Empleos del futuro
Diversas proyecciones que se realizan sobre el mundo laboral estiman que entre 60% y 85% de los trabajos que serán más demandados en el futuro cercano todavía no existen en la actualidad. Y cuando se habla de futuro cercano, se hace referencia a 2030, es decir dentro de muy poco. Este panorama obliga a replantear los alcances de los actuales programas en todos los niveles de formación.
La rápida evolución tecnológica, especialmente en áreas como inteligencia artificial, automatización, Internet de las cosas, big data, entre otras, dará lugar a la aparición de nuevas profesiones que hoy en día son inexistentes. Según los expertos, algunas de las profesiones emergentes que se perfilan como las más demandadas en los próximos años son expertos en inteligencia artificial y aprendizaje automático y especialistas en Internet de las cosas, por citar solo un par de ejemplos. Esto no significa que los trabajos actuales desaparecerán, sino que evolucionarán y se especializarán aún más. El cambio, advierten los estudiosos del fenómeno, es inevitable y las personas deberán adaptarse desarrollando habilidades como resolución de problemas complejos, trabajo en equipo, pensamiento crítico, perseverancia, empatía y un enfoque interdisciplinario que combine conocimientos de múltiples campos. Frente a este nuevo escenario, el sistema educativo -en todos sus niveles- tiene por delante grandes desafíos. Entre ellos, saber cuáles serán los conocimientos y las destrezas que serán más útiles para las nuevas generaciones y cómo enseñar esos saberes a fin de lograr que la mayor cantidad de personas se sumen en forma productiva a un proyecto de desarrollo económico integral para el país. Hace unos años el Foro Económico Mundial dedicó un informe especial a esta problemática. Según ese documento, 65 por ciento de los estudiantes que actualmente cursan sus estudios en la escuela primaria trabajará en puestos que aún no se crearon. Con ese escenario futuro y teniendo en cuenta que la educación es crucial para el desarrollo de un país, el sistema educativo debe replantear sus objetivos en función de las nuevas demandas del mundo laboral. Como se ha señalado ya en otras oportunidades en esta misma columna, es fundamental debatir sobre las transformaciones que necesita el sistema educativo para que pueda brindar la mejor respuesta a un mercado laboral que está en constante cambio. El reto es enorme porque hay que preparar a los estudiantes para profesiones u oficios que todavía no existen, pero que si se observan las áreas de mayor crecimiento en los últimos años de la economía global se pueden tener algunas pistas que ayuden a decidir qué camino tomar. Si se sigue con atención la experiencia de algunos países desarrollados se puede observar que la tecnología y la informática son las áreas que presentan demandas laborales cada vez mayores. La preparación de los nuevos profesionales y técnicos deberá realizarse con contenidos que sean flexibles de modo que se puedan adaptar a las demandas de mercados laborales que están en constante cambio y que evolucionan muy rápido.
Hace varios años se viene hablando de la necesidad de adaptar la educación a un entorno tecnológico en rápida evolución. Los conocimientos adquiridos pueden volverse obsoletos rápidamente, lo que exige un enfoque en el desarrollo de habilidades blandas, como la gestión del tiempo y la resolución de problemas. Estas habilidades son esenciales para que los estudiantes puedan adaptarse a diversos entornos laborales y colaborar en equipos que, con seguridad, serán multidisciplinarios.
El mundo laboral ha llegado hasta aquí apoyado mayormente en la educación tradicional, que se centra en la memorización. Pero eso no es suficiente. Según los expertos en la temática lo que se necesita es un aprendizaje basado en la investigación y la práctica, donde los estudiantes desarrollen la capacidad de buscar información y aplicarla de manera efectiva. Este enfoque también implica la colaboración entre la sociedad y las instituciones educativas para crear programas que respondan tanto a las demandas actuales como a las exigencias futuras.
Por último, debe señalarse que a medida que la tecnología avanza, es fundamental garantizar que todos los estudiantes tengan acceso a las herramientas y recursos necesarios para su aprendizaje. Esto demandará, por supuesto, no solo la infraestructura tecnológica, sino también la capacitación de los docentes en el uso de estas herramientas para mejorar la calidad educativa.










