Un recurso valioso e irremplazable
La mayor parte de la población mundial vive hoy en países que enfrentan problemas críticos por la falta de agua apta para consumo humano. Según la FAO, en América Latina la disponibilidad de agua por habitante ha disminuido en un 22 por ciento en las últimas dos décadas. En este escenario, la protección del Acuífero Guaraní —que es una de las reservas subterráneas de agua dulce más importantes del planeta— se vuelve una cuestión clave para el futuro de la región.
El Acuífero Guaraní es un valioso reservorio natural que se extiende por debajo de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay y es fundamental para garantizar en un futuro la provisión de agua segura, apta para consumo humano, que es uno de los problemas más críticos de muchos países. En los últimos años hubo un fuerte aumento de la demanda de agua dulce en todo el mundo, debido fundamentalmente al aumento de la población global.
Según la ONU, la demanda de agua apta para consumo humano ya superó el crecimiento demográfico, lo que ha llevado a que más del 50% de la población mundial experimente escasez severa al menos un mes al año. Es que, según algunas estimaciones, mientras que en 1825 la población mundial era de cerca de 1.000 millones de personas, este año se superó la barrera de los 8.200 millones. Pero, además, actualmente las necesidades diarias de agua son cada vez mayores para grandes industrias como las del cemento, el acero, y de la fabricación de silicio —por citar sólo unas pocas— que requieren inmensas cantidades de agua para su elaboración y tratamiento.
A su vez, a escala global se registró un incremento del nivel de vida que se tradujo en un aumento incontrolado y desproporcionado del consumo de agua. Esto hace que la demanda total del líquido elemento ejerza una mayor presión sobre las reservas actuales. Muchas personas creen, erróneamente, que la totalidad del agua que existe en el planeta puede ser empleada para satisfacer la gran demanda de consumo en todos los países. En realidad, el problema radica en que la superficie terrestre está cubierta en sus dos terceras partes por agua, pero el 97 por ciento de ella contiene sal y no es apta para el consumo humano. Es por eso que, en un escenario de escasez creciente, los reservorios de agua dulce adquieren más valor.
Por otra parte, se debe tener en cuenta que este problema se agrava por el cambio climático, que incrementa las temperaturas globales y, por ende, la presión sobre los recursos hídricos. La investigadora y especialista en geopolítica, Elsa Bruzzone, explica en su libro "Las guerras del agua", que el proceso que se debe llevar adelante para quitar la sal al agua del mar es extremadamente costoso como para pensar que la respuesta a la escasez mundial de agua dulce puede estar ahí.
La creciente demanda mundial de agua —observa la autora del citado libro— sólo podrá satisfacerse con el líquido que se obtenga de los acuíferos, los humedales y en última instancia de las regiones polares, donde el vital elemento se encuentra en estado sólido. Pero hay otro problema serio: según las proyecciones de algunos organismos gubernamentales, en los próximos años la demanda de agua apta para el consumo humano será un 56 por ciento superior a la posibilidad de suministro, debido fundamentalmente a la fuerte concentración de la población mundial en zonas urbanas.
Bruzzone plantea que el agua será un nuevo factor de conflicto geopolítico en el siglo XXI, tal como lo fue el petróleo en el siglo precedente. Por todo lo señalado, queda claro que para nuestra región es fundamental lograr una protección integral del Acuífero Guaraní que es considerado el tercero en el mundo por su magnitud. Esta enorme reserva de agua dulce, que comparten Argentina, Paraguay, Brasil y Uruguay, es de vital importancia para América del Sur, por lo que se impone la necesidad dedicar a este asunto un lugar de privilegio en la agenda política de la región.
La sociedad también debe tomar conciencia de la necesidad de no derrochar el agua, y los gobiernos adoptar medidas para que este recurso esté al alcance de todos y de manera especial de los sectores más pobres de la población y de los que residen en las zonas alejadas de los centros urbanos para asegurar que nadie se vea imposibilitado de acceder a sus beneficios.










