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Los ‘70

La reciente orden de indagatoria a Mario Firmenich -exlíder de Montoneros- por uno de los atentados más feroces del terrorismo de izquierda en los "70 ha reavivado un debate necesario y complejo sobre la violencia en Argentina durante esos años turbulentos. Este atentado, el ocurrido en el comedor de la Policía Federal en 1976, dejó un saldo de 24 muertos y 60 heridos. La decisión de la Cámara Federal porteña de calificar este hecho como una "grave violación a los derechos humanos" y de reabrir la investigación marca un cambio significativo en la doctrina judicial que hasta ahora solo consideraba las violaciones a los derechos humanos cometidas por los militares desde el control del Estado.

La violencia en Argentina durante los "70 no fue un fenómeno unidimensional. Si bien los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura cívico-militar son ampliamente conocidos y condenados, es crucial reconocer que las organizaciones guerrilleras como Montoneros también perpetraron acciones terroristas que impactaron profundamente en la sociedad. Estos hechos no solo afectaron a las fuerzas de seguridad, sino que también causaron la muerte de miles de civiles de todas las edades.

El atentado al comedor de la Policía Federal es un ejemplo claro de esta violencia. La bomba colocada por un infiltrado de Montoneros mató a tres oficiales de la Policía Federal, veinte suboficiales y una mujer civil. Este ataque, que Montoneros definió como un "hecho de guerra", refleja la brutalidad con la que operaban estas organizaciones y su desprecio por la vida humana. Sin embargo, estos actos de violencia a menudo quedan opacados por la magnitud de los crímenes cometidos por la dictadura, sin dudas superiores en perversidad y amplitud.

La falta de una mirada más integral sobre la violencia en aquellos tiempos ha llevado a una narrativa incompleta y, en muchos casos, sesgada. Sería saludable reconocer que tanto la dictadura como las organizaciones guerrilleras cometieron atrocidades que deben ser condenadas y juzgadas. 

El contexto en el que se desarrollaron estos hechos también es relevante. La violencia política en Argentina durante los "70 fue alimentada por un clima de caos y confrontación. Las acciones de Montoneros y otras organizaciones guerrilleras contribuyeron a desestabilizar el gobierno de Isabel Perón, creando un ambiente propicio para el golpe de Estado de marzo de 1976. La dictadura que siguió implementó un plan sistemático de terrorismo de Estado, con secuestros, torturas y asesinatos que dejaron una marca indeleble en la historia argentina.

Es importante destacar que la violencia de los "70 no puede ser entendida sin considerar las acciones de ambos lados. La represión brutal de la dictadura no justifica las acciones terroristas de las organizaciones guerrilleras, y viceversa. Ambos lados contribuyeron a un ciclo de violencia que causó un sufrimiento incalculable a la población argentina. Es imposible consentir la idea de que hubo un terrorismo "malo" y otro "bueno", o que cabe distinguir entre crímenes aberrantes y otros justificables por los ideales supuestamente superiores que los motivaron.

La requisitoria judicial a Firmenich también pone de relieve la necesidad de una justicia que no sea selectiva. La impunidad no debe ser tolerada, independientemente de quiénes sean los perpetradores. La justicia debe ser imparcial y abarcar todos los crímenes cometidos durante un período oscuro de la historia argentina.

Algunos sectores, sobre todo contenidos en el peronismo y fuerzas de izquierda, reniegan de estos conceptos y los descalifican atribuyéndolos a una "teoría de los dos demonios" cuya pretensión sería niveles las atrocidades de la dictadura con las de las organizaciones "populares". No hay tal cosa, pero a uno y otro lado hay crímenes que no deben quedar impunes. La justicia evaluará el alcance, el daño y las particularidades de cada acción encuadrable en una violación grave a los derechos humanos.

No vale cancelar ese debate ni bloquear una necesaria revisión de lo vivido unos cincuenta años atrás. Es un capítulo de nuestra historia que quedó saldado en parte, con las condenas a genocidas de la dictadura, pero que todavía tiene a responsables de acciones terroristas viviendo en condiciones de total impunidad.

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