¿Se fue? No es tan así…
El viernes 1 de noviembre de 2024, a los 46 años, se fue un integrante muy especial del equipo de NORTE. Silvestre Fogel, periodista de otros tiempos que todavía en estos conservaba las maneras, seguirá estando hasta que se apague la última de las sonrisas que dibuja su recuerdo. Aquí, lo que sus compañeros quisieron escribir para él.

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El muchacho sin tiempo
Silvestre era un verdadero soldado de la Redacción. Comprometido con los temas que trataba, podía pasar una tarde entera sin emitir una palabra hasta tener listo su material, aunque siempre estaba prestando atención al ambiente. Porque en cuanto escuchaba que alguno decía algo de su interés, y sobre todo algo que él supiera, se levantaba ruidosamente, se acercaba hasta el escritorio correspondiente y arrancaba con su característico: "No es tan así".
Ese ha sido el disparador de largas charlas al filo del cierre de las ediciones, con las secciones de Armado y el taller de impresión reclamando los materiales, pero Fogel tomándose el tiempo para desarrollar su posición sobre temas muy diversos que lo apasionaban por igual, desde las negociaciones de las listas de un partido local hasta el poderío armamentístico de los cárteles mexicanos. Y siempre, pero siempre, sabía de lo que hablaba. Y siempre, pero siempre, era un misterio saber a qué hora íbamos a poder mandar ese último material. Y siempre, pero siempre, fue un compañero y colega noble, fiel a sus convicciones, que aunque se mostraba reservado sabía expresarte su calidez y amistad.
Fabricio Glibota
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Adiós, estimado
Con Silvestre no teníamos una amistad, pero nos unieron varios casos policiales y judiciales en largas guardias, lo que nos llevó a forjar una relación sincera, frontal y de permanentes consultas.
Nos compartíamos los datos y también las fuentes.
Su autenticidad y lealtad para con el diario y compañeros fue una virtud innegociable. Haberse ido tan joven duele, tenía mucho por brindar como profesional, por capacidad y calidad humana. Siempre estuvo un paso adelante, hacía la diferencia.
Hasta en sus últimos días, cuando lo visité, le consulté si tenía alguna bomba judicial o si fiscales seguían enviándole requerimientos, y con su picardía me lo confirmó. Nunca dejaron de acudir a Silvestre.
Sus frases resonarán todos los días en el turno tarde de la Redacción. "Estimado" -otro de sus latiguillos-, nunca nos olvidaremos de vos.
Hugo Horacio Peralta
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Hasta siempre, Silver
-Hola, ¿cómo estás, Silver?
-Hola, bien.
-¿Estás para una videollamada, así te hablamos con los chicos?
-Prefiero que no, pero te subo una nota.
-Bueno, pero no te sientas en la obligación, solo queremos saber cómo estás.
-Ja ja ja, para nada.
Esa fue mi última charla con Silver, corta, con sus respuestas concisas. Y demostraba que extrañaba la Redacción.
Si hay algo que lo caracterizaba eran sus respuestas directas, sin muchas vueltas, salvo cuando te mandaba cientos de audios para explicarte una nota o un tema concreto.
En 2019 viajamos a un congreso de periodismo en Buenos Aires, junto con Marcelo López. Era la primera vez que íbamos a convivir 24 horas plenas. Del viaje en colectivo quedaron miles de anécdotas, pero la más cómica fueron sus ronquidos interminables, que hicieron que nos desveláramos bastante para todo el día de capacitación que nos esperaba. En el almuerzo compartimos unas pastas que fueron una locura, y él comentó que si había algo que le encantaba era comer. Ya lo sabíamos. Nos reímos de eso y de varias cosas más.
En ese mismo viaje nos contó de su alegría por convertirse en padre junto con su compañera Mirta.
El nacimiento de su niño y el mío fue en 2020, plena pandemia por Covid. Desde ese momento nos volvimos más cercanos y creció una amistad que a veces pasaba a ser hermandad. Compartíamos experiencias de la ma-paternidad, nuestros miedos, frustraciones, el amor que despertaran nuestros hijos para cada uno, y además el intercambio de recetas variadas. Él siempre era más conocedor en la cocina, pero yo siempre lo sorprendía con un budín al que -obviamente- jamás se negaba.
Eliana Coronel

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Cuando me moría yo, él estuvo ahí
Una vez, el que casi se moría era yo. La tragedia es como un filtro polarizador que hace desaparecer los brillos de las personas que hacen mucho ruido pero que, a la hora de ponerse una situación al hombro, son Cobos. Dicho de otra manera, cuando te estás muriendo aparecen caras que ni te imaginabas, y otras brillan por su ausencia.
Fogel estuvo un montón de días. Paradito, con su jean ancho y siempre de chomba. Las rodillas medio juntitas y las piernas flacas. El puto pucho que se le notaba hasta cuando no fumaba. "¿Cómo estás, Catrulo?", me decía, y nos entendíamos rápido sin que yo dijera mucho.
Nunca fuimos amigos, yo no sabía dónde vivía, cómo se llamaba su perro o si le gustaba Soda Stereo. Pero el cariño estuvo ahí siempre. Nos teníamos un cierto respeto.
Yo era duro con él, lo cagaba a pedos. "Dejá de fumar tanto, pelotudo", tiraba; y él apenas... "eh, Pichi, pará, Pichi". Pero me lo agradecía, sin decir nada, él sabía bien que la cajita de mierda esa era una de las peores cosas en su vida.
Aun así, cuando el que casi se moría era yo, él estuvo ahí. Con sus vicios a cuestas y sus pocas palabras. Así como yo a las puteadas, él dando el presente me expresaba su cariño.
Silvestre se murió, como se murió mi vieja, como se van a seguir muriendo muchos. A mí me toca la distancia de apretar letras como un pelotudo en este libro de caras que de a poco empiezan a ser las caras de los que ya no vemos nunca más.
Ojalá si alguno llegó hasta acá, estoico esfuerzo de estos días, me tome el consejo: déjense de joder y vayan a ver a sus enfermos, párense cerca de su cama, cébenle un mate. Vayan a ver a sus amores, le dan un beso en la frente, le cuentan sus dolores. Por favor, déjense de pelotudeces y vayan a pasar con sus amigos.
Chau, Fogel querido, ojalá en otra vida tengamos más tiempo. Te vamos a extrañar.
Catriel López Acosta
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A tu modo, desfachatado
Miles de anécdotas brotan en la Redacción estos días, recordándote. Eras un caso único e irrepetible, desobedecías como querías y me hacías rabiar tanto, tanto… que terminabas por cansarme. Con vos, yo tiraba la toalla a cada minuto y luego te veía terminando cada round casi de nocaut.
Eran tus tiempos, eras así, era tu modo, desfachatado. Cuestionador, incisivo, pero genuinamente desfachatado; sin estructuras que te limiten, sin ideologías que te seduzcan, sin prototipos que te gobiernen.
Me queda eso en el alma, tu desfachatez frente a la vida, tu no ser del montón, tu pensamiento lineal y el amor por tres grandes ejes en tu vida: tu familia, el trabajo y la comida. Así de simple, así de honesto y así de único. Te voy a extrañar, Momito.
Nuri Bendersky
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Seguirás viviendo en cada buena anécdota
"Allá arriba, seguro, estás mejor que acá". Así, apelando a lo espiritual, que sé que estaba tan arraigado en vos, compañero, trato de sobrellevar este momento de tristeza, buscando explicar el porqué de una partida tan repentina.
Seguro no te gustarían nada las despedidas grandilocuentes, con tanto ruido y pompas. Por eso, esto tan breve pretende recordarte como un tipo bueno que hacía lo que amaba y no aflojaba nunca, ni frente a las peores adversidades.
Comenzamos en NORTE al mismo tiempo, hace casi quince años. Una época vertiginosa -estoy segura de que menos cruel que ahora- y de mucho aprendizaje. Me guardo todo aquello como lo mejor, y también me guardo nuestras diferencias porque, sabemos, son las que nos hacen seguir aprendiendo.
Acá, en esta Redacción, dejaste una huella; y dejaste compañeros y compañeras que nunca te vamos a olvidar.
Hasta siempre.
Leticia Muñoz
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Ya se te extraña
Gran compañero, gran persona, siempre amable. Te hablaba con mucho respeto, con su "¿che, estás vos hoy?", para avisarte que pasó la foto de su página. Y desde ese su lugar donde, sentado, tomaba sus mates con yuyos, y le pedías y te convidaba, llevaba su comida y fruta en un tupper, se iba hasta donde estabas, con su pancita luciendo su ombligo y rascándose la cabeza a conversarte de algo…
Nos encontramos hace poco en la plaza España. Él se acerca y me dice: "¡Ah, por eso querés que te pase temprano mi página, ja ja ja!", sosteniendo a su niña en brazos y contándome orgulloso que lo acompañaban también su señora y su hijo, que estaba en el inflable, saltando. Donde sea que se lo encontrara, él paraba para saludar y conversar. Ya se te extraña, Silvestre, único, amable, laburador, conversador, andariego, muy buena gente, respetuoso… y con tu "no es tan así". Que en paz descanses.
Alicia E. López
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Un niño sin caretas
Prefiero pensar que quien deja este mundo lo hace porque cumplió con su misión. La Redacción no olvidará a ese niño algo torpe pero extremadamente noble, que se hizo querer sin caretas. Chau, Silver.
Tato Bianucci
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La nota eras vos
Es duro pensar que ya no vamos a tener esos "yo te explico", o "no es tan así", cuando surjan esos debates sobre causas perdidas en la Redacción. Esas formas tan tuyas de cambiar la atmósfera del lugar, con tus miradas, tus silencios, bajándote el anteojo y mirando fijo, o con ese solo de batería que hacías cada vez que emprendías la retirada.
No había salida aburrida con vos, no había forma de que tu presencia en una cobertura periodística no trajera alguna anécdota más colorida que la nota que te mandaban a cubrir. Sea un presidente o un embajador, la nota era lo que hacía Silvestre, y no lo que declaraba el personaje en cuestión.
El único capaz de ir a hablar con el agregado cultural de Ucrania en yoguineta y alpargatas, con una libreta ajada y remendada, tirando trazos jeroglíficos, pero poniendo la magia necesaria para que de esa mezcla salgan las notas que tenían todas las miradas de la agenda política y social del Chaco.
Marcelo Eduardo López
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En el nombre del padre
Mucho se dijo y se escribió del querido Silvestre para describirlo y caracterizarlo. Todas verdades. En mi caso, que tuve la dicha de coincidir por varios momentos en una Redacción y más allá de coincidir o no en algunas cuestiones periodísticas, me quedo con su rol de padre. Era iluminársele el rostro y hasta cambiar el tono de su voz, invadida por la emoción, cada vez que hablaba de sus hijos o hablaba con el más grande a través del teléfono celular. Eran su vida y daba su vida por ellos. Se preocupaba y ocupaba.
Padrazo, con todas las letras. Dios quiera que esos inocentes encuentren cristiana resignación y descubran en el recuerdo de su amado padre la fortaleza para dejar en alto su legado y continuar por esa senda que comenzó a marcarles en los albores de sus vidas.
Guillermo Koster
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Nunca, siempre
Silvestre, no hace falta contarte que las palabras son una materia prima básica de nuestro laburo, y sabés perfectamente que si nos dan un título pero ningún dato, igual podemos escribir decenas de carillas A4 sobre el tema que nos hayan tirado encima, sea cual fuere. Pero con tu viaje, el oficio no sirve de mucho. Es más, nunca y siempre no dicen nada.
Que tengas paz, que seas feliz, y que tus hijos siempre lleven, en la memoria del alma y en la de la piel, el orgullo de haber sido amados por un papá como vos.
Sergio Schneider
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