Alerta fentanilo
Un hombre de 27 años, de nacionalidad mexicana, fue detenido el martes pasado en el aeropuerto Silvio Pettirossi de Asunción, Paraguay, cuando intentaba ingresar al vecino país con sustancias ilegales. Tras los controles de rigor, las autoridades detectaron que el pasajero llevaba en su equipaje botellas de tequila y frascos de champú que dieron positivo a las pruebas de fentanilo. El hecho debe encender las alarmas en la región, ante la posibilidad de que se trate de una nueva ruta de ingreso de este poderoso opioide sintético que tiene efectos devastadores en los adictos.
A la detención del ciudadano mexicano en el aeropuerto Pettirossi se suma el también reciente secuestro de la misma sustancia en Santiago, Chile, en lo que -según las autoridades policiales del país trasandino- es la mayor incautación de ese opioide en territorio chileno: 985 ampollas transportadas y ocultas en un camión con carnes de exportación proveniente de Paraguay. Pero eso no es todo, en enero pasado se hallaron varias ampollas de fentanilo durante un allanamiento realizado en Villa Fraga, un asentamiento ubicado en el barrio porteño de Chacarita. ¿La aparición de este opioide sintético en Argentina, Chile y Paraguay responde a hechos aislados o es una muestra de la existencia de nuevas rutas exploradas por las organizaciones criminales? Más allá de cuál sea la respuesta que mejor responda al interrogante, lo cierto es que el fentanilo en otras partes del mundo se ha convertido en una de las drogas más peligrosas debido a su alta potencia y el riesgo de sobredosis. Se trata de una sustancia que es entre 50 y 100 veces más potente que la morfina, lo que significa que incluso si es consumida en cantidades muy pequeñas pueden ser letales. Esto lo convierte en un opioide de acción rápida que puede causar una depresión respiratoria severa, llevando a la muerte en minutos si se consume en exceso.
Según los investigadores, gran parte del fentanilo disponible en los mercados de Estados Unidos y Europa se genera en laboratorios clandestinos y se mezcla con otras drogas ilegales como heroína, cocaína y metanfetaminas. Esta adulteración es peligrosa porque muchos consumidores no son conscientes de que están ingiriendo fentanilo, lo que aumenta el riesgo de sobredosis. Los que, de una manera u otra, acceden al consumo suelen experimentar sedación extrema, confusión y una gran adicción. Esto último se debe a que la tolerancia se desarrolla rápidamente, lo que lleva a las personas a consumir dosis cada vez mayores, aumentando el riesgo de sobredosis. Por otra parte, el fentanilo es relativamente barato de producir, lo que lo hace más atractivo para los traficantes de drogas. El consumo de la sustancia genera, en pocos minutos, un estado de somnolencia y además reduce la capacidad de caminar y hablar. Por eso se la conoce también como la "droga zombi".
La palabra "zombi" proviene del africano occidental y traducido al castellano significa "muerto que camina". El término se popularizó a través de las películas producidas en Hollywood que reflejaban las leyendas haitianas asociadas al vudú. Pero en los últimos años salieron a la luz videos grabados en Estados Unidos, más precisamente en las ciudades de Filadelfia y San Diego, donde se ven personas bajo los graves efectos de esta peligrosa droga, que es la responsable de que la esperanza de vida de los estadounidenses haya caído en el nivel más bajo de las últimas décadas.
En nuestro país, la Dirección General de Aduanas habilitó, en octubre del año pasado, un registro de importación y exportación de la sustancia para uso medicinal, con controles más rigurosos en el ingreso y egreso de la misma. Es que esta droga sintética se usa con frecuencia en intervenciones quirúrgicas y también se emplea en el caso de pacientes que padecen dolores que no pueden ser tratados con otros fármacos. Según la Aduana, con la entrada en vigor de la nueva regulación, el importador o exportador deberá presentar una declaración jurada de la operación a realizar con esa sustancia.
Ante este nuevo cuadro de situación, es necesario aumentar la vigilancia en puertos, aeropuertos y fronteras para detectar envíos ilegales de fentanilo y, al mismo tiempo, fortalecer el trabajo conjunto entre los países de la región para combatir el tráfico y consumo de esta peligrosa sustancia.
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