Bienestar infantil
La falta de políticas públicas eficaces para atender las demandas más básicas de la población tiene un mayor impacto negativo en los niños que en los demás grupos de la sociedad. Así lo advierte el Fondo de Naciones para la Infancia (Unicef) en un informe en el que observa, además, que los chicos son particularmente vulnerables a las crisis y a la falta de medidas adecuadas en áreas como la salud, la educación y la protección social.
Cabe aclarar que el citado documento de Unicef aborda el problema a nivel global, es decir no hace referencia directa a la situación social de nuestro país. Sin embargo, otro informe del mismo organismo internacional que sí analiza el escenario local revela que el 69% de los niñas, niños y adolescentes en la Argentina son pobres. Sus infancias transcurren en hogares cuyos ingresos no alcanzan para cubrir la canasta básica de bienes y servicios. En la gran mayoría de los casos estos chicos (nuestros chicos) no acceden a derechos básicos como la educación.
Y lo grave es que este escenario está muy lejos de ser coyuntural. Según el estudio de Unicef, en los últimos 40 años, la pobreza por ingresos en menores nunca fue menor al 30%. En las conclusiones de este estudio se remarca que para reducir los niveles de pobreza en la infancia resultan fundamentales las políticas de protección de ingresos y que, en caso de no ampliarse las partidas presupuestarias, existe un riesgo de disminución en la cobertura y calidad de prestaciones clave para la garantía de los derechos de niños, niñas y adolescentes en todo el país.
Los datos confirman que cuando no se implementaron políticas efectivas, las consecuencias fueron siempre el aumento de la pobreza infantil, el acceso limitado a servicios de salud y educación, y una mayor exposición a situaciones de abuso y violencia. Y es obvio que esto se traduce en un deterioro en la calidad de vida de los niños, afectando su desarrollo y bienestar a largo plazo. Por lo tanto, es necesario priorizar los derechos de los niños y adoptar medidas concretas para protegerlos, de modo tal que se pueda garantizar su desarrollo integral, ya que su bienestar es fundamental para el futuro del conjunto de la sociedad. Alguien dijo que una sociedad está frente a serios problemas cuando la vida cotidiana de muchos niños no se distingue de la de los adultos, en la medida que tanto unos como otros comparten las mismas estrategias por la supervivencia. No hace falta ser sociólogos para darse cuenta: basta recorrer las zonas menos favorecidas del país para comprobar que los chicos en situación de calle y el trabajo infantil son dos fenómenos que confirman que esos chicos no viven las experiencias propias de la infancia, sino que fueron empujados a vivir una vida adulta temprana. La infancia es mucho más que el período de tiempo en el desarrollo de una persona. Lo que se experimenta durante los primeros años de vida será la base del futuro de cada ser humano. Por eso es importante que se garanticen condiciones de cuidado, bienestar, salud y educación en esta etapa clave de la vida. Es necesario que la ciudadanía tome conciencia y exija a quienes tienen responsabilidades que tomen medidas para revertir esta situación, prestando especial atención a la primera infancia, un período que es clave en la vida de todas las personas. Es necesario trabajar para que los más pequeños reciban el amor y el estímulo de sus familias. Todo lo que se haga para garantizar que se cumplan todos los derechos en esta etapa y asegurar que las familias puedan brindar un entorno de protección adecuado, especialmente en los primeros años de vida siempre será en beneficio de toda la sociedad. Esto implica que la comunidad, en tanto organización social, debe promover el fortalecimiento de los lazos familiares y para eso es necesario también que los padres o adultos a cargo de las niñas y los niños tengan trabajo decente, viviendas dignas y acceso a la educación y la salud.
La atención adecuada a la infancia es esencial para prevenir desigualdades sociales. Invertir en el bienestar de los niños, especialmente en su educación y salud, ayuda a romper el ciclo de pobreza. Esto es fundamental, ya que los niños que reciben una atención integral desde temprana edad tienen más oportunidades de alcanzar su potencial y contribuir en forma positiva a la sociedad.










