Entre la promesa de un sueño y el horror de la guerra
La historia de Naiara y Ludmila Sánchez Roffe, dos jóvenes chaqueñas que emigraron a Israel en busca de sus raíces y hoy viven bajo la constante amenaza de la guerra. Un relato de coraje, unión y esperanza en tiempos difíciles.
Naiara y Ludmila, nacidas en la provincia del Chaco, crecieron rodeadas de los valores del judaísmo y del sionismo, dos pilares que marcaron sus vidas desde la infancia. Cuando Ludmila tenía 10 años y Naiara solo 5, viajaron por primera vez a Israel con su familia. En ese viaje, frente a las serenas aguas del mar Muerto, las hermanas hicieron una promesa que cambiaría el curso de sus vidas: "Algún día volveremos, pero esta vez para quedarnos".

Esa promesa, que entonces parecía un simple sueño de niñas, se hizo realidad años después. Hoy, Ludmila (32) y Naiara (27) viven en Israel, país que eligieron para desarrollar su futuro profesional y personal. Ludmila es licenciada en kinesiología y hace casi dos años que dejó nuestra provincia, trabaja en un jardín de niños en Tel Aviv. Mientras que Naiara, está en el país desde 2021, y es licenciada en psicóloga, coordina un programa educativo que recibe jóvenes de toda Latinoamérica para formarse en Israel.
Un hogar en medio del conflicto
Israel no solo fue el lugar de sus raíces espirituales, sino también el nuevo hogar que ambas decidieron construir. Sin embargo, la vida en este país, especialmente en los últimos tiempos, ha estado marcada por la incertidumbre y el miedo. "Emigrar a cualquier lugar es difícil", asegura Ludmila, "pero cuando a los desafíos de adaptarte a una nueva cultura y aprender un nuevo idioma, se suma el vivir en medio de un conflicto bélico, el reto es aún mayor".

Desde octubre de 2023, Israel está en guerra. El ataque del grupo terrorista Hamas el 7 de octubre marcó un antes y un después para las profesionales chaqueñas. En ese fatídico día, el grupo invadió territorio israelí, dejando a su paso una estela de muerte, destrucción y secuestros. "Lo que más nos aterra es la incertidumbre de no saber cuándo puede caer un misil, o qué será de los más de 100 secuestrados en Gaza, entre ellos los seis argentinos", relatan con angustia.
El 1 de octubre, un día antes de Rosh Hashaná, el Año Nuevo judío, la República Islámica de Irán lanzó más de 180 misiles hacia Israel, dirigidos principalmente al centro del país, donde viven miles de civiles. "Es imposible describir la sensación de saber que en cualquier momento puede caer un misil en la zona donde vivís. Cada alarma es una carrera contra el tiempo", expresan. Ese ataque, dirigido exclusivamente a la población civil, fue uno de los momentos más tensos del conflicto en curso.
La distancia emocional: familia y amigos en Argentina
El Chaco, la tierra que las vio nacer, está siempre en su mente y en sus corazones. La distancia no solo es geográfica, sino también emocional. Naiara y Ludmila extrañan profundamente a su familia y amigos, que permanecen en Argentina. "Nos sentimos divididas entre dos mundos. Queremos estar cerca de los nuestros, pero al mismo tiempo, aquí sentimos que estamos donde debemos estar", reflexionan.

Sin embargo, la comunidad que han formado en Israel ha sido un pilar fundamental para afrontar estos tiempos oscuros. Muchas de sus amistades, también provenientes del Chaco y otras partes de Latinoamérica, las acompañan en este difícil camino. "Nos apoyamos entre nosotros. Somos una gran familia de emigrantes que vivimos esta realidad juntos, y eso hace que todo sea un poco más llevadero", afirma Naiara.
La amenaza del antisemitismo global

Más allá de la guerra que enfrenta Israel en su territorio, Ludmila y Naiara también sienten la creciente ola de antisemitismo que se ha propagado en todo el mundo desde el inicio del conflicto. "No es solo lo que vivimos aquí. Lo que más asusta es que, por ser judío, ya no podes sentirte seguro en ningún país", señala Ludmila con preocupación. Las noticias sobre ataques y manifestaciones antisemitas en diferentes partes del mundo agravan el sentimiento de vulnerabilidad.
El miedo no es solo por ellas, sino por sus amigos y familiares, tanto en Israel como en otras naciones. "Vivimos con la incertidumbre de qué puede pasarles a nuestros seres queridos simplemente por ser judíos", agrega Naiara.
La voz por los secuestrados
"Desde el 7 de octubre, más de 100 personas fueron secuestradas y llevadas a Gaza. Entre ellos, los argentinos Iair y Eitan Horn. Exigimos la liberación de todos los secuestrados y pedimos al pueblo chaqueño y argentino que levante su voz por ellos", piden con urgencia Naiara y Ludmila.
Unión para la justicia y paz
A pesar de los momentos de angustia y el dolor que atraviesan, Naiara y Ludmila mantienen viva la esperanza. "Israel es un país que ha sabido sobreponerse a la adversidad muchas veces en su historia, y esta no será la excepción", afirman con convicción.

Para ellas, es crucial que el mundo entienda la complejidad del conflicto y se informe adecuadamente. Desde su lugar en Israel, Naiara y Ludmila invitan a la comunidad chaqueña y argentina a solidarizarse con las víctimas y a alzar la voz por quienes siguen desaparecidos. "No podemos olvidar a los secuestrados ni a las familias que han perdido a sus seres queridos. Todos debemos unirnos para pedir justicia y paz".
Su historia es la de dos hermanas que, a pesar de vivir en medio de la guerra, no pierden la esperanza de un futuro mejor, en un país que consideran su hogar y en el que aún creen que la paz es posible.
Al momento del último contacto, Ludmila cuenta a NORTE que acababa de dejar los búnkers porque otra vez las sirenas se activaron ante posibles ataques con misiles.

"Nos prometimos volver para quedarnos"
Frente al Mar Muerto, Naiara y Ludmila se hicieron una promesa que marcaría sus vidas: regresarían a Israel, pero esta vez para siempre. Hoy, el país que eligieron como hogar las enfrenta a uno de los mayores desafíos de sus vidas.

Desde que comenzaron los ataques, las sirenas que anuncian la llegada de misiles forman parte de la cotidianidad de las hermanas. Viven en Ramat Gan, una ciudad fronteriza con Tel Aviv, donde el sistema de alerta es crucial para proteger a la población. "Cuando suena la sirena, tenemos pocos minutos para llegar al refugio más cercano", explica Ludmila. "Es una carrera contra el tiempo, un ejercicio que se ha vuelto parte de nuestra rutina". Deben permanecer en los búnkers hasta que sea seguro volver a salir, lo cual suele ser luego de 10 minutos de que la sirena haya sonado.
La infraestructura de seguridad en Israel es avanzada. Los sistemas de defensa aérea interceptan la mayoría de los misiles antes de que lleguen a tierra, pero eso no elimina el miedo. "Nos ha tocado correr al búnker en medio de la noche, mientras trabajamos o incluso en la ducha. Nunca sabes cuándo será el próximo ataque", se sincera la hermana mayor Sánchez Roffe.
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