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La Revolución Educativa, un faro de esperanza para el Chaco

Necesitamos una revolución educativa, para ver el presente, asumir sus desafíos y caminar con esperanzas.

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El año 2024 se presenta ante nosotros como un horizonte lleno de nuevos vientos, una oportunidad para soñar con un futuro distinto en nuestra querida tierra. Sin embargo, este nuevo comienzo no está exento de desafíos complejos.

Nos encontramos ante una realidad marcada por cifras y estadísticas que trazan el rumbo de nuestras vidas. Estas, no son meras cifras frías, detrás de ellas se ocultan historias de dolor y lucha. Familias enteras enfrentan el desafío de satisfacer sus necesidades básicas, mientras que el temor a la inseguridad permea nuestras calles. Muchos jóvenes, desalentados por la falta de oportunidades, buscan respuestas en el extranjero, añorando un futuro mejor.

Estas preocupaciones nos invitan a reflexionar juntos: ¿cuánto tiempo más podemos continuar así? ¿Dónde encontraremos las luces de esperanza que guíen nuestros pasos? Estas preguntas resuenan en cada rincón de nuestra sociedad, recordándonos que la búsqueda de identidad y propósito es esencial para avanzar hacia el bienestar común.

CAMBIO POLÍTICO

Con un resonante cambio político a nivel nacional, se han afianzado las ideas del orden, la libertad, la desregulación, el achicamiento del Estado y la promoción de la iniciativa privada en la economía. Estos son ejes centrales para lograr una estabilidad macroeconómica, buscando el déficit cero y la ausencia de emisión monetaria. A fin de año, hemos logrado bajar la inflación y disminuir la pobreza, arrojando leves signos de reactivación en algunos sectores económicos.

Todo esto puede irradiar esperanza en distintas actividades (lo cual es una gran noticia), pero también genera dudas y desafíos en otros sectores. Los nuevos tiempos nos llaman a descubrir y afrontar estos retos con una mirada hacia la "persona humana", acompañando al que sufre, incluyendo al vulnerable y ayudando al olvidado a levantarse. Sin ello, podríamos caer en un pensamiento individualista, justificando la indiferencia y la cultura del descarte, y respondiendo con desprecio y violencia hacia el prójimo que clama por nuestra presencia.

CHACO, TÚ VENCERÁS

El estribillo de la canción de nuestra provincia, "Chaco, tú vencerás", resuena con fuerza. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos por lograr un orden y transparencia, no observamos una clara victoria sobre la pobreza arraigada culturalmente ni sobre la indigencia que afecta a muchas familias. La falta de un trabajo digno, la escasez de educación de calidad y la inseguridad cimentada por el narcotráfico crean un panorama social complejo.

Sin buscar culpables, la sociedad chaqueña anhela cambios y luces de esperanza que integren y potencien su riqueza cultural, construyendo un futuro sólido. Para ello, podemos recordar y afianzar nuestro rumbo como sociedad, partiendo de la Constitución del Chaco, que nos llama a  "exaltar la dignidad de la persona humana y el pleno ejercicio de sus derechos; proteger la familia, la salud, el ambiente y los recursos naturales; garantizar el acceso a la cultura y a la educación; y el derecho y el deber al trabajo". Ese es un camino que podemos transitar juntos para ganarle al destino, y solo entre todos podremos alcanzarlo. ¿Pero cómo hacerlo?

FARO DE ESPERANZA 

Toda la vida social es una expresión de su inconfundible protagonista: la persona humana. A partir de ello, ¿qué caminos podemos trazar y cuáles podemos recorrer juntos para edificar una sociedad con justicia y paz, basados en el amor?

Ante estas preguntas, las respuestas pueden ser variadas, pero partiendo de un punto de encuentro (siguiendo la forma en que trabaja la Mesa Interreligiosa en la provincia del Chaco), podemos encontrar una base fundamental en la sociedad donde apuntalar nuestros esfuerzos. Me permito tomar una orientación del Papa Francisco que dice: "El aporte de la educación es sembrar esperanza. El hombre no puede vivir sin esperanza, y la educación es generadora de esperanza. De hecho, la educación es un hacer nacer, es un hacer crecer, se sitúa en la dinámica de dar vida".

Para construir un presente sólido y proyectarnos hacia el futuro, necesitamos una Revolución Educativa que coloque a la persona humana en el centro, integrándola plenamente al mundo y sin olvidar su esencia natural, basada en la razón y el espíritu.

EDUCACIÓN INTEGRAL 

Es esencial dar respuestas a los desafíos actuales de la tecnología y la economía, como la innovación de los servicios y los bienes. Pero todo esto, sumado a las materias básicas, no es suficiente. La educación no solo busca el desarrollo intelectual; también abarca la formación integral de la persona. A través de la educación, podemos cultivar valores como la paz, el trabajo, la fraternidad, la justicia y la solidaridad, el respeto a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, que son fundamentales en nuestra vida social.

Al fomentar una educación que va más allá de lo puramente académico, ayudamos a la persona a alcanzar una realización plena, proyectándola en su rol social y, sobre todo, reconociendo el valor de la trascendencia en el espíritu humano. 

Necesitamos ser ciudadanos educados en el respeto y el bien común.

La educación no es solo para niños, adolescentes y jóvenes; necesitamos un cambio de paradigmas en los adultos, en los padres, y en los dirigentes sociales, políticos y religiosos. En la vida cotidiana, podemos comprender de corazón y vivir orgánicamente, la necesidad de construir nuestra "autoridad moral", haciendo lo que decimos, actuando conforme a nuestros principios y comprometiéndonos con la verdad. 

Tan simple como no cruzar el semáforo en rojo, llevar casco, ser honestos en el trabajo, vivir sin mentir, esforzarnos dignamente para crecer y superarnos, evitar la violencia sin insultar ni atacar al otro, o hablar a nuestros hijos sin estar con el celular, escuchar, dialogar, leer más… estos y otros pequeños actos del día a día marcan la diferencia.

En este contexto, la esperanza se manifiesta en acciones concretas. Ser creativos nos permite encontrar soluciones innovadoras a los problemas que nos aquejan. Ser respetuosos implica aceptar y valorar nuestras diferencias, construyendo puentes en lugar de muros. La audacia es necesaria para desafiar el statu quo y buscar nuevas oportunidades. Ver este tiempo como una oportunidad para madurar nos invita a reflexionar sobre nuestras experiencias y aprender de ellas.

El Papa Francisco nos recuerda que "la audacia, la esperanza, la creatividad y el coraje" son fundamentales para enfrentar la tristeza y la parálisis que nos rodea. En nuestra comunidad, encontramos valientes testimonios de vida que nos inspiran. Personas que, a pesar de las adversidades, han hallado en la educación y la solidaridad un camino hacia la superación. Su pasión y determinación nos demuestran que es posible transformar realidades.

PEREGRINOS DE ESPERANZA

Al acercarnos al año Jubilar 2025, que tiene como lema "Peregrinos de la Esperanza", el Papa nos invita a convertirnos en portadores de esperanza en un mundo que la necesita. A pesar de las dificultades, podemos aferrarnos a la esperanza y ayudarnos mutuamente a descubrir el encuentro con Cristo que nos da vida.

La educación se presenta como un faro luminoso de esperanza, guiando y motivando nuestras vidas. Caminemos juntos, confiando en la voluntad de Dios y comprometidos a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para brindar luces de esperanza a quienes nos rodean.

El autor es presidente de la Comisión Arquidiocesana de Justicia y Paz

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