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Alcohol al volante

Conducir bajo los efectos del alcohol es extremadamente peligroso, tanto para la persona que conduce el vehículo, como para sus acompañantes y, por supuesto, también para aquellas que se cruzan en su camino. Esto es así porque además de reducir el campo visual, dificultando la visibilidad, el consumo de bebidas alcohólicas afecta la zona del cerebro utilizada para el juicio, generando una falsa sensación de seguridad y confianza, lo que lleva a tomar riesgos injustificados.

Días atrás, en Charata, un siniestro vial ocurrido en una esquina céntrica de esa ciudad volvió a generar preocupación sobre este tipo de incidentes. Es la tercera vez que ocurre algo similar en ese mismo lugar y que tiene como protagonistas a personas que, estando al frente de un volante, dieron positivo en el control de alcoholemia. El mes pasado, en un solo fin de semana la policía Caminera registró a 31 conductores alcoholizados en controles que se realizaron en distintos puntos de la provincia. Si bien es cierto que este tipo de conductas irresponsables por parte de algunos conductores no siempre deja como saldo una víctima fatal, está demostrado que el alcohol deteriora funciones esenciales para conducir de manera segura, como la visión, el tiempo de reacción, el juicio y la coordinación. Por eso se insiste en la necesidad de generar conciencia sobre la importancia de no manejar vehículos cuando se bebe alcohol, ya que quienes ignoran esta exigencia aumentan exponencialmente el riesgo de sufrir un accidente grave o mortal. Pero, tal vez, sea necesario reiterar lo que sucede cuando se una persona conduce un vehículo y sale a la calle o a la ruta bajo los efectos del alcohol: además de reducir el campo visual, como se dijo, el consumo de ese tipo de bebidas prolonga el tiempo de reacción del conductor, lo que aumenta en forma significativa la distancia de frenado. También altera la percepción sensorial, incluyendo la vista y el oído y produce movimientos más lentos y reducción de la coordinación.

Distintas investigaciones que se realizaron en el campo de la seguridad vial revelaron que los conductores que bebieron alcohol por lo general padecen el llamado "efecto engaño", que es un fenómeno muy peligroso al volante, ya que induce a los conductores a subestimar su estado de intoxicación y sobreestimar sus habilidades para manejar. Según los investigadores, a medida que una persona consume alcohol, experimenta una sensación de euforia y confianza. Esto puede llevar a una percepción errónea de que están en condiciones óptimas para conducir, incluso cuando su capacidad real se ha visto comprometida. En estos casos (aunque suene contradictorio) el conductor tiende a pensar que cuanto más bebe, mejor será su capacidad de conducción, lo que –por supuesto– es una noción completamente equivocada. Incluso niveles bajos de alcohol en sangre pueden afectar la coordinación y el juicio, y a medida que la concentración de alcohol aumenta, el riesgo de accidentes mortales se multiplica. Por lo general, los conductores que parecen sobrios son los más peligrosos, ya que no presentan síntomas evidentes de intoxicación, pero están bajo el "efecto engaño" que les hace creer que pueden hacerse cargo del vehículo sin problemas y conducir con suficiente seguridad.

Hoy se sabe que el factor humano está presente en más del 90 por ciento de los siniestros viales. Debe tenerse en cuenta, por otra parte, que en nuestro país la siniestralidad vial es la primera causa de muerte en menores de 35 años y el consumo de bebidas alcohólicas está presente en al menos uno de cada cuatro siniestros que ocurren en todo el territorio nacional.

Según la Organización Panamericana de la Salud, las pruebas aleatorias de alcoholemia y los puestos de inspección instalados para controlar las tasas de consumo de alcohol en algunas ciudades de la región son mecanismos que demostraron servir para lograr reducciones significativas en los siniestros de tránsito relacionados con el alcohol. Todo indica que no son pocos los conductores que no alcanzan a comprender el verdadero riesgo que representa para su propia vida y la de los otros manejar después de beber alcohol. La prevención es la clave. Es necesario que, además de educar, se realicen controles de alcoholemia en forma regular, para que aquellos que no respeten la ley reciban una sanción que desaliente conductas que ponen en peligro muchas vidas.

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