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CARTAS DE LECTORES

Hoy cumple 60 años ejerciendo la pediatría el doctor Ricardo "Chiche" Ivancovich

Señor director de NORTE:

Mi viejo, el  doctor Ricardo Ivancovich, nació el 16 de marzo de 1939. Fue criado en una familia de docentes, comenzó sus estudios en la Escuela de Medicina de Corrientes a los 16 años, los que se vieron interrumpidos debido a que fue llamado cumplir con el servicio militar obligatorio en el Ejército Argentino, en la Provincia de Córdoba.

El destino quizás lo cambió de ciudad pero no de vocación, ya que al finalizar el servicio militar se inscribió en la Facultad de Medicina de Córdoba,  de la cual egresó el 11 de agosto de 1964, cuando comenzó su carrera de pediatra en el Hospital de Niños de esa ciudad, donde además conoció a quien sería su esposa ( y mi madre) María.

Al volver a Resistencia, hizo carrera en el Hospital para la Madre y el Niño de Resistencia, donde accedió por concurso, ocupando el cargo de médico de Guardia, de sala, en consultorio externo, y finalmente como director, inaugurando la Sala de Prematuros (actualmente Neonatología).

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Ricardo "Chiche" Ivancovich, reconocido médico pediatra. Egresó de la carrera el 11 de agosto de 1964, y comenzó a trabajar en el Hospital de Niños de Córdoba. Hoy cumple sesenta años de ejercicio profesional.

Fue director de Salud de la Provincia, y estuvo a cargo de la dirección del Hospital Pediátrico "Dr. Avelino Castelan". Posteriormente montaría un consultorio en su domicilio donde atiende hasta el día de hoy, no sin dejar de visitar a sus pacientes en el sanatorio que se encuentren.

También fue profesor universitario en la UNNE, presidente del Club de Leones y realizó tareas como ministro de la Eucaristía en la Parroquia María Auxiliadora de Resistencia, por lo que puedo decir que se nutrió la universidad pública, y devolvió a la comunidad todo lo aprendido, lo que para mí es esencial en esta ecuación, porque dejó un legado a sus hijos muy dificil de superar, pero del que estamos más que orgullosos.

Hace diez años recuerdo haberlo escuchado decir que sus consultas médicas hospitalarias ascendían a un total de 350.000, hoy ese número seguro ha quedado atrás, ya que me es difícil pensar en algún niño que no haya sido atendido alguna vez en los consultorios de calle Monteagudo.

Para el que tuvo el gusto de conocerlo, un hombre de palabras medidas y gustos sencillos, alegre en la confianza, de amor y paciencia incondicional con sus pacientes. Los que nos criamos bajo su techo fuimos testigos de las horas eternas que como médico entregaba a la profesión, con exigencias que no entendían horarios ni feriados.

Un verdadero old school de la medicina, que supo crecer de abajo para convertirse en un pilar de la comunidad que formaba parte, a la que entregó todo lo que pudo en diferentes ámbitos, para luego —a medida que transcurrían los años— irse desprendiendo del peso de las actividades que ya no podía afrontar, conservando únicamente la que mantiene hasta la fecha: la pediatría.

Hoy cumple sesenta años ejerciendo la pediatría, tarea que gracias a Dios sigue cumpliendo con todo el empeño que le es posible a los 85 años de edad, y el acompañamiento incondicional de su esposa, con quien supieron transmitirme —sin nombrarlos— los valores que trato muchas veces sin éxito mantener como mi norte: estudiar, trabajar por la comunidad y tratar a las personas como te gustarian que te traten. 

Si bien ya postergó en repetidas oportunidades el cese de la actividad con intenciones de dedicarse plenamente a la escritura, personalmente espero que ello nunca ocurra, ya que su vocación lo apasiona y es el combustible de su corazón, por lo que no me cabe dudas de que continuará ejerciéndola mientras su cuerpo lo acompañe.

Qué buen camino hiciste, viejo, de colores.

MIRKO IVANCOVICH

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