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La prosperidad de una nación

La prosperidad de una nación no se explica por las bondades que puede ofrecer el clima, ni por la geografía o a la cultura, sino por las políticas que emanan de las instituciones de cada país. Así lo aseguran los autores del libro "Por qué fracasan los países", el economista turco, Daron Acemoglu y el politólogo británico James A Robinson, que acaban de recibir el Premio Nobel de Economía junto al británico, Simon Johnson, por sus investigaciones sobre los factores que influyen en la desigualdad y el crecimiento económico de los países.

Vale aclarar que el galardón que recibieron estos tres investigadores se denomina formalmente Premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia en Memoria de Alfred Nobel, aunque en todo el mundo es más conocido como Premio Nobel de Economía. Con sus investigaciones, los premiados demostraron que las instituciones "inclusivas" fomentan el crecimiento económico, mientras que las "extractivas" tienden a perpetuar la pobreza y la desigualdad. Esto se debe a que las primeras permiten una mayor participación de la población en el sistema político y económico, lo que a su vez promueve un desarrollo más equitativo.

Según Acemoglu y Robinson, un ejemplo de instituciones inclusivas en los Estados Unidos, donde los primeros colonos lograron establecer instituciones que promovían la participación política y la propiedad privada. Esto, según estos expertos, permitió una mayor inclusión de la población en el proceso de gobernanza, lo que fomentó la innovación y el crecimiento económico. También mencionan como ejemplo los casos de Canadá y Japón que, según se desprende de sus investigaciones, han desarrollado instituciones que garantizan derechos individuales, acceso a oportunidades económicas y un entorno competitivo que impulsa el desarrollo; y el caso de los países de Europa Occidental, que crearon marcos institucionales que permiten una distribución equitativa del poder y recursos, lo que contribuye a su estabilidad económica y social.

Como ejemplo de instituciones extractivas, en cambio, citan el caso de Nogales, la ciudad dividida entre México y Estados Unidos: Nogales, Arizona, con instituciones inclusivas, es próspera, mientras que Nogales, Sonora, enfrenta problemas económicos significativos debido a instituciones más extractivas. También comparan las experiencias de Corea del Norte y Corea del Sur, dos naciones que, a pesar de compartir historia y cultura, las diferencias en sus instituciones han llevado a resultados económicos drásticamente diferentes, con Corea del Sur prosperando gracias a un sistema inclusivo mientras que Corea del Norte sufre bajo un régimen extractivo. Estos ejemplos subrayan la tesis central de Acemoglu y Robinson, que sostiene que la calidad de las instituciones es fundamental para determinar el destino económico de las naciones. Dicho de otro modo, las instituciones inclusivas fomentan el desarrollo y la prosperidad, mientras que las extractivas perpetúan la pobreza y la desigualdad. Un aspecto central de las investigaciones de los tres galardonados con el Nobel, es cómo las instituciones impuestas durante la colonización han dejado un legado duradero que afecta el desarrollo económico actual de las naciones. Acemoglu, por su parte, asegura que países no podrán conseguir que sus economías crezcan hasta que no cuenten con instituciones que desarrollen políticas que promuevan una verdadera participación ciudadana en la toma de decisiones. Según el estudio comparativo que realizaron el economista turco y Robinson para sostener la teoría que volcaron en el libro citado, cuanto más saludable es la democracia más opciones tienen las comunidades para progresar. Afirman, además, que cuando el poder está repartido, cuando hay acceso a la justicia e igualdad de trato para todos los ciudadanos, cuando el pluralismo y Estado de derecho son palpables, se generan vínculos que conducen a un mayor desarrollo de la sociedad en su conjunto. Robinson lo expresa de manera más clara: "demasiada desigualdad es corrosiva para la sociedad", dijo en una entrevista que concedió al diario español El País en 2013.

Esa observación debería ser tenida en cuenta por la dirigencia de nuestro país, ya que el fuerte aumento de la pobreza y la desigualdad -según los ganadores del Nobel de Economía- son dos factores que conspiran contra cualquier intento de apuntalar el desarrollo sostenible en una nación. Coincide con este punto de vista, el  economista serbio, Branko Milanovic, quien en su libro "Desigualdad mundial", advierte que la concentración del ingreso en unos pocos refuerza el poder político de los que más tienen, y eso hace que los cambios a favor de los sectores más postergados en política tributaria, en el financiamiento de la educación pública y en el gasto en infraestructura sea mucho menos probable.

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