El Caso Anello: un chaqueño trucho en un escándalo narco internacional
En un ciclo de ocho notas, fruto de una investigación periodística que completé a fines de 1991, NORTE difundió en febrero de 1992 detalles íntimos de otro de los resonantes escándalos que sacudieron al gobierno de Menem: el Yomagate.
Fue una verdadera vergüenza nacional que involucró a altos funcionarios menemistas, y tuvo tantas ramificaciones que debió ser simultáneamente investigada por las justicias de tres países: Argentina, España y Estados Unidos.
Una de las ramas de aquel alboroto político-judicial llegó a nuestra provincia con el nombre de "Caso Anello".
ORIGEN Y DESARROLLO
Esta historia comenzó cuando varios años antes, el 16 de abril de 1984, en Resistencia, según los registros judiciales, el abogado Antonio Vega Fernández se presentó con dos testigos ante el Juzgado Civil y Comercial Nº 2 de esta capital para tramitar el expediente Nº 189/84 caratulado "Anello, Mario Roberto s/ Inscripción de Nacimiento".



Ocho días después, el 24 de abril, se depositaron trescientos australes en la cuenta número 543 de la Caja Forense del Chaco, a título de aporte por los honorarios recibidos por el citado profesional.
Aquel expediente, 189/84, fue robado del Archivo General del Poder Judicial de la provincia, hecho denunciado por la titular de dicho organismo, Lucrecia Morgan de Schanton.
Después se descubrió que también habían robado una de las hojas correspondientes a la letra A del libro índice, donde estaba registrado el trámite patrocinado por aquel abogado.
Siguieron las sorpresas: alguien había adulterado en el libro de ingresos de expedientes la hoja correspondiente al Nº 189/84, y tampoco estaba el protocolo del primer semestre de 1984, donde debía estar la resolución judicial que dio nacimiento legal a Anello.
Las pericias técnicas plantearon que tal resolución, firmada por el juez Manuel Luque, podría haber sido redactada en una máquina de escribir del estudio jurídico del citado abogado.
El juez de Instrucción Nº 4, Carlos Emiliano Alvarenga, pidió el libro de entradas y salidas de la Dirección General del Registro Civil de la provincia, donde constaba que Vega Fernández había retirado a mediados de 1984 la "partida de nacimiento" de Anello.
Fue con ese instrumento fraudulentamente conseguido en el Chaco que el narcotraficante obtuvo en Buenos Aires su documento nacional de identidad número 18.449.814.
EL ARREPENTIDO
Siete años después, el 17 de abril de 1991, el título principal de NORTE fue "Narcodólares: Interpol busca a un residente chaqueño".
En la página 12, informó: "Mario Anello es intensamente buscado. Se estima que su verdadera nacionalidad sería la cubana, aunque su pasaporte argentino lo identifica como oriundo del Chaco".
Esa fue la primera vez que los chaqueños eran alertados sobre la falsificación de la identidad y lugar de nacimiento de quien ya se había transformado en uno de los delincuentes más buscados del país.
Mientras tanto, en Buenos Aires, encerrado en una celda de Devoto, un presidiario sabía que aquella información de NORTE no era una fábula. Mas aún, sabía cómo, cuándo y dónde el narcotraficante había cobrado identidad legal.
Al principio, la posesión de tan preciado secreto no lo inquietaba ni para bien ni para mal. Todo cuanto le importaba era que sus amigos políticos lo rescataran por la vía del indulto de la celda donde estaba recluido por posesión de armas de guerra.
Eso era lo que le había prometido, dijo, el intendente de Morón, Juan Carlos Rousselot, de quien fuera eficaz puntero político.
El ex locutor de LT5 Radio Chaco le había enviado un mensaje a través del ex presidente del Consejo Federal de Agua Potable y Saneamiento de la Nación, Mario Caserta, preso como él en Devoto, en su caso por lavado de narcodólares. Le dijo que su indulto estaba asegurado para fines de 1991.



Agradeció a su amigo Caserta por tan alentadora noticia. Años antes, durante la campaña electoral menemista, él, junto con Caserta y Amira Yoma había viajado al Chaco.
Le gustaba recordar esos días en que su eficaz desempeño como puntero político estuvo a punto de llevarlo a integrar una lista de precandidatos a diputado provincial, aquí, en el Chaco.
Pero había un problema: no tenía la documentación en regla. Rousselot, entonces, lo habría conectado con su exyerno, el abogado de origen paraguayo Antonio Vega Fernández. Dicho encuentro se habría concretado en la confitería "Oriente" de Morón.
"Ese doctor me dijo que no habría problemas para conseguir un juego de documentos, que ya había realizado un cambio de identidad exitoso con Roberto, refiriéndose a Mario Roberto Anello", declararía después aquel preso, cuyo nombre era Daniel Ángel Sánchez.
PASE DE FACTURAS
Sánchez no hubiera revelado jamás esa confesión ni el dudoso honor que tuvo de conocer personalmente a Anello en 1986, en la casa de un concejal de la municipalidad de Morón. Pero al verse traicionado por sus amigos políticos, decidió desprenderse de sus secretos.
Resultaba para él intolerable que los amigos de Mario Caserta hicieran una "vaquita" (así lo llamaron) de cien mil dólares para liberarlo y que, a él, en cambio, lo trasladaran a una prisión de máxima seguridad, es decir, la de Resistencia.
Esperó pacientemente el momento de atacar. Cuando la temperatura política, jurídica e institucional alcanzada por el caso Anello en el Chaco ya resultaba insoportable, en enero de 1992 decidió que había llegado la hora de echar más nafta al fuego.
En la intimidad de su celda, escribió una carta a la jueza de Instrucción Nº 1, Zulma Chavarría de Ise, y contó todo.
Es una historia que merece volver a ser contada por la gravedad institucional que en su momento el referido caso, ligado al narcotráfico, significó para el Chaco.
RADIOGRAFÍA DEL ESCÁNDALO
Reproduzco a continuación la octava y última entrega de aquella serie de notas que desarrollé hace más de treinta años en este diario, dos años antes de hacer algo similar en este mismo medio con la historia de la sangrienta masacre de Napalpí:
"Gran parte de las confesiones de este arrepentido vernáculo fue desestimada por recomendación del fiscal Nº 4, Raúl Antonio Yurkevich, porque no agregaban nada a lo ya conocido.
Sin embargo, sus testimonios fueron claves para que tanto los investigadores judiciales como parlamentarios pudieran armar el enmarañado rompecabezas que tenían enfrente.
Entonces, el proceso de inscripción en el Chaco del ‘hombre de la máscara de hierro’, como lo definimos en la nota anterior, puede armarse de la siguiente manera:
En 1984, Mario Roberto Anello -o como se llame realmente- conocía a Mario Caserta, a Juan Carlos Rousselot, a una hermana de Luís Barrionuevo que actualmente es concejal de la municipalidad de Morón, y, además, tenía cierta vinculación con el justicialismo que se movía en el ámbito de esa ciudad bonaerense.
A través de un abogado, Anello se conecta con Antonio Vega Fernández. Su pedido es claro y concreto: este abogado debía conseguirle en Resistencia una inscripción de nacimiento que él luego utilizaría en Buenos Aires para la obtención de un documento nacional de identidad.
PROCEDIMIENTO EN MARCHA
A mediados de febrero de 1984, Mario Caserta llega a Resistencia y se hospeda en el hotel Sahara. ¿Lo hizo para finiquitar los detalles de la operación de inscripción de nacimiento?
Una semana después, Vega Fernández pide a dos amigos suyos sus servicios como testigos del "nacimiento" de Anello. Debían decir que sabían quién era y dónde había nacido. Es un trámite que realizan habitualmente personas que llegaron a la mayoría de edad sin documento, por no haber sido inscriptos por sus padres cuando recién habían nacido.
El abogado ya tenía el lugar y fecha de nacimiento para su cliente: Machagai, 23 de septiembre de 1953.
¿Quién podría imaginar, entonces, que un simple y elemental trámite de inscripción de nacimiento desataría, siete años después, uno de los más resonantes escándalos que recuerde la historia judicial del Chaco?
Mario Anello nunca aparecería. Con la inscripción de nacimiento concretada exitosamente en Resistencia, tramitó su DNI y luego, con éste, su pasaporte argentino, que le permitió moverse por el mundo como uno de los lavadores de narcodólares más buscados de planeta.










