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Una historia para contar: don Juan Hrycyk y su familia

La suerte del comercio local estuvo íntimamente relacionada con la evolución y fortuna de las familias del campo y los frutos de sus trabajos y esfuerzos.

CASTELLI (Por César Sosa Hrycyk). Si uno repasa los libros de historia, no solo regional, sino especialmente aquellos pertenecientes a los escritores locales, veremos que de una u otra manera, distinguiendo sus estilos y temáticas, coincidirán acerca de la importancia de las vidas de los pioneros y primeros comerciantes que poblaron nuestra localidad y que siempre, la suerte del comercio local estuvo íntimamente relacionada con la evolución y fortuna de las familias del campo y los frutos de su trabajo y esfuerzo, que repercuten esta relación entre uno y otro con resonancias en toda su historia contada y no contada.

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Integrantes de la familia Hrycyk y Radosevich en una reunión para las fiestas de fin de año en esta ciudad.

Entre estas interacciones, surgen las pequeñas historias y anécdotas que pueblan la memoria de algunos aún al pasar los 80 años de existencia. Personalmente, rescato entre ellas, no sin cierta emoción, la de mis abuelos. Para el relato, no hay mejor pluma en esta ocasión que la de una lectora fiel de NORTE: María Elena Pastori de Fetter, que ya mencionáramos aquí anteriormente y que en su imperdible producción "Homenaje a los pioneros" (ED Contexto, 2017) rescata en sus páginas la historia de don Juan Hrycyk.

DEL CAMPO A LA CIUDAD

"Nació el 24 de diciembre de 1906 en un pueblito llamado Radochonce, en Mosciska, Polonia. Al igual que muchos hombres que dejaban tierras europeas convulsionadas por luchas en esa época, Juan ingresa a nuestro país el 26 de junio de 1934, siendo un apuesto joven de 28 años que solo quería trabajar en paz, respeto y libertad", recuerda Pastori.

"Durante mucho tiempo recorrió distintas provincias realizando variados trabajos, sin lograr encontrar "su" lugar. En La Pampa conoció a Teodosia Grabovsky, polaca también, que había emigrado de su patria en condiciones semejantes, con una historia parecida a la suya, de luchas, pobreza y esfuerzos vanos por progresar.

Se unen y alrededor del año 1936 deciden enfrentar la incierta travesía de sur a norte del país, que un tiempo antes habían iniciado los "Alemanes del Volga" que ya estaban poblando el "desierto" Noroeste chaqueño, en las colonias Castelli y La Florida, como "punta de lanza" de otras familias que vinieron después.

Se instalaron en el campo soportando muchas penurias, adaptándose a un clima inhóspito, combatiendo plagas, sufriendo necesidades, resistiendo tiempos difíciles de fracasos en las cosechas. Empecinados en progresar, fueron viniendo los hijos, tuvieron tres en total.

Cuando la familia venía a hacer las compras al pueblo que ya había sido fundado y contaba con negocios de ramos generales. la señora de Juan miraba con admiración una casa que le parecía la más linda de todas, en ese momento. Cual la lechera del cántaro, soñaba con conseguirla algún día.

Estaba en la calle principal y como la rodeaban baldíos, se podía "ver toda la galería cerrada con maderas entrecruzadas, que tenía atrás. ¡Cuánto le gustaba! sabía que el dueño era un señor muy importante, el presidente de la Comisión de Fomento de Castelli, don Florentino Gutiérrez.

Dicen que hay que desear una cosa con ahínco para conseguirla. Y así fue como vino la tan ansiada cosecha que les permitió hacer los primeros ahorros, y al año siguiente (1948) se volvió a repetir el éxito, el campo se llenó totalmente de capullos de algodón. Cuando vinieron al pueblo a comerciarlo, vieron que la casa tenía un cartelito: "se vende".

Sin pensarlo demasiado don Juan decidió darle el gusto a su esposa y puso en venta su chacra para poder adquirir la propiedad en el pueblo. Con éxito lograron vender lo suyo en el campo y concretaron la compra de la vivienda de don Florentino Gutiérrez. Pero tenía inquilinos ocupándola que se negaron a salir.

Los nuevos propietarios no podían instalarse en la casa, así que "una esquina del terreno, don Juan hizo un salón donde poder instalar a su familia y poner un negocio de venta de mercaderías comestibles en el frente, atendido por la misma familia.

Mientras tanto seguían insistiendo que les desalojen la vivienda, pero las personas se negaban rotundamente a retirarse. La situación se ponía cada vez más tensa. Así fue pasando el tiempo en que los dueños de la propiedad sufrieron muchísimo pues la decisión de "los inquilinos" era cansarlos con sus permanentes afrentas, ataques, ofensas y perjuicios.

Don Juan y su esposa, firmemente, pero sin ataques o insultos, permanecían con la estabilidad y la seguridad de quien se encuentra en sus derechos, en "su" propiedad, haciendo prevalecer la convicción de su pertenencia. Con el compromiso mutuo de hacer valer siempre, sus derechos inalienables.

LUCHAR POR LOS SUEÑOS

María Elena añade: "Finalmente, después de unos años y mucha paciencia ante tantos agravios, se pudo cumplir el sueño de Teodosia de ocupar la casa de la avenida San Martín 240. Lo primero que hicieron fue desagotar y limpiar el inmenso aljibe de 60.000 litros, por consejos de algunos vecinos, que pensaban que los inquilinos podrían haber echado algún producto nocivo al agua, descargando así el odio que sentían por tener que dejar esa casa. Llamaron a don Weber que se ocupaba de hacer esos trabajos antes de poner su fonda. Fue con su hija Elsita y realizaron esa ardua labor, desde la madrugada hasta el atardecer. Doña Teodosia limpió prolijamente techos y paredes, fregó pisos e hizo un amoroso jardín lleno de flores a la entrada. También puso numerosas plantas frutales, haciendo de la bella casona un lugar agradable donde vivir con su familia y criar a sus hijos que se formaron con los principios y valores inculcados por sus padres. Después cada uno siguió sus caminos y ellos dos, como al principio, lentamente fueron quedando solos, declinando progresivamente hacia los años de su ancianidad. Esto habla de los valores que practicaban Juan Hrycyk y su esposa: la paciencia, la perseverancia y la bondad, pues con profunda resignación y calma esperaron con firmeza poder ocupar lo que habían conseguido con tanto esfuerzo. Con la humildad y sencillez que siempre los caracterizaron.

Otra anécdota los "pinta" de cuerpo entero tal como eran. Se trató de la noticia que llegó al pueblo de una propiedad que existía en una localidad cercana, que pertenecía a un señor de apellido Grabovsky (el apellido de Teodosia), que no tenía herederos. Se pedía a la persona que tuviera el mismo apellido presentarse a solicitarla antes de pasarla a propiedad del Estado. Así se lo dijeron a don Juan y a su esposa, sin embargo, Teodosia no aceptó pues no recordaba que ningún familiar suyo viviera en esa localidad. Ante la duda prefirió no solicitar algo que tal vez no le correspondiera. La honestidad que le habían inculcado desde niña, prevaleció ante cualquier apetencia personal. A los 80 años, en 1986, falleció don Juan Hrycyk, un vecino ilustre de Castelli. Y en 1991 se le unió su fiel compañera", relató.

Sin lugar a dudas, dentro de esta sencilla historia se entrelazan casi con similitud las historias de cientos de familias que a lo largo de estos 88 años vienen luchando por sus sueños, por crecer, por ver a sus hijos y nietos en el progreso del futuro; pero sin temer a las dificultades que se presenten. Un pasado que nos brinda no solo el contexto para trazar nuestra línea de vida, sino que también nos inspira a aquello que podemos ser. No te rindas Castelli. ¡Felices 88 años de vida!s

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