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La informalidad laboral y la pobreza, en aumento  

Cuatro de cada diez trabajadores no están registrados y viven en hogares pobres. Las mujeres, las más perjudicadas.

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   La situación de los asalariados se deteriora cada vez más, especialmente entre las mujeres. El ajuste económico impulsado por el presidente Javier Milei profundizó la crisis, según el informe *Empleo Asalariado Informal y Pobreza Laboral*, elaborado por la Facultad de Economía de la Universidad de Buenos Aires (UBA).  

   El estudio reveló que el 36,7% de los trabajadores asalariados del país no están registrados en la seguridad social, con una incidencia mayor entre las mujeres (38,9%) que entre los hombres (34,2%). Aunque los hombres representan el 54% del empleo asalariado total, el aumento de la informalidad afecta a ambos géneros: los hombres explican el 51% de la informalidad, un punto porcentual más que en 2023.  

   Además, el 40% de los asalariados vive en hogares pobres, cifra que se eleva al 63% entre los trabajadores informales. Las diferencias salariales agravan esta situación: el 59% de los asalariados informales percibe un ingreso mensual inferior al valor de la canasta básica, frente al 8% de los asalariados formales.  

   El Gobierno sostiene que la pobreza está disminuyendo, pero la realidad de los hogares contradice esta afirmación. Según el Instituto de Investigación Social Económica y Política Ciudadana (ISEPCI), el 76,5% de las familias pobres reduce porciones o se ve obligada a omitir comidas debido a la falta de recursos.  

   El Indicador Barrial de Situación Nutricional (IBSN), que relevó a 17.883 niños, niñas y adolescentes (NNyA) en 14 provincias y la Ciudad de Buenos Aires, mostró que el 40,5% de ellos enfrenta algún grado de malnutrición.  

   Datos del INDEC confirman un aumento pronunciado de la pobreza en 2024, que afecta al 52,9% de la población al cierre del primer semestre, mientras que la indigencia alcanza al 18,1%. La pobreza infantil es particularmente alarmante: dos tercios (66,1%) de los niños y niñas de 0 a 14 años viven en hogares pobres, y el 27% en hogares indigentes. Entre los jóvenes de 15 a 29 años, la pobreza llega al 60,7% y la indigencia al 21,2%.  

   El informe señala que el 73,3% de las familias entrevistadas debió privarse de consumir alimentos esenciales como carnes, verduras, frutas, lácteos, cereales o legumbres por falta de ingresos. Las madres, en su rol de jefas de hogar, suelen reducir las porciones para "disimular" la escasez de alimentos, una estrategia que afecta al 72% de las familias encuestadas.  

   Esta crisis pone de manifiesto la precarización del empleo y su impacto directo en la calidad de vida de las familias más vulnerables del país.

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