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Vive hasta 400 años

Secuenciaron el genoma del tiburón de Groenlandia

Científicos cartografiaron un genoma que podría ofrecer pistas sobre longevidad extrema. Identificaron una red de 81 genes que solo tienen estos tiburones y que contribuyen a la reparación del ADN.

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   El tiburón de Groenlandia no es exactamente carismático. Su enorme cuerpo está cubierto por una piel de papel de lija. Sus aletas, atrofiadas, se asientan de manera extraña a lo largo de sus costados. Y sus ojos, perpetuamente nublados, a menudo albergan parásitos similares a gusanos que cuelgan mientras el tiburón deambula lentamente por las profundidades de los océanos Atlántico Norte y Ártico.

   Pero, más allá de las apariencias, la especie tiene una capacidad sorprendente: puede vivir hasta unos 400 años. Ahora, un equipo internacional de científicos de Europa y EEUU ha cartografiado el genoma del tiburón de Groenlandia, lo que ofrece a los científicos la oportunidad de descubrir el secreto de su extraordinaria longevidad.

   "Cualquier investigación sobre los mecanismos que explican cómo este animal puede vivir durante tanto tiempo necesitará en algún momento la secuencia del genoma", dijo Steve Hoffmann, biólogo computacional del Instituto Leibniz sobre el Envejecimiento y la Universidad Friedrich Schiller de Jena, en Alemania, quien dirigió la investigación.

   Los hallazgos, publicados como preimpresión en bioRxiv, brindan un conjunto completo de la composición genética del tiburón. También brindan información inicial sobre los genes específicos y los mecanismos biológicos, incluida una red de genes duplicados involucrados en la reparación del ADN, que pueden ser responsables de la excepcional longevidad del tiburón.

   Los científicos descubrieron que los tiburones de Groenlandia poseían genomas muy grandes: alrededor de 6.500 millones de "pares de bases" de ADN, o bloques de construcción, aproximadamente el doble que en los humanos, y el genoma más grande de cualquier otro tiburón secuenciado hasta la fecha.

   "Nunca hubiéramos imaginado que fuera tan grande", dijo Arne Sahm, bioinformático también del Instituto Leibniz sobre el Envejecimiento y de la Universidad del Ruhr en Bochum, quien fue el autor principal del estudio.

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