La pérdida de biodiversidad
Una buena parte de la comunidad científica internacional advierte que el planeta Tierra enfrenta una crisis ecológica sin precedentes, impulsada por las actividades humanas. Quienes sostienen esta afirmación explican que la combinación de pérdida de hábitats, cambio climático y otras presiones de los grupos humanos sobre el entorno ha llevado a un aumento en las tasas de extinción de distintas especies.
Se estima que, actualmente, la tasa de extinción es varias veces superior a las tasas naturales previas a la intervención humana. Según los expertos, alrededor de 150 especies se extinguen cada día, reduciéndose así de manera alarmante los bienes biológicos que son vitales para el desarrollo de las economías y las sociedades. La explotación sin límites de los recursos naturales se ha convertido en una verdadera amenaza tanto para las distintas especies como para los ecosistemas.
Días atrás se llevó a cabo en Cali, Colombia, la Conferencia Mundial sobre Biodiversidad, también conocida como COP16. Se trató del encuentro más grande que se haya realizado hasta la fecha sobre esta temática, y en esta oportunidad contó con más de 23,000 asistentes de más de cien países. Expertos, técnicos, diplomáticos y representantes de comunidades se dieron cita en este foro con el objetivo de impulsar acuerdos que contribuyan a la conservación y restauración del planeta. En esta edición, el lema del encuentro fue "Paz con la Naturaleza" y la agenda de debates se centró en las distintas alternativas disponibles para mejorar la relación entre los humanos y el ambiente.
Aunque no se logró un acuerdo final debido a la falta de quórum en la sesión de cierre, se avanzó en la decisión de establecer un nuevo mecanismo para la compensación por el uso de secuencias genéticas digitalizadas, conocido como el Fondo de Cali. Este fondo busca que las industrias farmacéuticas y biotecnológicas contribuyan con un porcentaje de sus ganancias (1%) o ingresos (0.1%) para financiar la conservación de la biodiversidad. Según se informó al término del encuentro, los recursos se destinarán a comunidades con alta biodiversidad que han proporcionado estos recursos genéticos.
Por otra parte, se creó un órgano subsidiario específico para pueblos indígenas en el marco del Convenio sobre Diversidad Biológica. Se trata de un avance importante que otorga a las comunidades originarias una mayor representación y voz en las negociaciones sobre biodiversidad. Aunque no se logró un acuerdo formal sobre financiación, se reafirmó el compromiso voluntario de los países desarrollados para aportar 20.000 millones de dólares anuales en 2025 y 30.000 millones de la misma moneda en 2030 para la conservación de la biodiversidad. Como se dijo, la reunión plenaria final no logró, lamentablemente, alcanzar un quórum suficiente, lo que llevó a la suspensión de las negociaciones sin que se discutan temas claves como los mecanismos de financiación y el presupuesto operativo para los próximos dos años.
Como suele ocurrir en otros foros internacionales, también aquí las discusiones sobre cómo movilizar recursos financieros fueron polarizadas y complejas, con resistencia por parte de algunos países del Sur global respecto al control del Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF) por parte de Estados Unidos. Hay que decir también que activistas y organizaciones ecologistas criticaron la cumbre por sus pobres resultados, señalando que no se lograron avances significativos en áreas críticas como la financiación y el monitoreo. A pesar de los logros alcanzados, como el establecimiento del Fondo de Cali y el reconocimiento formal de las comunidades indígenas, la COP16 dejó importantes temas sin resolver. La falta de un acuerdo final y los desacuerdos sobre financiación confirman las dificultades para avanzar en las negociaciones internacionales sobre biodiversidad. Y lo que es peor, sin un acuerdo financiero los problemas planteados serán más difíciles de resolver, sobre todo para los países del sur global que dependen de este tipo de recursos para poner en marcha medidas concretas de conservación en un planeta que enfrenta una crisis ambiental que no tiene precedentes.
Como bien señala la ONU, la degradación de la naturaleza no es un problema puramente ambiental, sino que abarca también la economía, la salud, la justicia social y los derechos humanos. Según el organismo internacional, más de un millón de especies animales y vegetales están amenazadas en el planeta, lo que revela la existencia de una relación disfuncional de los humanos con la naturaleza.










