Cien años de la Masacre de Napalpí
A mediados de este año que se termina se cumplieron 100 años de un hecho que parece extraído de un pergamino medieval y cuyos detalles fueron revelados por quien esto escribe primero en NORTE en 1994, y después, en 1998, en un libro. Me refiero a la masacre de Napalpí.
También, el pasado mes de noviembre se cumplieron veinte años del inicio de una histórica y millonaria demanda fundamentada en el referido libro, contra el Estado Nacional. Tal proceso judicial fue posible gracias a que un tiempo atrás la Corte Suprema de Justicia había emitido un fallo sobre imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad.
"Reclaman por muertes masivas en 1924", tituló Ámbito Financiero una nota que me hizo sobre ese juicio que terminó cobrando notoriedad internacional y que aún no tiene resolución final. Ese juicio iniciado en noviembre de 2004 seguía la línea de las class actions o juicios colectivos que se habían abierto en otros países del mundo en reclamo de compensaciones por hechos del pasado que hirieron a determinadas comunidades.

El cumplimiento de los 100 años de Napalpí fue conmemorado por el gobierno provincial el viernes 19 de julio en Colonia Aborigen Chaco. Este autor no fue invitado a dicho acto, pese a contabilizar cinco libros sobre el tema, entre ellos Napalpí, la herida abierta.
Al margen de anécdotas personales como ésa (como también lo fue el haber sido bajado "por ultraderechista y negacionista" de un panel sobre Napalpí que en octubre de 2020 debía compartir con Rafecas y Zaffaroni), retrataré seguidamente cosas que ocurrieron en el marco de una historia que comenzó el 19 de julio de 1924.
MASACRE, IMPUNIDAD Y OLVIDO
Todo comenzó en la mañana del sábado 19 de julio de 1924 cuando unos ochenta policías apoyados por civiles atacaron a las familias de aborígenes que desde hacía días estaban concentrados en una zona que se denominaba "El Aguará", más precisamente en un paraje conocido entonces como "Cañada Mocoví".
Sobre el saldo de dicho ataque, testigos y legisladores nacionales de la época, señalaron: "Los atacantes sólo cesaron de disparar cuando advirtieron que en los toldos no quedaba un indio que no estuviera muerto o herido. Entre hombres, mujeres y niños fueron muertos alrededor de doscientos aborígenes. Se dispararon más de cinco mil tiros".
Por este hecho, en sesión extraordinaria del Congreso Nacional, fue interpelado el ministro del Interior de la Nación, Vicente A. Gallo. Desde las 12 de la noche hasta las 6 de la mañana del 4 de septiembre de 1924, se presentaron pruebas de la masacre y cartas de testigos, además de reclamarse la inmediata destitución del corrupto gobernador Fernando Centeno y de todo su equipo de gobierno.
En esa sesión parlamentaria, se exigió que "por el prestigio de la Nación, el Poder Ejecutivo Nacional debe proceder con energía contra ese gobernador y enviar al Chaco una comisión que averigüe cuántos fueron realmente los indios que murieron en el ataque a Napalpí".
Los legisladores radicales hicieron pesar su mayoría, y todo quedó en la nada. Así comenzó una era de impunidad y de ausencia de justicia que continúa hasta el día de hoy.
No hubo ni comisión investigadora ni exoneración para el gobernador Centeno. Las denuncias presentadas durante la interpelación fueron archivadas, y por más de setenta años permanecieron ocultas en las entrañas de la Cámara de Diputados de la Nación.
UN FRAUDE
En 1999, encontré en el Archivo General del Poder Judicial del Chaco el expediente de un sumario judicial realizado tras ese asesinato colectivo de aborígenes. La misma carátula del expediente (Nº 910/24, de 168 fojas) ya era un fraude judicial. "Sublevación indígena en la Reducción de Napalpí", rezaba. Sublevarse es levantarse contra un poder legítimamente constituido. Allí nadie se había levantado contra nadie. Era sólo una protesta en procura de mejores condiciones de trabajo.
El juez que venía atendiendo la causa (Justo P. Farías) fue reemplazado por Juan Sessarego, puesto a dedo por Centeno en medio de una repulsa popular. Este llamó a declarar solamente a los ochenta policías matadores, y los sobreseyó a todos.
Trece años después (6 de enero de 1937), el diario El Territorio de Resistencia recordó: "Ocurrió hace no muchos años. Porque pedían a los que los explotaban mejor trato y más pan, en Napalpí se masacró a hombres, mujeres y niños. Varias orejas de esos mártires fueron exhibidas en la Cámara de Diputados de la Nación. Policías cobardes provistos de armas largas, impune y criminalmente balearon las tolderías, despanzurraron a las madres embarazadas, y degollaron a los niños. Todavía se pasean por nuestra ciudad algunos de esos asesinos de indios hambrientos e indefensos".
UNA HERIDA ABIERTA
Todo lo arriba señalado lo revelé en el año 1998 en mi libro Napalpí, la herida abierta. Con inocultable e íntima satisfacción, recuerdo la declaración que en el 75º aniversario de la masacre dirigentes de Colonia Aborigen Chaco hicieron el 19 de julio de 1999: "Hasta la aparición del libro Napalpí, la herida abierta, del escritor Vidal Mario, gran parte de nuestra sociedad desconocía la verdadera historia de la masacre de Napalpí, ocurrida el 19 de julio de 1924, a pocos kilómetros de Quitilipi, en un lugar que ahora es sagrado para nosotros".
Justo es reconocer que, antes de ese libro ya se habían difundido sobre el tema una tesis doctoral, un artículo en la Revista Latinoamericana de Sociología, un trabajo de estudiantes de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), y dos o tres libros sobre grupos indígenas chaqueños que hacían mención del episodio.
Los norteamericanos tenían ya conocimiento, hace 70 años, de lo ocurrido en Napalpí. En 1954, en Elkhart (Indiana, Estados Unidos), un dirigente menonita llamado William D. Reyburn, quien en 1949 había misionado en el Chaco, publicó un libro titulado Los indígenas tobas del Chaco argentino, donde se refirió al hecho de Napalpí.
Sin embargo, nunca antes de 1998 hubo algún libro íntegramente dedicado a revelar con tanta riqueza de detalles y de crudezas lo que pasó hace 100 años en la actual Colonia Aborigen Chaco. El impacto de esa obra fue inocultable. Generó una la demanda por 116 millones de dólares, fue presentada en universidades y en el Senado Nacional, citada en New York Times y difundida en Alemania, Suecia y Austria por la investigadora Gaby Weber.
Abrió caminos para otros escritores, motivó documentales, poemas, artes pictóricas, videoclips, canciones y obras teatrales. Hasta una banda de rock se puso como nombre Napalpí.
EL "INFORME VIDAL"
Noviembre de 2004 marcó otro hito para la propia historia de ese libro. Fue tomado como fuente para una demanda por 116 millones de dólares contra el Estado argentino. Tal demanda en concepto de reparación histórica por la masacre fue presentada en el Juzgado Federal de Resistencia por la Asociación Comunitaria "La Matanza" de Machagai. El 25 de abril de 2006 (durante el gobierno de Néstor Kirchner) el Estado Nacional solicitó el rechazo de la demanda.
El 1 de febrero de 2011, ratifiqué ante el Juzgado Federal de Resistencia las pruebas documentales que yo había presentado y que el Estado Nacional había impugnado. Durante el gobierno de Mauricio Macri, el Estado Nacional de nuevo rechazó el "Informe Vidal", como sus representantes legales denominaron a la pericial histórica que yo había presentado.
Ocho años después (en el 2019), esas mismas pruebas, que estaban guardadas en el sobre Nº 7056, fueron admitidas por la jueza federal de Resistencia, Zunilda Niremperger, e incorporadas a la causa "No existen fundamentos válidos que en el caso acrediten la descalificación de la pericia de aporte para el que Vidal Mario fue requerido", señaló la magistrada en su dictamen.
¿SE HARÁ JUSTICIA?
Como se ha señalado, en noviembre pasado se cumplieron veinte años del inicio del referido juicio, el cual no debe ser confundido con la disparatada operación política-judicial "Juicio por la Verdad de Napalpí" que hicieron en abril de 2022.
A lo largo de estas dos últimas décadas, la causa atravesó todas las instancias imaginables. Incluso llegó a la OEA.
El 24 de noviembre pasado, NORTE informó: "La Comisión Interamericana de Derechos Humanos le dio un plazo de tres meses al Estado Nacional para que conteste una demanda de reparación económica por la matanza de familias indígenas ejecutada en el Chaco en 1924. Capítulo definitorio para un largo trayecto judicial". Lo que de ahora en más suceda con esta causa es un misterio. Tal vez llegue a buen puerto o tal vez se la lleve el viento. Así que la pregunta sigue siendo la misma de siempre: ¿Se hará justicia?














