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Doble vara

Una encuesta realizada por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 77 países reveló que cuatro de cada cinco personas quieren que los gobiernos adopten medidas para mitigar los efectos del cambio climático. Sin embargo, los países democráticos del Norte Global optaron por reprimir con dureza la protesta en las calles de los activistas que denuncian la inacción frente a la crisis climática, según advierte un reciente informe de la organización Climate Rights International.

"Los países ricos silencian las protestas contra el cambio climático mientras predican sobre los derechos de los ciudadanos a reclamar en otras latitudes", señala una nota publicada esta semana en el diario británico The Guardian, que da cuenta de la doble vara, con base en el informe de Climate Rights International. Dicho de otro modo, la mayoría de los líderes de los países desarrollados no dudan en criticar a sus pares del Sur Global cuando no respetan los derechos de la ciudadanía; pero si el reclamo llega a las puertas de sus despachos oficiales, la actitud cambia radicalmente.

 Lo que la expresión popular resume en "haz lo que hoy digo pero no lo que hago" refleja una manera de actuar de los países desarrollados que no es nueva. En efecto, existen muchos ejemplos a lo largo de la historia que muestran con claridad cómo las naciones del Norte Global ejercieron presión sobre los países en desarrollo para que adopten políticas e instituciones que hoy se consideran "buenas", a pesar de que esos países ricos no siguieron esas mismas recetas cuando estaban en etapas tempranas de desarrollo.

El economista surcoreano Ha-Joon Chang escribió un libro sobre ese asunto. Se titula "Retirar la Escalera: La Estrategia del Desarrollo en Perspectiva Histórica". En esa obra sostiene que los países actualmente desarrollados alcanzaron su riqueza gracias a políticas proteccionistas y de fuerte intervención estatal, contrario a la narrativa de libre mercado que promueven en la actualidad. En una visita que realizó a nuestro país (en mayo del año pasado también pasó por la ciudad de Resistencia) explicó cómo estos países utilizaron estrategias como la política industrial, comercial y tecnológica para impulsar su desarrollo. Chang observa que al impedir que otros países adopten las estrategias que ellos mismos utilizaron en otro momento de la historia, las naciones desarrolladas están tratando de "retirar la escalera" mediante la cual alcanzaron el desarrollo económico. Es decir, se aseguran de limitar las opciones de políticas para países en vías de desarrollo.

Según el informe de Climate Rights International, en un momento en que la crisis climática exige una acción urgente y decidida, la respuesta de muchos gobiernos democráticos del Norte Global pone en evidencia la creciente represión a los activistas climáticos mediante leyes excesivamente severas, algo que condenarían si eso mismo lo hiciera, por ejemplo, cualquier país de América Latina. La criminalización de la protesta pacífica en países como Australia, Alemania, Francia, los Países Bajos, Nueva Zelanda, Suecia, el Reino Unido y los Estados Unidos se ha vuelto moneda corriente. En el Reino Unido, por ejemplo, se han impuesto sentencias muy duras a manifestantes por actos de protesta no violenta, mientras que en Alemania y Australia se han dictado penas igualmente severas por acciones similares. En Estados Unidos, la pena por delitos por manchar con pintura una estatua también se ha agravado. En ese sentido, el mencionado informe advierte que la represión de los manifestantes que reclaman medidas para detener el cambio climático no solo vulnera derechos fundamentales, sino que también socava el compromiso democrático de los gobiernos de proteger a sus ciudadanos.

El activismo climático que se basa en la desobediencia civil pacífica –dice el documento– ha sido una herramienta clave en movimientos históricos que impulsaron cambios sociales y políticos importantes. Brad Adams, director ejecutivo de Climate Rights International, remarcó que la respuesta a las protestas climáticas no debería ser la criminalización y la represión, sino una atención seria a las demandas urgentes de acción climática. En su opinión, la represión actual no solo silencia a los defensores del clima, sino que también puede ser utilizada por regímenes represivos como una justificación para atacar a los defensores de los derechos humanos y ambientales en todo el mundo. Los gobiernos democráticos deben garantizar la protección del derecho a la protesta pacífica y trabajar en la implementación de medidas que permitan que las manifestaciones de este tipo sean seguras y responsables.

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