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El año electoral

El año electoral de 2023 en Argentina marcó un punto de inflexión en la política del país. La sorprendente victoria de Javier Milei, un economista libertario con escasa trayectoria política, sacudió los cimientos de las fuerzas políticas tradicionales. Milei, con su discurso antisistema y su promesa de "reconstruir Argentina", logró captar la atención de un electorado cansado de las promesas incumplidas y la corrupción de los partidos tradicionales.

El triunfo libertario no solo fue un golpe para los partidos, sino también una señal de que el electorado argentino estaba procesando la realidad del país de una manera que muchos dirigentes y analistas no supieron captar. La creciente insatisfacción con la situación económica y social, marcada por una inflación galopante y un aumento de la pobreza, llevó a los votantes a buscar alternativas fuera del espectro político convencional.

El nuevo contexto político en Argentina se caracteriza por un continuo deterioro de la situación económica y social. La deuda externa y las políticas de austeridad impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), junto con la definición de políticas carentes de sustentabilidad en los últimos cincuenta años, han exacerbado las desigualdades y creado nuevas vulnerabilidades, afectando especialmente a los trabajadores informales, mujeres, jubilados y niños. La pobreza alcanzó niveles alarmantes, con más de 50% de la población viviendo en condiciones de carencias básicas, drama que recién ahora comenzaría a tomar una tendencia descendente.

En este escenario, las redes sociales jugaron un papel tan intenso como imponderable en la construcción de opinión política. A diferencia de los medios tradicionales y las organizaciones partidarias (incluyendo formas conexas, como los sindicatos y los movimientos piqueteros), las redes permiten una comunicación directa y sin filtros entre los políticos y el electorado. No se trata de algo necesariamente saludable, sino que, por el contrario, estas vías combinan aspectos positivos con otros notoriamente tóxicos. Como sea, Javier Milei supo aprovechar esta herramienta para difundir su mensaje y movilizar a sus seguidores, y lo hizo mucho mejor que sus contendientes.

Las redes no solo canalizaron información, sino que también contribuyeron a la polarización política y la difusión de noticias falsas, lo que volvió más confuso el panorama político, ya de por sí cubierto de niebla por la gravedad de la crisis que se precipitó durante el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner.

El año 2023 demostró que las fuerzas políticas tradicionales deben adaptarse a este nuevo contexto si quieren seguir siendo relevantes. La victoria de Milei es un recordatorio de que el electorado está buscando respuestas a problemas reales y tangibles, y que un amplio sector de la sociedad se volvió impermeable a los discursos meramente ideológicos y las promesas mágicas. Tanto que votó a un candidato que anunciaba un duro ajuste como uno de los ejes principales de su plan de gobierno.

Las últimas elecciones presidenciales en nuestro país marcaron un cambio significativo en la política del país. La victoria de Javier Milei, un outsider político, reflejó el descontento del electorado con las fuerzas políticas tradicionales y la necesidad de un cambio. 

Pero alrededor de esos datos objetivos hay pocas certezas. El propio gobierno, aunque ahora registra niveles de aprobación elevados, podría acabar siendo una víctima más de la volatilidad de un electorado que ya no hace a mandatos familiares o al propio historial de preferencias políticas. 

El cuadro social, a la vez, impone la necesidad de que la carrera política de 2025 respete el drama de millones de hogares sumidos en la pobreza. Oficialistas y opositores deberían tener la consideración mínima como para llevar adelante sus campañas con un estricto criterio de austeridad. Y, también, bajar el tono de las confrontaciones. La prédica del desprecio y la descalificación, que tanto cultivan unos y otros, impide darle al mal momento nacional un contexto de pacificación y bloquea las chances de hacer frente a la crisis con un amplio acuerdo multisectorial.

La principal lección que debe asimilar la clase política no es la relacionada con las estrategias de posicionamiento, sino con la urgente de necesidad de una empatía real y concreta con la sociedad a la que pretenden representar.

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