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Un largo desierto

En diciembre pasado, a pocos días de comenzar su gestión el nuevo gobierno nacional, economistas ubicados a un lado y otro de la línea divisoria que en nuestro país atraviesa casi todos los temas advertían que los efectos de la fuerte devaluación impactarían con dureza en los bolsillos de la gran mayoría de los argentinos. Avisaban también que el duro plan de ajuste obligaría a atravesar un largo desierto que pondría a prueba la fe y la paciencia, incluso de los más devotos del modelo libertario.

Según un sondeo de la Universidad de San Andrés, 51% de los encuestados desaprueba la gestión del presidente de la Nación, Javier Milei, mientras que solo 46% la aprueba. Este panorama se agrava con el hecho de que un porcentaje significativo de la población considera que la situación del país ha empeorado en los últimos meses. Pero eso no es todo. En lo que va de septiembre, el índice de confianza en el gobierno cayó 14,8% respecto de agosto, marcando su nivel más bajo desde que Milei llegó a la Casa Rosada. Este indicador se sitúa en 2,16 puntos sobre una escala de 0 a 5, inferior a las cifras de sus predecesores, Mauricio Macri y Alberto Fernández.

La idea de atravesar el desierto se repite en los textos bíblicos. Se la utilizó, por lo general, para hacer referencia a la experiencia de vivir momentos difíciles con la promesa de llegar a la tierra prometida. Y quienes en este momento más experimentan el desamparo son los casi 25 millones de argentinos que, según los últimos datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec, viven en la pobreza. En el Gran Resistencia, 76,2% de la población transita ahora por ese largo desierto. Para algunos pensadores, las regiones desérticas, donde las condiciones son adversas y escasas, tienden a generar un ambiente de miedo y obediencia, mientras que las áreas pobladas permiten una mayor interacción social y un sentido de comunidad, ya que donde hay más recursos surgen también más oportunidades para la cooperación.

A juzgar por los resultados de las elecciones presidenciales del año pasado, no hay dudas de que una parte importante del electorado exigía un cambio y estaba dispuesta a hacer un sacrificio. Sin embargo, la noción de ese acto de abnegación cambia cuando se lo relaciona con el tiempo que debe durar el esfuerzo. Y si la carga se reparte de manera desigual, entonces es muy probable que el duro desafío de atravesar el desierto no sea lo mismo para los que están en la parte más baja de la pirámide social que para los que se ubican en lugares más cómodos.

Respecto de la duración del esfuerzo, las últimas encuestas realizadas en todo el país en relación con la imagen que la ciudadanía tiene de la administración nacional revelan cierta fatiga de sectores con ingresos que no les permiten llegar a fin de mes. Y ni que hablar de los que cayeron muy por debajo de la línea de pobreza. Un trabajo de investigación realizado en diciembre pasado por un equipo multidisciplinario coordinado por las consultoras Trespuntozero y La Sastrería preguntó (solo entre ciudadanos que estaban de acuerdo con las medidas de ajuste) si los recortes deberían afectar a su bolsillo. El 65,5 % marcó la opción "no, no debería afectar a personas como yo"; mientras que 26,1% de los consultados dijo que "sí, debería afectar a personas como yo". El 8,4% dijo que no sabía qué responder. Es decir, la mayoría de los consultados se mostró de acuerdo con ajustar siempre y cuando el cinturón sea del otro. Tal vez en esa porción de encuestados están los que hoy ya no tienen la misma confianza en la administración libertaria.

El principal activo del gobierno nacional fue y sigue siendo hasta ahora el respaldo de buena parte de la ciudadanía. Pero si, como anuncia el propio Milei, se lleva a cabo "el ajuste más grande de la humanidad", queda por ver cuántos ciudadanos están dispuestos a acompañar ese esfuerzo de dimensiones bíblicas. Y, como se sabe, en las democracias modernas el crédito social es un factor que no se debe subestimar a la hora identificar cuáles son los problemas reales y proponer las soluciones más adecuadas.

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