgico, así como la ligadura de trompas y las vasectomías, a lo cual se destinan millones de dólares, euros, etc. La ONU, tanto como la Unesco, Unicef, la OMS y diversos organismos de la ONU para el desarrollo y el ambiente lo han asumido como proyecto permanente, sobre todo a partir de 2000 (Informe Global). Debajo de la excusa ecológica se muestra un "imperialismo anticonceptivo" y el permanente intento de imponer el aborto como derecho, cuando consiste en eliminar a un ser humano, es decir, ignorar y violentar el derecho a la vida.

A pesar de que ya en 1998 se constataba que muchos países no tenían reemplazo generacional, esto se ocultó. Las consecuencias actuales, entre ellas el colapso poblacional, se destacan en numerosos artículos que dan cuenta de las prácticas difundidas y asumidas con mayor fuerza hace cuatro décadas. Si no hay jóvenes ¿quiénes mantienen las jubilaciones de los ancianos con su trabajo? Si no hay niños ¿cuánto tiempo más habrá población? En Argentina en 3 años se realizaron 300.000 abortos, y hoy se señala una reducción de 300.000 nacimientos en relación con 2014, sin embargo esto no ha mejorado la economía. ¿Habrá que "eutanasiar" a los ancianos entonces? 

Es posible que se piense en una obligación moral de tener hijos, lo cual no se plantea en esta carta, que solo trata de mostrar cómo la manipulación de información, las predicciones erróneas, y los argumentos falaces conducen a catástrofes que recaen sobre seres humanos concretos y sobre las sociedades, persistiendo en prácticas que vulneran derechos y que mantienen las enormes desigualdades de acceso a los recursos para la vida humana y una vida digna.

MARIA ELENA RADICI

RESISTENCIA 

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