Cultura vial nefasta
En el Gran Resistencia y otras ciudades importantes de la provincia se hace más visible en estas Fiestas una realidad preocupante: una tasa de siniestralidad vial alarmantemente alta. Durante las celebraciones de fin de año, esta problemática se agrava aún más, saturando los servicios médicos y poniendo en riesgo la vida de muchos ciudadanos.
Según datos recientes de la Dirección Nacional de Observatorio Vial, el Chaco se encuentra entre las provincias con mayor índice de accidentes de tránsito en Argentina. La mitad de los siniestros ocurren en rutas, con un peso significativo de las colisiones fatales. En el Gran Resistencia, la situación es particularmente crítica, con un número elevado de accidentes que involucran motocicletas y vehículos livianos.
Las autoridades sanitarias han vuelto a pedir prudencia a los conductores y peatones durante estas festividades. Los hospitales y clínicas están preparados para recibir a los heridos, pero la realidad es que muchos de estos accidentes podrían haberse evitado con mayor responsabilidad y respeto a las normas de tránsito. Por otro lado, la red sanitaria pública está desbordada por la demanda social, que no dejó de crecer en las últimas décadas a raíz del empeoramiento de la situación económica del país.
La Municipalidad de Resistencia, en colaboración con la Agencia Nacional de Seguridad Vial y el gobierno provincial, vino implementando desde hace años diversas medidas para reducir la siniestralidad vial. Entre estas acciones se encuentran campañas de concienciación, clínicas de conducción segura y la distribución de equipos de control de alcoholemia y velocidad. Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, la tasa de accidentes sigue siendo preocupante.
Durante las fiestas, es crucial que todos los ciudadanos adopten una actitud responsable. Los conductores deben respetar los límites de velocidad, evitar el uso de dispositivos móviles mientras conducen y no conducir bajo la influencia del alcohol. Los peatones, por su parte, deben utilizar los pasos peatonales y seguir las señales de tránsito. La seguridad vial es, inevitablemente, una construcción colectiva.
La saturación de los servicios médicos durante las celebraciones de fin de año es un reflejo de la falta de prudencia en calles y rutas. Debemos considerar que estamos en la provincia más pobre del país, por lo que los servicios asistenciales del Estado están sobrepasados. Cada vez más gente acude a ellos por ser gratuitos, y por carecer esas personas de ingresos suficientes como para abonar prestaciones privadas. Otras tanto, aun teniendo una obra social, optan por el hospital público porque así evitan tener que abonar el oneroso "plus médico" que goza de tan buena salud en clínicas y consultorios.
A la par, es extremadamente necesario que las autoridades de todos los niveles -nacional, provincial, municipal- dejen de convertir a los controles, y a sus políticas de tránsito completas, en instrumentaciones meramente formales, tibias y discontinuas. Periódicamente se montan "operativos" que en realidad son acciones espasmódicas que no generan ningún cambio en la cultura anómica que impera en las calles de la capital y de otras localidades.
Sin una acción integral, decidida, coordinada, contundente y de tiempo completo, los infractores crónicos de las normas de tránsito sentirán que algo es diferente, y dejarán de atravesar semáforos en rojo, exceder los límites de velocidad y cometer otras faltas que ponen en riesgo sus vidas y las de otras personas.
Los legisladores de todas las jurisdicciones y estamentos también tienen una responsabilidad que asumir. Si bien la normativa actual no parece carecer de riqueza técnica, y en realidad el problema es la poca o nula voluntad por hacerla respetar, seguramente hay espacio para que concejales, diputados y senadores agregan otros instrumentos que aporten ingenio e innovación en las políticas oficiales.
En medio de un fuerte proceso de cambios que vive el país, un buen capítulo de él sería que también se ataque severamente la tendencia en calles y rutas a no respetar las normas de tránsito. Una cultura vial nefasta que se cobra vidas todos los días.










