Historias que inspiran
Se dice que la paciencia siempre trae recompensa si sabemos esperarla. Para mí los días mas esperados siempre fueron los fines de semana (sábados y domingos). Tanto el sábado como el domingo son generadores de ansiedad, esa sensación estimulante, ese estado latente que de antemano todos compartimos .
¿Quién no espera el fin de semana para concretar un deseo, un encuentro, un plan, una promesa, pendientes de expectativas? .¿Quién no espera el sábado, para consumar el hecho, una salida, un encuentro, una cita fugaz, de esas inesperadas que surgen y cobran vida .
Yo, yo también esperaba el finde, aunque mi ilusión era el partido, el momento del juego, un augurio a la alegría, toda una promesa. Es que el juego tiene ese encanto que ningún plan ofrecía.
Jugar es una forma de abstracción, de estar presente y ausente, conscientemente inconsciente, absorto y ensimismado en la diversión y el entretenimiento.

Desde un punto de vista filosófico según Platón: El juego es una fuente de placer . Un canal de socialización. Dice que cultura y valores se transmiten a través del juego y por lo tanto es sinónimo de aprendizaje significativo.
Esta idea aristotélica se alinea con mi propia experiencia, ya que me recuerda cómo a través del juego, pude sintonizar con todo y todos, aprender y ensayar un sinfín de habilidades nuevas.
Siguiendo a esa línea de pensamiento, Hegel sostuvo que el juego es un refugio para la humanidad, un camino hacia la libertad. Esta afirmación me resuena profundamente, dado que que puedo sentir que fue la experiencia deportiva la que me proporcionó un espacio seguro donde poder expresarme sin restricciones.
El alemán Gadamer por su parte, enuncia que jugar es siempre representar algo. Afirmando que el arte tiene un alto componente lúdico, ya que se autorepresenta a la vez que se muestra al espectador. De esta manera, el espectador tanto de la obra de arte, como la del juego es quien se une (al círculo invisible) en una danza en la que danzan juego y jugador.
El juego, por lo tanto forma parte y es la manera en la que se relaciona con el ser humano, al igual que la obra de arte.
Para concluir quiero mencionar la interpretación del historiador neerlandés Huizinga que introduce el concepto de «círculo mágico», el cual describe un entorno único y seguro en el que se desarrolla y da cita.
Desde esta perspectiva pude comprender por qué el juego tiene un poder tan especial para transportarnos a otros mundos y hacernos olvidar de nuestras preocupaciones".
Retomemos la experiencia del juego…
Antes que nada y una vez más, haré un paneo, buscaré en el alambre entre rostros y tras ese tejido que limita y a la vez conecta . Ahí, algunas veces suele estar mi padre, yo lo he descubierto medio perdido entre la gente; el no sabe que yo lo sé, yo sé que él sabe de ese su lugar elegido, desde donde juntos danzamos el juego … Que maravilla!
Recuerdo que para mi fue una sorpresa desvelar su rostro entre múltiples cabezas …detrás del alambre sé que mi padre me observa con su curiosa y penetrante mirada, siguiendo cada una de las jugadas del juego. Al principio, su presencia era un secreto , ahora una co-autoría, una complicidad tácita y encubierta.
Dicen que "Hay miradas que lo dicen todo y un todo que se llena de miradas". Esto es todo y esa es la magia. El rugby, ese deporte de la ovalada que tanto lo desconcertaba, se convirtió en puente, donde la relación evolucionó y encontró su propio lenguaje .
«Es así que mientras el juego danza entre realidad y fantasía, pasa a ser refugio, espacio para soñar y conectar con la más profunda de las esencias. En el campo de juego, hay un tiempo detenido , donde solo existe el corazón (la guinda), mis compañeros, yo y esa inexplicable sensación de libertad. Era allí donde encontraba mi propio círculo mágico, un lugar donde los problemas desaparecían.
Jugar siempre ha sido mi forma favorita de compartir y aprender. El gran Piaget decía : "se juega para aprender, pero se aprende porque se juega" ..
Mientras este juego suceda, y sin que el resto imagine o sepa, tras el tejido mi padre y yo valseamos una danza de ensueño, un momento único (muy nuestro) y aunque somos más de 30 los participantes directos , y cientos los ojos que vean , esta conexión invisible, que sin embargo se vive y se siente, será propia y exclusivamente nuestra.
Definitivamente es el juego, ese círculo mágico que me ha permitido escapar de la rutina y conectar con mi niño interior. A través del deporte he compartido momentos inolvidables, momentos que perdurarán en mi memoria toda la vida. El rugby me ha enseñado el valor de la amistad, el trabajo en equipo y la importancia de vivir el presente, que aunque los años pasen ese espíritu seguirá eternamente siendo mi gran compañero .
"La relación con mi padre me deja claro de dónde vengo, la conexión con mis compañeros y amigos inspira hasta dónde puedo llegar. Son pilares que sostienen mi identidad y me dan fuerza. La relación con el juego es la que llena de alegría mi vida"
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