La primera privatización de Milei enfrenta obstáculos
La venta de IMPSA, la emblemática empresa mendocina de infraestructura y energía, se perfila como el primer intento del gobierno de Javier Milei para trasladar empresas públicas al sector privado. Sin embargo, su privatización enfrenta un gran desafío.

El presidente Milei, conocido por su enfoque radical de austeridad, fijó diciembre como fecha límite para cerrar la venta de IMPSA. Este proceso es parte de su plan para reducir el tamaño del Estado, que incluye privatizar ferrocarriles, bancos y Aerolíneas Argentinas.
IMPSA, con sede en Mendoza y controlada en su mayoría por los gobiernos nacional y provincial, fue seleccionada como el primer objetivo de este plan. Actualmente, el gobierno mantiene conversaciones con Industrial Acquisitions Fund (IAF), un fondo estadounidense especializado en la adquisición y desguace de empresas de energía e infraestructura.
El obstáculo de la deuda
El mayor obstáculo es la pesada deuda de IMPSA, que representa un reflejo de las propias crisis de deuda soberana de laArgentina. La empresa reestructuró su deuda en dos ocasiones durante la última década y hoy sus bonos internacionales, que constituyen el 38,4% de su cartera, cotizan a apenas una décima parte de su valor nominal.
IAF ha dejado claro que no avanzará con la compra hasta que alguien salde esta deuda, idealmente el Estado nacional. Para ello, contrató a la corredora AdCap Securities Ltd., aunque no se han revelado detalles sobre cómo planean liquidarla. Si no se alcanza un acuerdo antes del 15 de diciembre, IMPSA podría declararse en quiebra, según fuentes cercanas al proceso.
Un microcosmos de los desafíos
IMPSA simboliza las dificultades estructurales que enfrentan las privatizaciones en la Argentina. Fundada en 1907, la empresa comenzó fabricando equipos para la industria vitivinícola y sistemas de irrigación, pero luego se enfocó en proyectos hidroeléctricos y maquinaria pesada. En los últimos años, la compañía ha lidiado con crisis financieras y operativas que han limitado su capacidad de recuperación.
El caso de IMPSA no es único. Otras empresas públicas enfrentan retos similares. Por ejemplo, Aerolíneas Argentinas ha sido afectada por huelgas laborales, mientras que Trenes Argentinos, el mayor empleador estatal, opera en una red ferroviaria deteriorada.
Milei también inició el proceso para licitar la empresa ferroviaria de carga del país, pero potenciales compradores se enfrentan a desafíos como infraestructuras en mal estado y altos costos operativos.
La venta de IMPSA no solo es clave para el plan de privatización del gobierno, sino que también marcará el tono de los próximos intentos de reducir el papel del Estado en la economía argentina. Sin embargo, el éxito dependerá de resolver primero los problemas estructurales que ahogan a estas empresas.
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