Educación vial
Un trabajo estadístico realizado por la Policía del Chaco reveló que, a lo largo del año pasado, 154 personas perdieron la vida en siniestros viales ocurridos en todo el territorio provincial. La alarmante cifra muestra la urgente necesidad de promover la formación vial en todos los niveles educativos, con el fin de formar ciudadanos conscientes y responsables.
Una formación adecuada permite a los ciudadanos reconocer cuáles son los riesgos a los que se exponen en la vía pública para, de ese modo, adoptar comportamientos responsables al conducir o caminar por las calles. Pero para que la educación vial sea efectiva, es necesario que incluya tanto aspectos teóricos como prácticos. Las actividades como simulaciones de situaciones en el tránsito permiten a las personas aplicar sus conocimientos en entornos controlados, mejorando así su capacidad para reaccionar en forma adecuada ante las situaciones reales.
Es importante que se fomenten en las aulas, desde edades tempranas, valores como el respeto, la responsabilidad y la solidaridad en los espacios públicos. Por supuesto que la educación vial no es solo responsabilidad del sistema educativo formal; requiere, además, la colaboración de las familias, instituciones y autoridades de tránsito. Las estadísticas oficiales, que no incluyen heridos ni fallecidos en hospitales, marcan la necesidad de ser conscientes de los altos costos sociales, económicos y humanos que dejan los siniestros viales y de darse cuenta que son un problema que afecta a toda la sociedad.
Convivir en el espacio compartido de la vía pública implica comprender la importancia de las normas de tránsito y del respeto a las autoridades. Según la Organización Mundial de la Salud, casi un 90 por ciento de las muertes en siniestros viales tienen su origen en causas evitables, es decir se producen por conductas inadecuadas por parte de los conductores, que se distraen, no cumplen con las leyes de tránsito, realizan maniobras peligrosas o conducen sus vehículos a velocidades no permitidas.
Otro aspecto a tener en cuenta, es que las medidas que se adopten en materia de seguridad vial deben diseñarse en coordinación con las áreas de salud, educación, infraestructuras y transporte, porque todas ellas están vinculadas entre sí en este complejo asunto que en muchos países comenzó a ser considerado como un serio problema de salud pública ya que, como lo demuestran las estadísticas, provocan un considerable impacto en el sistema de salud y también en la economía.
Un párrafo especial merece el caso de los motociclistas. Aunque no se puede generalizar, lo que se observa en las calles es que muchos no llevan el casco de seguridad. El dato en sí mismo es preocupante, porque la diferencia entre utilizar esta protección o no puede significar la vida o la muerte para el conductor. Diversos estudios coinciden en señalar que no llevar el casco puesto multiplica por siete el riesgo de muerte en caso de accidente. Si se tiene en cuenta que, en un caso de colisión entre un auto y una moto, el conductor del vehículo menor no tiene una carrocería que pueda servir de contención en caso de choque o vuelco. Además, está demostrado que en muchos casos la pérdida del equilibrio en la moto termina con un fuerte golpe en la cabeza del motociclista, con todo el riesgo que eso implica.
El casco actúa protegiendo la cabeza del motociclista, dispersando la energía que se produce por el golpe de la colisión y, a la vez, absorbiendo el impacto. Las estadísticas confirman que, sin el empleo de ese elemento de protección, el traumatismo que sufre el conductor de la moto casi siempre es más grave.
Por otro lado, está también la conducta de peatones y ciclistas que circulan por lugares no habilitados, cruzan por cualquier lugar o no prestan atención al entorno en el que se mueven, pese a que son el eslabón más vulnerable del sistema vial y que se llevan la peor parte en los accidentes. Esto demuestra que la educación vial es un pilar clave para construir un entorno más seguro en la vía pública. Los esfuerzos deben estar orientados a la prevención de accidentes. Con la formación de ciudadanos responsables y la promoción de valores sociales, se busca crear una cultura vial que beneficie a toda la sociedad.










