La difícil tarea de cambiar de opinión
En los seres humanos, algunas estructuras del sistema nervioso central tienden a rechazar el cambio y prefieren mantener patrones de conducta aprendidos. La comunidad científica cree que esto se debe a que estos sistemas evolucionaron, desde los primeros homínidos hasta nuestros días, para asegurar la supervivencia repitiendo comportamientos exitosos en el pasado.
Alguien podría rebatir este postulado y citar como ejemplo el caso de los diputados nacionales que la semana pasada pasaron, en un breve lapso, de una posición a otra exactamente opuesta para acompañar el veto del Ejecutivo nacional a una nueva fórmula de movilidad jubilatoria. Otro podría señalar que se trata de la excepción que confirma la regla. En todo caso, no deja de ser un digno caso de estudio. De todos modos, lo que la ciencia sabe hasta ahora es que el cerebro humano está diseñado para buscar la coherencia y la estabilidad en las creencias y opiniones. Esta tendencia se debe a que las decisiones y creencias están profundamente enraizadas en redes neuronales que se forman a lo largo del tiempo. Es decir, cuando un individuo se enfrenta a nueva información que contradice estas creencias, el cerebro puede experimentar lo que se denomina "disonancia cognitiva", que es un estado de incomodidad que lleva a rechazar o minimizar la nueva información en lugar de adaptarse a ella.
Los investigadores, gracias a numerosos estudios realizados con tomografías demostraron que cuando lo que está en juego es una fuerte convicción política y se intenta persuadir con evidencia a alguien que piensa distinto, se activa en el cerebro una zona que está preparada para responder ante las amenazas. Científicos del Instituto del Cerebro y la Creatividad de California, Estados Unidos, se tomaron en serio el trabajo de demostrar qué ocurre en el cerebro de una persona cuando otra intenta hacer que cambie de opinión. La investigación tenía por objetivo aportar nuevos conocimientos sobre la toma de decisiones y las emociones humanas. Lo que hallaron fue que en los casos de individuos con fuertes convicciones políticas las tomografías mostraron una mayor actividad cerebral en la amígdala, es decir, el área del cerebro que responde a las amenazas. Una de las investigadoras que participó en el estudio, la neurocientífica Sarah Gimbel, explicó que la respuesta que aparece en el cerebro de la persona con fuertes convicciones políticas (cuando alguien intenta que cambie de opinión) es similar a la que experimenta un individuo que va caminando por un bosque y de repente se encuentra con un oso: el cerebro le ordena al cuerpo que se prepare para defenderse de un ataque inminente. Es decir, el cerebro humano no distingue entre lo que podría definirse como un brusco cambio mental y un daño físico real y activa el mismo mecanismo de defensa para una u otra situación. Por eso, observan los investigadores, no importa la solidez del argumento que otra persona esgrima para hacernos cambiar de opinión, la reacción inmediata será siempre igual. Por otra parte, los mecanismos de defensa, como la negación y la racionalización también juegan un papel en la resistencia al cambio de opinión. Estos mecanismos permiten a las personas protegerse de la ansiedad que puede surgir al enfrentar información que desafía sus creencias. Esto puede llevar a una mayor rigidez en el pensamiento y a la dificultad para aceptar nuevas perspectivas. Algunos fabricantes de aviones tienen muy clara esta cuestión y decidieron eliminar la fila 13 de asientos en sus aeronaves para evitar cualquier incomodidad o ansiedad que los pasajeros puedan sentir al sentarse en un lugar generalmente asociado con la mala suerte. Pero esta práctica se refleja también en otros ámbitos, como en la numeración de pisos en edificios, donde el piso 13 suele ser evitado por razones similares.
En los últimos años, los esfuerzos para comprender mejor el funcionamiento del cerebro y los procesos relacionados con la mente confirman que este órgano complejo, que pesa alrededor de un kilo y medio y contiene diez mil millones de neuronas, esconde muchos secretos relacionados con los pensamientos, las emociones, la imaginación, el lenguaje y el comportamiento. Sepa el lector que esta columna no tiene otra intención que la de aportar un poco de información sobre la dificultad para cambiar de creencias y cómo esta contrariedad está muy relacionada con el funcionamiento del cerebro. Ojalá que esta humilde ayuda sirva para ejercitar la tolerancia y el respeto hacia los que opinan distinto.










