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Arte para la inclusión

En sintonía con lo que se lleva a cabo en otros destacados espacios con expresiones artísticas del mundo, también en esta última edición de la Bienal del Chaco se trabajó para facilitar la inclusión de las personas con discapacidad que asistieron al encuentro. De ese modo se eliminaron barreras para que los contenidos, accesos y experiencias puedan ser disfrutados por todos.

La Red de Accesibilidad Cultural impulsada por el Centro Cultural Alternativo (Cecual), en colaboración con la Fundación Urunday viene trabajando desde hace varios años para organizar y ofrecer, dentro del predio de la Bienal,  recorridos táctiles para personas ciegas y sordas; piezas accesibles de comunicación; un espacio para brindar informes a personas con discapacidad; espectáculos artísticos; capacitaciones sobre los distintos aspectos que hacen a la inclusión; programas en braille y con códigos QR; planos hápticos; y adecuaciones edilicias e intérpretes en lengua de señas en diferentes momentos de la Bienal. También el Instituto Provincial para la Inclusión de las Personas con Discapacidad se sumó con distintas actividades pensadas para este sector de la población.

Como se dijo, también en otros países surgieron iniciativas para que la experiencia artística sea más inclusiva. En España, por ejemplo, en enero de 2015 el Museo del Prado inauguró "Hoy toca el Prado", su primera exposición accesible para personas ciegas, que contó con la valiosa ayuda de una sofisticada técnica de interpretación y reproducción de imágenes, bautizada "Didú", que permite transformar una imagen digital en una imagen que se puede tocar y que tiene sentido no sólo para la vista sino también para el tacto. El desarrollo de esta técnica demandó la colaboración de artistas gráficos, diseñadores, técnicos y personas ciegas, quienes aportaron su experiencia y conocimientos para asegurar que las reproducciones sean fieles y comprensibles. Al año siguiente, en 2016, el Museo Anteros en Bolonia, Italia, habilitó una muestra de 40 piezas elaboradas especialmente para personas con discapacidad visual. Estas piezas eran, en rigor, reproducciones en relieve de obras de arte pictóricas antiguas y modernas, diseñadas para permitir a las personas ciegas o con baja visión experimentar y comprender las obras a través del tacto. Por otra parte, cada sección del museo, además de las famosas reproducciones, conservó relieves táctiles identificables con ayudas educativas para la comprensión de las categorías estilísticas que indican los métodos de representación expresados en las diferentes épocas y períodos. Otros museos como el Louvre, el Museo Británico y el Museo Tiflológico en Madrid también han implementado iniciativas de inclusión, a través de la adaptación de espacios y obras para facilitar el acceso, como la instalación de rampas, señalética en braille, audioguías y maquetas táctiles que facilitan el recorrido de las exposiciones por parte de las personas con discapacidad.

Se puede decir que, afortunadamente, los espacios culturales han experimentado una transformación notable hacia la inclusión, especialmente en lo que respecta al acceso y disfrute del arte por parte de personas con discapacidad. Este movimiento hacia el "arte inclusivo" representa un gran avance que enriquece la experiencia artística para todos los visitantes. Merecen destacarse también aquellas medidas que eliminan barreras en el acceso a las instalaciones, como las rampas que facilitan el acceso a personas en sillas de ruedas. Pero más allá de lo físico y lo tecnológico, el arte inclusivo también abarca la programación y las exhibiciones mismas. Muchos espacios convocan a artistas con discapacidad para exhibir su trabajo y promover su visibilidad dentro de la comunidad artística. Esto no solo diversifica las perspectivas y temas representados en las galerías, sino que también desafía las percepciones convencionales sobre qué constituye el arte válido y significativo. Es necesario reconocer que el arte inclusivo no se trata solo de cumplir con cuotas o requisitos legales, sino de fomentar un ambiente culturalmente enriquecido y accesible para todos. Cuando los espacios culturales adoptan estas medidas, están no solo cumpliendo con un deber ético y moral, sino también enriqueciendo la experiencia artística de toda la comunidad.

Es esencial que este impulso hacia la inclusión continúe creciendo y evolucionando. Los beneficios son múltiples: desde una mayor participación de la comunidad, hasta una comprensión más profunda y empática de las experiencias humanas diversas que el arte puede capturar y transmitir.

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